Cuatro excursiones en una
Caminata en La Angostura hacia el Mirador Belvedere, el falso filo, el Cajón Negro y la Cascada Inacayal, en una primavera muy nevada.
Mariana Fernández
La salida perfecta a veces no es aquella que planeamos al detalle, sino la que se da. La idea original era el Cerro Mirador, pero el tiempo no era el mejor y la caminata terminó en una salida al Valle del Cajón Negro, enmarcado por el cerro Belvedere y el Inacayal.
Es una excursión clásica de la Villa y la época ideal para hacerla es en otoño, cuando el rojo furioso de la lenga cubre el Valle, o en primavera y verano, cuando el verde se abre camino entre los arroyos y la ceniza volcánica de la última erupción.
En invierno la lenga se desnuda y el bosque se reserva la energía para retomar en primavera. Pero la nieve cambia el escenario y de pronto nos encontramos redescubriendo un paisaje totalmente nuevo.
Por los fríos y las últimas nevadas, sabíamos que algo de nieve habría (se asciende hasta la cota 1.400 aproximadamente) y por las dudas llevamos las raquetas de nieve. Nunca imaginamos que las necesitaríamos tanto.
Elegimos un sendero más largo y difícil que el habitual para llegar al Cajón Negro, pero sin duda el más vistoso. En una sola salida, visitamos cuatro atractivos turísticos y puntos de interés. Un circuito ideal para aquellos que no tienen mucho tiempo.
El ingreso a la senda está a unos 2 km del centro de Villa La Angostura. Dejamos el vehículo en un estacionamiento y comenzamos el ascenso hasta el Mirador Belvedere. En el trayecto aparece un desvió que indica el acceso a la Cascada Inacayal, por donde también se puede ir al Cajón Negro, pero decidimos continuar hacia arriba.
En el Mirador Belvedere nos encontramos con la primera postal del recorrido: lago y río Correntoso, más atrás el lago Nahuel Huapi y todos los cerros que las nubes y la vista nos permitan ver.
Hacia la derecha se abre una senda angosta pero segura –está señalizada, hay que seguir las marcas rojas en los árboles– hacia el falso filo Belvedere, donde continuamos subiendo. Por momentos las piernas -y el resto del cuerpo– piden “oxígeno”, pero con un breve descanso a mitad de la trepada y algún tentempié es suficiente para reponerse.
Ya con más altura ganada, a nuestra izquierda nos acompaña una espectacular vista del lago Correntoso, Villa La Angostura al fondo y la espectacular cordillera. En un sector caminamos por una ladera desprovista de árboles, y se siente en los huesos el viento que toca de frente.
La subida parece interminable. Entramos de nuevo en el bosque y ya comienzan a aparecer los primeros manchones de nieve. El desnivel es mayor. Antes de la última trepada fuerte hacia la cumbre del falso filo Belvedere, un cartel que anuncia el desvío al “Cajón Negro” nos rescata.
Ahí bajamos una pendiente pronunciada. Como la nieve estaba suficientemente dura, no fue necesario usar las raquetas. El sendero en ese tramo es bastante tranquilo en cuanto a la exigencia física, pero más lento por la nieve.
Nos encontramos con el arroyo Piedritas y cruzamos por un angosto “puente” que no es más que una escalera acostada sobre el cauce. El arroyo es poco caudaloso a esa altura, por lo tanto, si el equilibrio falla, no será más que una mojadura de pies.
Paramos a reponer energía con un almuerzo rápido antes de encarar el último tramo hasta el fondo del Cajón. Habíamos comenzado la salida algo tarde, a las 11:30 de la mañana, y no sabíamos bien cuánto tardaríamos en hacer todo el recorrido.
De nuevo en la senda, la cantidad de nieve acumulada hacía difícil la caminata y llegó el momento de calzar las raquetas y tomar los bastones. Con las raquetas el paso se hace más lento, pero menos trabado; se siente esponjoso y firme a la vez. Nos dan seguridad al pisar, es como calzar un sistema ”4×4”.
A medida que vamos entrando en el Valle, la lenga achaparrada queda prácticamente a nuestros pies, y pareciera que camináramos entre las copas de los árboles. Será una hora más de caminata hasta que el paisaje se vuelve todo blanco. Lo único que nos recuerda que estamos en primavera son unos pequeños pajaritos que nos dan la bienvenida.
Con un bastón medimos la cantidad de nieve: hay más de 1 m.
A nuestra izquierda serpentea la naciente del arroyo Piedritas y al fondo nos rodean magníficos cerros nevados. Del otro lado del Valle, a lo lejos se ve la Villa y el lago Nahuel Huapi. Foto postal obligada hacia cada ángulo, y emprendemos el regreso.
Retomamos el sendero y en una bifurcación decidimos no volver por el mismo lugar, sino tomar la senda hacia la Cascada Inacayal. Un cartel nos indica el camino. Saliendo del Valle el bosque toma altura, la nieve desaparece y colgamos las raquetas en la mochila. El regreso también tendrá algunas trepadas, pero un poco más suaves y cortas, y descensos bruscos. Después de unos minutos de caminata, escuchamos de fondo el ruido de la cascada Inacayal que nos avisa que estamos cerca.
De pronto aparece el pequeño salto. Si fuera verano, imposible no tentarse y remojar los pies en esa agua helada. Pero es invierno y la idea no es mojarse. Todavía el caudal de agua es pobre, por lo tanto podemos cruzar el arroyo a través de unos troncos y piedras.
Estamos arriba del salto más grande de la Cascada, y a unos metros vemos cómo el arroyo se precipita por las rocas.
Continuamos nuestra excursión, que ya está llegando al final. La senda atraviesa un cañaveral, más bosque de altura y finalmente desembocamos en el primer camino del mirador del Cerro Belvedere.
El sendero termina como ansiábamos que terminara después de unas cinco horas de caminata y unos 600 m de desnivel acumulados: con una generosa bajada.
Mariana Fernández
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