Condenaron el 90% de los casos de abuso sexual
Muchos se cometen en el ámbito familiar.
Más del 90% de los casos de abuso sexual que se juzgaron en Cipolletti terminaron con condenas. Las estadísticas confirman que la mayoría de los sometimientos se cometen en el ámbito privado e incluso, un alto porcentaje, en el entorno familiar. En los últimos siete años, el Poder Judicial llevó a juicio 94 causas y dictó solo seis absoluciones. La pena más alta fue de 25 años para un padre que ultrajó a sus tres hijas menores de edad y las redujo a una situación de servidumbre.
Las denuncias por violaciones en las ciudades del Alto Valle Oeste son noticia frecuente. Y las estadísticas no contradicen lo que las víctimas aseguran ante la Policía o en los organismos judiciales. La Cuarta Circunscripción del Poder Judicial, que comprende desde Catriel a Fernández Oro, elevó a juicio más de 100 casos. La mayoría se realizaron y otros todavía están pendientes en las agendas de las cámaras criminales. Los especialistas en este tipo de delitos hablan de una sociedad “hipersensibilizada” al abuso sexual; es por eso que en esta zona se denuncian tanto.
En los últimos siete años, los jueces participaron de 94 debates por casos de abuso sexual y 88 terminaron con condenas. Hubo seis absoluciones por falta de pruebas o porque, en casación, el Superior Tribunal de Justicia (STJ) revocó las sentencias.
La Cámara Criminal Primera juzgó a 38 imputados y dictó condenas altas, como el caso del domador de caballos Mario Pino Vinet, que fue sentenciado a 13 años de prisión por el rapto, violaciones continuadas, lesiones, privación ilegitima de la libertad e inducción a la fuga de una menor de 14 años, quien en 2004 fue rescatada de un puesto rural luego de permanecer más de un mes a merced del violento sujeto.
El chacarero de Cinco Esquinas que abusó de su hija desde los ocho años hasta la adolescencia también fue condenado a 15 años de cárcel por la misma cámara. El hombre la sometió a tocamientos, a actos masturbatorios y finalmente cuando la menor cumplió 14 años comenzó a llevarla a un motel de la Ruta 151, donde la violaba una o dos veces por semana. El imputado murió en 2011, detenido en el penal de Viedma.
La misma cámara juzgó otros casos trascendentes como el del instructor de taekwondo Rubén Figueroa, que fue condenado en dos oportunidades por abusos cometidos contra sus alumnas. “Querido diario el día 23-07-07 tuve mi primer torneo de taekwondo y quedé en segundo lugar y me gané dos medallas pero descubrí que el profesor estaba abusando de mí pero tengo miedo”, escribió una de las víctimas de Figueroa.
Cristian Roa, un coordinador de la colonia de verano de Fernández Oro, también fue sentenciado a seis años de cárcel por un abuso que ocurrió en el 2009, cuando él se ofreció a llevar a la niña a su casa de Cipolletti.
Alejandro Duarte, un albañil de Cinco Saltos, fue juzgado cuatro veces por los camaristas cipoleños. El Poder Judicial unificó las condenas en 11 años y un mes de cárcel.
En marzo de 2012, la Cámara Primera le impuso ocho años de prisión a Ramón Pérez, un joven de Catriel que se “aprovechó de la inmadurez sexual de un niño de 7 años” y lo accedió carnalmente en un baldío. Fue un caso que movilizó a la comunidad catrielense.
La Cámara Segunda, que se creó en 2006, también intervino en resonantes casos de Catriel. Como el de Martín Mieres, el hombre de 64 años que fue condenado a seis años de prisión por el abuso sexual gravemente ultrajante de dos niñas de cuatro y ocho años. Ese mismo tribunal fue el primero en dictar la condena de diez años que recayó sobre el ginecólogo Carlos Anzaldo, sentenciado después por otros dos casos de abuso cometidos contra sus pacientes y alumnas del secundario.
El docente de Cinco Saltos Ángel Brizuela también fue juzgado por las denuncias de manoseos que radicaron los padres de dos nenas de ocho años que eran sus alumnas de tercer grado. La misma cámara fue la encargada de juzgar al comerciante Pedro Fadelli que fue acusado del delito de exhibiciones obscenas, aunque el caso encuadra en lo que se conoce como “grooming”, que es el abuso sexual cometido a través de Internet y que aún no está tipificado como delito en el Código Penal.
La Cámara Segunda además intervino en dos casos de maltrato infantil seguido de abuso sexual. En julio de 2007, los jueces condenaron a 14 y 2 años de prisión al padre y a la madre de una niña de dos años que fue sometida en reiteradas oportunidades.
Como consecuencia de los abusos la nena sufrió un paro cardiorrespiratorio y terminó con un cuadro médico irreversible, con lesiones cerebrales.
En el 2012, los mismos magistrados condenaron a diez años de prisión a Walter Clavijo, que llegó a juicio acusado junto a su expareja y madre de la víctima. En medio de episodios de violencia familiar, Clavijo y su concubina le ocasionaron a la niña lesiones en varias partes del cuerpo, tales como hematomas, equimosis, ecoriaciones y quemaduras.
En otra oportunidad, el hombre obligó a la niña a mantener relaciones sexuales bajo amenazas de golpes.
Las estadísticas del Poder Judicial, al menos en Cipolletti, confirman dos premisas: que los niños no mienten y que la mayoría de las violaciones se producen en el ámbito privado. “El 90% de los abusos sexuales son intrafamiliares”, sostuvo de manera categórica uno de los camaristas. En los delitos contra la integridad sexual no se aplican ni criterios de oportunidad ni el instituto de la suspensión de juicio a prueba.
Las dos cámaras criminales de Cipolletti están integradas por Alejandra Berenguer, Álvaro Meynet, César Gutiérrez Elcarás, Pablo Repetto y Guillermo Baquero Lazcano. Los fiscales son Ricardo Maggi y Alejandro Silva.
JUAN CRUZ GARCÍA
garciajcruz@rionegro.com.ar
Más del 90% de los casos de abuso sexual que se juzgaron en Cipolletti terminaron con condenas. Las estadísticas confirman que la mayoría de los sometimientos se cometen en el ámbito privado e incluso, un alto porcentaje, en el entorno familiar. En los últimos siete años, el Poder Judicial llevó a juicio 94 causas y dictó solo seis absoluciones. La pena más alta fue de 25 años para un padre que ultrajó a sus tres hijas menores de edad y las redujo a una situación de servidumbre.
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