Cupajo es una botella al mar
Maestro, escritor particularísimo, Carlos Horacio Tata Herrera, acaba de publicar su libro "Ocurrió en Cupajo". Conversó con "Río Negro".
NEUQUEN (AN).- Como toda historia de vida, la de Carlos Horacio Tata Herrera, es de largo aliento.
Viene al caso, porque acaba de retirar la última horneada de su libro «Ocurrió en Cupajo», que es una sucesión de cuentos. Ciñendo al máximo su devenir, se ha sabido que «Tata» nació en San Fernando del Valle de Catamarca en 1937.
Maestro de escuela, ejerció la docencia desde muy joven en diversos puntos del país.
En la Patagonia, donde vive desde hace más de siete lustros, fundó varias escuelas primarias, y una secundaria, como director o supervisor de escuelas. Publicó poesías, cuentos y notas de variado interés cultural en diarios y revistas.
Las preguntas pican, pegan el salto y son atajadas por Herrera. Las respuestas no se dejan esperar. Si no fuera que el espacio es estrecho, se podría escribir un libro más, con el material del catamarqueño. Y hablando de Catamarca, por allí anda el hombre con su canto provinciano, sus modismos y una tonelada de vocablos que mandan a salir en estampida al oyente o lector, a buscar en el diccionario cuestiones como «logro irrefragable» o «atinge» o «aquistado en una vida asaz andariega».
-«Ocurrió en Cupajo»¿Es su hijo número cuánto? Editados e inéditos ¿un montón verdad?
-Edito solamente uno «Ojos al viento», poesía, selección del autor de cuatro libros, y ahora, el inminente «Ocurrió en Cupajo». De cuento -narrativa en sentido lato- al menos cinco inéditos: «Canciones para lavarle la cara a la ciudad mientras tomás un mate», cuentos breves y brevísimos; «Cauces catuchos», otra retahila de cuentos catamarqueños, inclusive algunos urbanos; «El rastro de las bardas», cuentos del ámbito patagónico; «Cartas a dione: Relatos de la perdida Neuquenia» , «Escritos» en un ficcional futuro de al menos tres siglos porvenir; y un corpus de cuentos urbanos, aún sin título definido. Lo dicho, referido sólo a narrativa.
-¿Todo un esfuerzo para poder sacarlos a luz?
-En lo que a esto atinge, lo poquísimo publicado, se consuma extrayendo hasta las últimas migajas de mis flacos bolsillos. Asumo claramente mi condición de ignoto escritor del interior, es decir, de alguien salubremente alejado de lo comercial, condición que orgullosamente comparto con incontables pares. Dicho con una pizca de ironía: conciencia de vivir escribiendo mis obras… póstumas.
-¿Tiene ejes temáticos sobre los que más le gusta escribir?
-Lo medular de mis dilecciones temáticas están -espero-, desnudadas en lo poco de lo mío que se conoce. Respondo a un inconsciente mandato de rescatar del olvido personajes del pueblo llano, de la honda gratitud por el ejemplo moral, de silvestre sabiduría y denuedo de los hereditariamente desposeídos, a quienes debo lo poco de bueno aquistado en una vida asaz andariega, y en el ejercicio de muchos humildes oficios.
-Respecto de su oficio ¿cuál es el mejor sueño?
-Como poeta, haber logrado aunque por obra del azar fuera, las nupcias de dos palabras que nadie antes hubiese avecindado, las que que unidas suscitaran algo veramente original.
En cuanto a sueños, que esta botella al mar que son los libros, arribaran al puerto de innúmeras manos que la acojan con benevolencia y una pizca de gozo. Como logro irrefragable, el haber recibido de personalidades del arte y la cultura que me merecen el más alto respeto moral e intelectual, una solidaria palabra de benevolente aprobación y aliento.
NEUQUEN (AN).- Como toda historia de vida, la de Carlos Horacio Tata Herrera, es de largo aliento.
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