Con la muerte de Mutis, Gabo pierde a otro de sus grandes amigos
El escritor y poeta colombiano, Premio Cervantes 2001, falleció a los 90 años en la ciudad de México -donde vivía desde 1956- tras permanecer internado en la última semana con motivo de una larga enfermedad. Mutis, considerado uno de los mejores poetas y narradores de su generación y como un excepcional exponente del “realismo mágico”, creó una extensa obra caracterizada por la exuberancia, la torrencialidad, la vegetación sensual y feraz.
LITERATURA
Primero murió Carlos Fuentes el año pasado. Ahora se le ha ido Álvaro Mutis: Gabriel García Márquez va perdiendo a los grandes amigos con los que compartió décadas de complicidad, libros y copas en su segundo hogar, Ciudad de México.
A los 86 años, el autor de “Cien años de soledad”, con la salud mermada por el paso de los años, ya casi no aparece en público, pero Mutis, que murió el domingo a los 90 por un problema cardiorrespiratorio, contaba que ambos se reunían seguido.
“Gabo está en su casa recogido y tranquilo. No va a haber nada. Nosotros nos vemos con toda frecuencia”, dijo el año pasado el poeta y narrador, ganador del premio Cervantes en 2001, a Radio Caracol, cuando Gabo cumplió los 85 y festejaron con un pastel de mariposas amarillas.
Mutis y Gabo se conocieron en 1949 en Cartagena por medio de Gonzalo Mallarino, compañero de facultad de García Márquez. El destino llevó, años después, a los dos escritores colombianos a México.
El autor de “Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero” llegó en 1956, perseguido por malversación de fondos en la petrolera Esso para la que trabajaba, dinero que él dijo haber dilapidado con amigos y que lo llevó 15 meses a la cárcel en México. Gabo llegó en tren en 1961, desde Estados Unidos.
Según decían, habían hecho un pacto de silencio para no hablar uno del otro. Pero lo cumplieron a medias.
Gabo retrató a Mutis como “el hombre más simpático del mundo” en un homenaje por sus 70 años, con el texto “Mi amigo Mutis”. Y éste a su vez habló de la amistad mutua en “Lo que sé de Gabriel”, publicado en 2007 en la edición de “Cien años de soledad” conmemorativa de los 80 años de García Márquez y los 40 del libro.
Cuenta Gabo de Mutis que “por dondequiera que pasaba iba dejando el rastro inolvidable de sus exageraciones frenéticas, de sus comilonas suicidas, de sus exabruptos geniales”.
También recuerda un día en que Mutis se hizo pasar por mendigo en París con los ojos en blanco y la mano estirada, y que un caballero le dijo: “Es un descaro pedir limosna con semejante suéter de cachemir”, pero igual le dio un franco.
O cuando, después de escuchar entusiasmado los avances de “Cien años de soledad” y contarlos por todas partes en versión corregida y aumentada, al leer el borrador le reprochó: “Usted me ha hecho quedar como un perro con mis amigos. Esta vaina no tiene nada que ver con lo que me había contado”.
García Márquez lo describió como el primer lector de sus originales, viajero incansable, amante de la música de Mendelssohn, hombre de cejas de turco, de cuerpo enorme y zapatos minúsculos que tenía “un abismo insondable que se abre en el centro de su vasta cultura: su insensibilidad para el bolero”.
Tanto Mutis como Carlos Fuentes estuvieron con García Márquez para celebrar la noticia del Premio Nobel de Literatura en 1982, que el autor de “El amor en los tiempos del cólera” recibió en su casa de Ciudad de México.
Para Mutis, García Márquez era un amigo sin igual, que cultivaba la amistad con “amoroso rigor”.
“Hemos compartido juntos, Gabriel y yo, muchas horas de felicidad desbordada y no pocas de incertidumbre y estrechez. Hemos viajado por tres continentes, hemos compartido libros, músicas y amigos. Todo lo vivido con él ha sido para mí como un premio extraordinario en el oscuro azar de los días”, relató en su texto.
Cuando murió Fuentes, el 15 de mayo de 2012 a los 83 años, su fallecimiento, causado por una hemorragia interna, tomó a todos por sorpresa. Gabo no estuvo en el funeral.
Para entonces se hablaba de la salud debilitada de García Márquez y sus problemas de memoria. Pero Fuentes se le adelantó. Mutis ha tomado ahora el mismo camino. (DPA)