Corralito: a 20 años de un demoledor golpe a la confianza

Al arrancar diciembre de 2001, De la Rúa y Cavallo disponían un tope para el retiro de depósitos bancarios. Fue el principio del fin de la gestión del presidente radical.

Redacción

Por Redacción

El 20° aniversario formal de la imposición del corralito financiero es hoy, pero ya había sido anticipada su creación unos días antes. Los suficientes como para hacer más funesta su existencia, preludio de días trágicos y de una crisis con escasos antecedentes en la Argentina.

El famoso corralito, una especie de incautación de depósitos dispuesta en la gestión de Fernando de la Rúa, se transformó no sólo en una página negra para el país, sino que también figura como un curioso objeto de estudio en el mundo.

La gestión de De la Rúa había quedado atrapada en la trampa de la convertibilidad, aquella ley de conversión de un peso por un dólar dispuesta por Domingo Cavallo en 1991 en la gestión de Carlos Menem.

El freno artificial a la inflación había hecho eclosionar la economía, pero los principales candidatos presidenciales de la elección de 1999 postulaban la continuidad de aquella ficticia paridad ante una sociedad que se aferraba a esa ilusión de vivir unos años sin aumentos de precios.

De la Rúa careció de liderazgo político, respaldo de los suyos y contexto internacional medianamente favorable como para salir de la encerrona.

Los niveles de endeudamiento y la falta de capacidad negociadora habían cerrado la posibilidad de financiamiento externo.

El precio por el piso de la producción agraria impedía el ingreso de divisas.

El camino era un drástico ajuste, pero el plan diseñado por Ricardo López Murphy, que pasó de la cartera de Defensa a Economía, no llegó ni a ser esbozado.

Las resistencias internas en lo que quedaba de la Alianza (hacía unos meses ya había dado el portazo el vicepresidente y líder del Frepaso, Carlos “Chacho” Álvarez) y de otros sectores políticos impidieron siquiera empezar con la implementación.

De la Rúa creyó que convocando al padre de la criatura podría desactivar ese Frankenstein que le consumía lo poco que le quedaba de credibilidad y sustento político. Fue así como en marzo de 2001 vuelve Cavallo a ser ministro de Economía.

Resistido por radicales y los pocos frepasistas que quedaban, Cavallo estaba convencido de que con su prestigio internacional iba a conseguir asistencia financiera del exterior.

Pero no ocurrió. Llegó una contundente derrota en las legislativas de octubre, que en vez de ser de medio término fueron de casi final.

La desconfianza se generalizó.


Decretado el corralito, el FMI decidió cancelar el famoso blindaje acordado tiempo atrás, que implicaba fondos extras, y dar por cerrada la negociación por la reestructuración de la deuda. El país se quedó sin asistencia externa.

Desde octubre hasta noviembre se fueron del sistema bancario unos 18 mil millones de dólares.

Para frenar ese drenaje, a Cavallo se le ocurrió el famoso corralito, con el argumento de que debía salvar el sistema financiero.

El jueves 29 de noviembre a última hora, llegó a las redacciones un borrador del decreto para impedir el retiro de depósitos. Los principales operadores financieros del país ya lo tenían. Recién el domingo 2 de diciembre se firmó el decreto, que comenzó a regir el lunes 3. Entre el 28 de noviembre y el 3 de diciembre, se fugaron del sistema unos 3.600 millones de dólares.

El viernes 30, bien entrada la noche, Cavallo dijo: “La gente tiene que estar tranquila porque todo lo que hagamos será para preservar los ahorros y la convertibilidad. Para preservar el uno a uno”.

Eran épocas en que la mayoría de los anuncios se hacían unas horas después de la caída del sol. Estaba comenzando el fin de semana y los inversores calificados ya habían retirado sus fondos. La tasa interbancaria que se pagaba en aquellos días era del 700 por ciento.

El sábado 1° de diciembre, De la Rúa firmó el decreto, que se anunció el domingo 2 y comenzó a regir en los hechos el lunes 3.

Se dolarizaban los nuevos préstamos, se limitaban a mil dólares los giros al exterior y se fijaba un tope de retiros de 250 pesos por semana, por persona y por banco.

250 pesos equivalían a 250 dólares, con lo cual equivaldrían hoy a un tope para depósitos en cajas de ahorro, cuentas corrientes y plazos fijos de 25 mil pesos, si se toma en cuenta la cotización oficial. La gente se agolpó en los bancos para retirar sus ahorros. Fue el principio del fin para la gestión de De la Rúa. 

Roberto Battaglino


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