Cuando los artistas agarraron la pala

Hoy, todos los domingos celebran en su escenario.



en defensa de lo público

A fines de abril un grupo de vecinos y artistas se congregó en lo que era el anfiteatro del Parque Central. Por disposición del municipio el lugar había sido tapado con escombros, con el objetivo de construir un “espacio cultural a nivel”. A partir de ese momento comenzó a formarse un movimiento cultural popular pocas veces visto en la ciudad.

Colectivo de Artistas y Vecinos Autoconvocados (CAVA) “Gato Negro” es el nombre que eligieron para identificarse. “Desde el primer día nos organizamos en forma de asamblea, fue casi automático, y las seguimos hasta el día de hoy, todos los miércoles a la tarde”, recuerda Pablo Frizán uno de los integrantes más enérgicos de la movida.

El anfiteatro fue uno de los temas más discutidos en la ciudad. Pero más allá de razones y fundamentos de ambas partes lo cierto es que allí se formó algo, algo popular, colectivo, artístico y cultural.

“Hay que ser sinceros, cuando nos reunimos para destapar el anfiteatro por primera vez, era algo simbólico, muchos dudábamos de poder destaparlo, pero la energía se contagió y logramos hacerlo”, cuenta Pablo. Además, cuando el 29 de abril mientras sacaban piedras y se llenaban de tierra encuentran un gato negro entre los escombros y logran rescatarlo con vida, el impulso de seguir se redobló. Por eso se llaman “Gato Negro”.

Empezaba mayo, el frío, las heladas y los “hippies” seguían paleando, dormían en carpas que se apostaron en los alrededores. Se divertían con guitarreadas, obras de teatro y clowns. El lugar se tornó un campo de trabajo donde todo estaba dividido por comisiones (de herramientas, de comida, de prensa). Entre carretillas, montañas de piedras, botellas de agua, unos coloridos banderines, carteles, CD viejos decoraban todo el anfiteatro, marcando la impronta de alegría y arte del movimiento. Unos días eran más, otros menos, pero no descansaron hasta verlo como estaba.

Con el último escombro recibieron la visita del premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. Pero la resistencia tuvieron que demostrarla una vez más, cuando el intendente Horacio Quiroga ordenó taparlo de nuevo.

“Estamos cada vez más consolidados, no nos quedamos en el anfi porque es la punta de un iceberg. Hay espacios culturales de la municipalidad y de provincia tanto en el centro como en la mal llamada periferia que también hay que recuperarlos”, menciona Pablo haciendo referencia al paseo de artesanos o el anfiteatro de Cuenca XV.

Ahora el CAVA tiene como objetivo mantener el festival de los domingos para “darle vida al lugar”. Quieren restaurar también los alrededores, mover la tierra muerta, sembrar, construir una rampa con accesibilidad, poner los escalones originales. “Si logramos instalar un festival por lo menos de alcance municipal, es un golazo de media cancha”, adelanta Pablo, que también es periodista.

El colectivo funciona por comisiones y todos los miércoles a la tarde se desarrollan asambleas. En esos encuentros definen la grilla para los festivales de los domingos y resuelven la mayoría de las cosas.

También están trabajando en un libro o una publicación sobre las cosas hechas en el anfiteatro que reúnan las anécdotas, canciones, poemas y escritos. “A futuro queremos continuar con las comisiones de enlace, tampoco ser superhéroes de restaurar todos los espacios culturales, pero sí ir a los barrios, hacer como hicimos con la restauración del primer surtidor, hablar con los artesanos para cuidar el primer quiosquito ubicado sobre Avenida Argentina, donde ellos guardan sus mesas”, relata el joven. “Queremos estar presentes en distintos lugares a través del arte”.

A pico y pala

Con frío o calor, los artistas pusieron manos a la obra para destapar el foso y sus gradas.


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Cuando los artistas agarraron la pala