Confluencias en el MNBA Neuquén: cuando las obras hablan

Por Oscar Smoljan Director Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén

Redacción

Por Redacción

APUNTES DE LA CULTURA

Tras la multitudinaria inauguración de esta primera edición de Neuquén Contemporáneo “Confluencias”, un hecho verdaderamente inédito de participación cultural ciudadana en la ciudad, corresponde ahora detenerse en las obras y sus creadores a partir de sus propias reseñas que ellos hacen de sus obras y que iremos desglosando en estas columnas.

Tras un año de trabajo intenso en la curaduría de esta muestra, a cargo de Matilde Marín y Ana María Battistozzi, más de cuarenta obras fueron seleccionadas y expuestas en diversos circuitos de exhibición de nuestra ciudad, como el Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén, la Sala de Arte Emilio Saraco o las bodegas de San Patricio del Chañar, entre otras.

Comenzando por el MNBA Neuquén, al poco de ingresar en su sala nos encontramos con una obra de Amalia Pica: Disculpe la metáfora (retorno), un mural fotográfico de gran tamaño que la muestra a ella de espaldas con un megáfono en la mano, parada en medio de un típico paisaje de esta zona de la Patagonia.

Amalia Pica nació en Neuquén en 1978 y es probablemente la artista plástica de esta región con mayor presencia internacional. Viene de exponer individualmente en Chicago (EEUU) y en Lisboa (Portugal), además de haber pasado por la Bienal de Venecia y otras capitales del arte mundial. Sus obras son conocidas en Europa y Estados Unidos y la prensa especializada ya empieza a dedicarle artículos elogiando sus trabajos.

La serie Disculpe la metáfora, según la autora, intenta explorar la dimensión romántica del deseo de participación cívica. En particular, este mural la muestra de pie en su propio paisaje natal que sugiere las bardas y el río y la aclaración retorno entre paréntesis alude a un eventual regreso a través de sus obras.

Precisamente, el próximo mes de diciembre, como colofón del calendario 2013, el MNBA Neuquén tiene el orgullo de recibir la primera muestra de esta talentosa artista en Argentina.

A poco de andar por la sala nos encontramos con una obra de otro talento neuquino, cuyas obras trazan un trayecto en el tiempo que le ha valido el lugar que ocupa en el arte local: Juan César Giaginto, quien presenta una instalación titulada Viví tu libertad.

En esta obra, Giaginto apunta al fenómeno urbano cultural de los barrios cerrados, los countries, un hecho relativamente nuevo en nuestra región. Y lo hace a partir de composiciones fotográficas de imágenes diversas e incluso contrapuestas entre sí.

En ellas, el artista, que es arquitecto además, busca una analogía entre esos vecindarios privados y la confluencia de personas de disímiles identidades, procedencias, intereses y actividades, conformando una micro comunidad controlada, aislada y marginada del resto de la ciudad y sus habitantes.

Junto a la obra de Giaginto, cientos de insectos vuelan y trepan por los blancos paneles en búsqueda de la luz. Es la instalación presentada por María Carolina Arias titulada Partida.

Por un lado cientos de multicolores mariposas de papel, enhebradas en hilos casi invisibles, vuelan creando para el visitante un efecto impactante, mientras que por los paneles otros cientos de escarabajos, abejas, abejorros, moscas y otros insectos –reales- pintados a mano uno por uno, caminan en procesión a la fuente de luz y, como egipcios, se preparan para el viaje al más allá.

La obra de Arias, como la de Amalia Pica, también habla del regreso, volver a casa, la ilusión del eterno retorno encarnada en el instinto de millares de pequeños animales.

Junto a esta instalación, Daniel Mussatti nos lleva a nuestra propia infancia y a la memoria de lo perdido con su obra Violación de mi patio de juegos. Se trata de una gran escenografía levantada con materiales de la región, como arena, piedras, hierros y cemento.

En esta obra, que entraña una evocación, Mussatti recuerda el paisaje de bardas que limitaba con los fondos de su casa paterna, y que fue su lugar de juegos hasta que los tiempos tomaron su lugar y sin darnos cuenta ecológica, los encofrados de los edificios surgieron como símbolo fálico violando mi patio de juegos.

Silvia Marcela Arnaldo, de Villa la Angostura, nos trae su Jardín – Cen, una versión propia de un jardín Zen pero, en vez de arena, con cenizas del volcán Puyehue, cuya erupción acaeció en 2011 con grandes perjuicios para la zona donde reside.

Contenida por un marco de 1,50 por 1,80, la ceniza puede marcarse con la ayuda de un rastrillo, creando múltiples diseños y a la vez transmitir a la gente que, para transcurrir esos días (de la erupción del volcán) se necesitaba estar muy Zen, muy centrado en uno mismo.

Un poco más allá, Graciela Mirta Altieri presenta Manzanas Privadas, una serie de sacos contenedores de frutas, de los usados en las chacras del Alto Valle para la recolección de manzanas, suspendidos en el aire.

Altieri, que vivió en una chacra, asistió a la caída de estos establecimientos productivos que fueron dándole paso a los loteos y urbanizaciones privadas.

Susana Beatriz Comesaña Boxler abre un espacio al caminar y reflexionar sobre lo que vamos dejando atrás con su obra Lo que queda del día: Escritos en el agua. Se trata de un espacio de varios metros cuadrados que invita a ingresar y dejar las huellas de nuestros pasos sobre una superficie blanca donde se proyecta un video sin fin que muestran los pasos de anónimos caminantes. El nuevo orden procura el residuo del ajetreo diario.

Viviana Campetti, Julieta Sacchi y Juan Villarreal, citando a Borges al decir que el camino es fatal como la flecha, presentan su Guarda, invitándonos a leer el misterio que se reescribe sobre la palma de la meseta patagónica con los alfabetos conjugados de la erosión elemental y la perturbación antrópica; mientras que Marcela Coppo nos plantea su Enigma, un video que muestra a un personaje movido por la curiosidad en una metáfora sobre la liberación y lo desconocido.

En otro video, nuestra talentosa Ana Zitti, nos cuenta una Historia de amor, un relato de cada uno y de todos los que fuimos llegando de la mano de alguno que contó su historia y el otro que volvió a contarla. Creadora interminable, Zitti sostiene en esta obra-performance que en la Patagonia también confluyen ríos de emociones, soles y lunas sonoras que pueblan los corazones con su ritmo vital.

María Angélica Quilodrán deconstruye críticamente la muerte de un perro ocurrida en una carretera patagónica, en su instalación gráfica visual titulada Entre el km 1129 al km 1215; y el fotógrafo y reportero gráfico Agustín Martínez nos presenta Crónicas del desierto, una mirada sobre el hombre patagónico y la naturaleza que lo rodea y que transforma.

Ya sea al ingresar el museo como al dejarlo, nos encontramos con la obra de Guillermo Andrés Soraire titulada Punto/Encuentro. Es una intervención del espacio público instalada sobre el canal que rodea al museo, a la altura del puente por donde se ingresa o egresa al edificio, con un alto valor simbólico. Círculos de colores representan las diversas nacionalidades de nuestros pobladores. El puente, el acto creativo humano que permite el crecimiento de la zona. La confluencia, como el desarrollo de la región, lo diverso para lograr el bien común.


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