De 'El Principito' a Cambalache: fantasmas subversivos de la dictadura

Las absurdas prohibiciones del régimen de facto para "proteger al ser nacional"

Redacción

Por Redacción

BUENOS AIRES (AFP) – Un cuento de niños reprobado por relatar una huelga de animales, un 'Principito' acusado de «ilimitada fantasía» o un tango popular censurado por «derrotista» eran parte del compendio de absurdas prohibiciones que la dictadur impuso en Argentina para protección del «ser nacional».

Desde el golpe militar en marzo de 1976, la censura escudriñó con principal cuidado el material dirigido al público infantil y concluyó que el libro 'El Principito', de Antoine de Saint-Exupèry era material subversivo porque alentaba en los niños una «ilimitada fantasía».

Otro ejemplo fue el cuento de Elsa Bornemann 'Un elefante ocupa mucho espacio', premiado internacionalmente en 1975 y prohibido en 1977 porque su historia sobre una huelga de animales tenía «una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo», según un decreto militar.

También había una lista de «recomendaciones» a los autores infantiles para que no incluyan ciertas palabras con connotaciones obreras como 'alpargatas' para referirse al calzado.

En una circular bajo el título 'Conozcamos a nuestro enemigo' el ministerio de Educación advirtió en 1977 que «el accionar subversivo se desarrolla a través de maestros ideológicamente captados que inciden sobre los pequeños alumnos».

El texto señalaba la existencia en las escuelas primarias de «cuentos tendenciosos» enmarcados en una «ofensiva marxista» que pretendía fomentar «ideas o conductas rebeldes, aptas para la acción (subversiva) que se desarrollará en niveles superiores».

El cuento infantil alemán «Cinco dedos» en el que manos de diferentes colores competían entre sí, fue incluido en las listas negras por la simple razón de que la mano derrotada era la verde, el color del uniforme de fajina del Ejército, lo que fue interpretado como un mensaje subversivo.

Por edicto militar se prohibieron los festejos de carnaval.

El popular tango 'Camba

lache' que escribió Enrique Santos Discépolo en 1934 fue tildado de «derrotista» y censurado. En sus estrofas, el poeta había descripto con magistral ironía la decadencia moral que vivió el país durante la debacle política de los años 30, llamada la 'década infame', plagada de fraudes electorales.

Otras canciones populares fueron tachadas por «inducir a malos ejemplos» como la titulada 'A mi las mujeres ni fu ni fa' del español Pedro Peret, o simplemente por estimarlas «violentas y contrarias a la fe cristiana» como la del cantautor Cacho Castaña 'Si te agarro con otro te mato'.

Los libros de bolsillo, por su precio al alcance de un vasto sector, también fueron investigados.

En agosto de 1980 la Policía de Buenos Aires secuestró y quemó más un millón y medio de libros del Centro Editor de América Latina (CEAL) en una fogata que ardió en un descampado durante tres días.

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