Cómo se crea la ultraderecha argentina






La figura de Milei fue construida en horario televisivo “prime time” y su finalidad última fue crear un extremo payasesco y cargado de datos improbables y macaneros.


El 19 de febrero del 2021 escribimos “Violencia Política en la Argentina actual” y, 9 meses después, pretendemos ampliar aquellos conceptos y evaluar qué fue de ellos. La violencia política viene creciendo sostenidamente en los últimos meses, la verbal y la mediática es una realidad diaria, pero preocupa la violencia física que irrumpe a través de sucesivos actos muy delicados.

La figura de “ los libertarios “ a través de Javier Milei (desde hace más de 20 años intento excluir la personalización en esta columna pero no me resulta posible en esta oportunidad), ha tenido una construcción sistemática en los medios de comunicación (las redes sociales son un apoyo indudable en la propagación de esas propuestas) “creando un personaje” desbocado y cargado de odio.

Como afirmamos, la crisis del capitalismo de Occidente en los últimos años ha hecho desaparecer el sueño de acenso social. Las clases medias disminuyen sostenidamente y se empobrecen ante una aluvión de concentración de la riqueza. Se trata no de un dato, sino de información extendida y fácilmente comprobable. En los EE.UU. el 9% de los norteamericanos controlan el 97% de la renta (informe de la FED).

En 2019 la OCDE advertía en un trabajo titulado: “Bajo presión: la clase media exprimida”, que en los 36 países más desarrollados del mundo analizados, el estancamiento de los salarios ha debilitado severamente a esa clase social, y los grupos con ganancias más altas continúan concentrando la riqueza. En la Argentina ese proceso se repite. Esto es grave porque desde hace más un siglo fue un país de oportunidades y el ascenso social nota distintiva que atrajo inmigrantes de todo el mundo. Pero a partir de 1975 (“Rodrigazo”) y con el advenimiento de la dictadura militar se introduce la financiarización de la economía.

La libre compra de moneda extranjera y la libertad para sacarla del país requería disponer constantemente de dólares, que durante casi 30 de esos años se resolvió con endeudamiento externo y luego… a pagar los dólares fugados a través de bajo o nulo crecimiento. Ello, unido a otras causas de retroceso, no tan dramáticas por cierto. Hoy el peronismo enfrenta un dilema único en su historia: no poder contener ese proceso de deterioro social y empobrecimiento.

Frente a este cuadro mundial, irrumpen los movimientos de ultraderecha en distintos países de Occidente, imputando al Estado como el gran depredador del bienestar y la libertad de mercado (La consultora McKinsey Co de los EE.UU. acaba de anunciar que un país estatista como China es más rico que los EE.UU. y responsable del 50% del crecimiento Mundial en 20 años). En la Argentina “la construcción del sentido” ha optado por cuestionar todo e imputar “a la casta política” los males que nos aquejan, cuando la historia demuestra que después de la política viene el fascismo, el no debate, la restricción de derechos.

En eso estamos: “ vacunas que envenenan”, “seremos Venezuela”, “queremos libertad” (en un país donde las reglas poco se respetan y la mayoría cuestiona y hace todo), “dinamitar el Banco Central”, “los zurdos nos tienen miedo”. Esos son los eslóganes del líder libertario y de algunos personajes de la oposición política. Milei es un referente de la fundación Acordar, que integra la red “Atlas para una sociedad libre” (Atlas Network), una ONG financiada por el Departamento de Estado de los EE.UU. para promover su más dura agenda ideológica.

Los libertarios, bajo un enfoque extremo, discriminan las diferencias de género, se destruye un local partidario (el 27/10 en La Plata un local del FIT), arrancan y martillan figuras de las Madres de Plaza de Mayo mostrándolo por internet, o pintan cruces nazis en una dependencia pública (Neuquén el 17/11 en el Ministerio de Desarrollo social). La figura del personaje Milei fue construida en horario televisivo “prime time” y su finalidad última fue crear un extremo payasesco y cargado de datos improbables y macaneros, pero con un discurso seguro y aparentemente ético, buscando que una porción de los argentinos encuentre una figura fuerte que enfrente a la “casta política de los políticos chorros”y deje ser “libre al prójimo en su proyecto personal” .

El populismo es la fuente de todos los males a través de un Estado que nos asfixia (hay por cierto cambios indudables e imprescindibles que abordar) y esa prédica es un germen para instalar el discurso que verdaderamente importa, aunque quien los fomenta sea una persona desequilibrada que nunca llegara a poner en práctica semejante delirio.

Pero algunas de sus ideas penetra y debilitan a quien en realidad interesa debilitar. Sin embargo, existe un camino intermedio donde parte de ese discurso puede acoplarse bajo un movimiento político más moderado que incorpore algunas de sus ideas. Así, el discurso del odio expresado por una transitoria ultraderecha argentina ha sido construido (incorporando muchos jóvenes desencantados y creídos de una revolución liberal imaginaria manipulada por sus victimarios) y es peligrosa la simbología nazi que la rodea.

Como negocio, la pyme electoral está construida (como adelantamos en aquella nota de febrero del 2021) y la negociación con sectores de la oposición está en marcha: nunca nos enteraremos del precio, sí de las consecuencias.

* Abogado. Docente de la Facultad de Economía de la UNCo


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