Cristina, Manzano, espías y más espías…
DEBATES
Periodista, enyasista, coautor junto con Martín Caparrós de una obra de suma proyección para entender los tumultuosos ‘60 y ‘70 en la Argentina: “La voluntad” (tres tomos) y con Alberto Minujin de “La clase media. Seducida y abandonada”. También es autor de interesantes trabajos sobre la historia más contemporánea del país. Eduardo Anguita, que como militante del ERP participó en agosto del 74 del ataque al Comando de Sanidad del Ejército, por lo cual estuvo una década preso, acaba de publicar “La Patria pensada. El último tramo del gobierno de Cristina” (Edt. Aguilar). Allí, aunque no es tema vertebral de su obra, Anguita incursiona en aspectos de la relación entre la mandataria y los servicios de inteligencia.
• Señala Anguita que tras la reelección de Cristina en el 2011, en la “vida de palacio” (N. de R: la Casa Rosada) se comenzó a reflexionar sobre el camino político que optaría el hasta ese momento fiel espadachín del kirchnerismo, Sergio Massa. Fue entonces que talló fuerte la palabra de un hombre permanente del poder en la Argentina del ‘83 a hoy: José Luis Manzano. Mendocino. Muy inteligente. Humor. Estilo. Médico en los finales de la dictadura en un campamento petrolero de Catriel. Protagonista de fuerte sello en la Renovación Peronista. Organizador esencial de las primeras acciones políticas destinadas a clavar pica en Flandes a los carapintadas de Semana Santa del ‘87. Obsesionado por sus caderas muy anchas, se las hizo rebanar. Hoy, un empresario millonario.
• “Esta vez – dice Anguita – con toda la experiencia a cuestas, y con poder en los medios, la energía y vínculos aceitados con personas clave en los servicios de información, Manzano fue uno de los que colaboraron en la peregrina idea que tenían la presidenta y algunos de sus colaboradores respecto de que Massa no iba a salir del Frente para la Victoria. Había, desde luego, señales de todo tipo respecto de que Massa podía irse”.
• Destaca entonces Anguita que en todo este tema “También jugó un rol importante, según fuentes muy creíbles, un hombre clave de la Secretaría de Inteligencia, hasta hace poco llamada SIDE. Se trata de Francisco Larcher, hombre de carrera de la inteligencia vernácula que reporta -o reportaba- a Héctor Icazuriaga, el abogado amigo de Néstor y Cristina que está a cargo de la SI (NdeR: hace un mes fue reemplazado por el neuquino Parrilli).
• “Larcher -dice Anguita- también habría opinado que Massa no iba a romper con el FpV. Como sucedió, esto sería irrelevante si no se tomara en consideración que Manzano y Larcher, como muchos otros que se distanciaron del FpV, tuvieron acceso a muchísima información sensible y no es una mera suposición que buena parte de las denuncias periodísticas sobre supuestos casos de corrupción tiene como fuentes a quienes estuvieron en la cúspide del manejo de Inteligencia hasta no hace mucho tiempo. Esta afirmación no es para entrar en una espiral de paranoia, sino simplemente para advertirle al lector que los manuales de manejo informativo en el espionaje no tienen como principio la libertad de expresión ni la obligación de perseguir la verdad, aunque este principio de la deontología del periodismo suena como una crónica romántica del siglo XIX. Los agentes de inteligencia cumplen misiones para capturar información y también para encubrir información y para desinformar”.
• De aquí en más, Anguita desliza datos sustanciosos sobre la relación de la Casa Rosada y el mundo de los servicios, y encuadra como de “supuesta maniobra” la de Larcher “para desinformar a la presidenta” sobre los pasos a seguir por Massa.
• Finalmente, y siempre según Anguita, Larcher fue desplazado, oportunidad que habrían aprovechado para que en la Secretaría de Información “ganaran posiciones algunos agentes que no sólo tenían viejas internas con Larcher sino que además tenían -o tienen- vínculos con la Inteligencia del Ejército” (NdR: en aquel tiempo, o sea 2011, 2012, bajo mando del general César Milani). Del libro emergen entonces, siempre en relación con la actividad de Milani -hoy jefe de la fuerza-, los recursos financieros que se le habrían designado para el funcionamiento del sistema de inteligencia de la misma y surge el nombre de Fernando Pocino, quien “Tuvo actividad para la SIDE en el Congreso de la Nación durante los primeros del gobierno de Néstor Kirchner y estuvo directamente vinculado con las actividades de apriete denunciadas por el entonces canciller Rafael Bielsa, en su contra. Es un secreto a voces que mantuvo relaciones sentimentales con mujeres que eran familiares de personas con altas responsabilidades políticas”.
• Larcher ya era funcionario de carrera en la SIDE al momento de estar conducida por el rionegrino Carlos Soria, que la lideró durante cinco meses durante la gestión del presidente Eduardo Duhalde.