De las cenizas
Ni los corruptos ni los delincuentes temen a la Justicia rionegrina. El PJ priorizó su interés: pocos pero unidos ante las PASO y municipales.
DOMINGO A DOMINGO
A una semana de las PASO nacionales, en Río Negro hay muy poco clima electoral. La mayoría de los ciudadanos votó ya dos veces este año -para cargos municipales y provinciales- y ve con hastío un comicio que le resulta lejano y sin efectos concretos.
Es que, en la práctica, las PASO son un ensayo de la elección de octubre. Una encuesta nacional para ver cómo se posicionan los precandidatos. Para zarandear y dejar en el camino a los más rezagados. Un paso -así, con minúscula- en un camino con varias incógnitas.
La dirigencia rionegrina está más inquieta por el incendio que devastó un despacho lleno de expedientes penales en el edificio de los Tribunales de Viedma en la madrugada del domingo pasado.
El tema es serio, no sólo por sus implicancias institucionales sino también porque sucedió en la céntrica manzana que ocupan también la Casa de Gobierno, la Jefatura de Policía, un ministerio y el bloque de legisladores de la Unión Cívica Radical.
Es evidente que el ataque -todos coinciden en que lo fue- implica admitir la existencia de personas con cierta organización interesadas en destruir o demostrar la vulnerabilidad de un poder del Estado, precisamente el que tiene a su cargo impartir justicia.
Peor. Es el tercer atentado en sedes judiciales de Río Negro: en diciembre del 2012 pusieron una bomba en los Tribunales de Cipolletti y en mayo del 2015 rociaron combustible e incendiaron un despacho lleno de expedientes en el juzgado de Regina.
Según se sabe, el domingo en Viedma al menos dos personas saltaron el portón del estacionamiento del bloque radical ubicado junto a la Jefatura de Policía, accedieron a la parte posterior de Tribunales, escalaron dos pisos, abrieron una ventana, ingresaron, rociaron combustible en más de un despacho, prendieron fuego y se fueron sin ser detectados.
No hay cámaras en el perímetro del edificio. Sí en el interior, pero -al parecer- no graban. El guardia ubicado en la recepción recién se dio cuenta de lo que pasaba al oír la explosión. Y, según dicen, el daño pudo ser mucho mayor.
La preocupación es evidente.
Y también la necesidad de que la Justicia resuelva su propio caso. Si no lo hace, a la vulnerabilidad seguirá un papelón por la presunción de incapacidad.
Sólo como dato: cuando pasó, la presidenta del STJ y la procuradora estaban de vacaciones y por eso subrogantes asumieron el control del trance.
El fiscal de Cámara a cargo de la Procuración buscó llevar tranquilidad sobre la investigación. «No decimos nada porque nuestra ventaja es que los autores no saben cuánto sabemos». Su frase, casi un trabalenguas, generó la impresión de que lo único que abunda es la confusión. Especialmente porque se pasó de una hipótesis inicial de cortocircuito a un eventual ingreso por el bloque radical para llegar, recién el lunes, a la tesis actual de incursión por el centro de la manzana.
Cuesta imaginar quién o quiénes pudieron emprender semejante tarea.
La Justicia rionegrina, hay que admitirlo, no es tan efectiva ni tan severa como para generar enemigos poderosos.
Ni los corruptos ni los delincuentes le temen. Unos y otros se han demostrado aceptablemente exitosos en eludirla en un buen número de casos.
Así, es más fácil pensar en el resentimiento de aquellos decepcionados por la falta de justicia que en grupos afectados por el peso de su ejercicio.
No lo dijo el fiscal, pero circula por los pasillos en Viedma: la sospecha más firme apunta al accionar de personas vinculadas con la Policía. Y no sólo porque la acción se inició junto a la Jefatura sino también por el estilo y logística del acto. Por eso, se convocó a policías de otras provincias para la pesquisa.
Sin embargo, nadie arriesga sobre qué motivación tendría algún sector de la fuerza rionegrina para proceder así.
Casos pendientes que tienen policías como imputados hay varios. Los de mayor resonancia son la desaparición del trabajador rural Daniel Solano en Valle Medio -hay siete policías procesados y con prisión preventiva- y el asesinato de Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas durante la represión de protestas en el barrio Alto de Bariloche en el 2010. Por este tema fueron indagados recientemente el exjefe Víctor Cufré y Jorge Villanova.
¿Mensaje mafioso, acción terrorista o búsqueda de impunidad?
Como fuera, el ataque no parece obra de delincuentes comunes. Y, si fue un mensaje, no queda claro para quién. Es que nadie se lo adjudicó ni dejó inscripciones o gestos que orientaran.
De las cenizas, y poco más, deberá surgir la verdad de este episodio.
En otro orden, en el político, de su propio fuego interior busca resurgir el Partido Justicialista rionegrino.
El jueves, junto al río, su conducción se sentó cara a cara por primera vez tras la derrota del 14 de junio.
Se formalizó la licencia de Miguel Pichetto y la presidencia pasó a manos de Martín Soria. Pero no se avanzó en ninguno de los dos sentidos que pedían los más «ultras» del pichettismo y el sorismo.
Algunos partidarios del senador querían descargar su reproche a los dirigentes locales que, a su juicio, contribuyeron a la derrota provincial. Incluyen una larga lista, encabezada por los intendentes de Bariloche y Roca.
Varios soristas, por su parte, pedían expulsar del partido a quienes fueron candidatos por la agrupación del gobernador Alberto Weretilneck: el vicegobernador Pedro Pesatti, Matías Rulli y otra larga lista.
En lugar de profundizar las heridas, los dirigentes optaron por mostrarse, aunque pocos, unidos. Cualquier otra opción hubiera perjudicado aún más el complejo panorama que se abre para las inminentes PASO nacionales del próximo domingo y para las municipales.
En concreto, habrá internas a fines de mes en las ciudades que todavía no eligieron autoridades municipales, salvo en Bariloche, Allen y Catriel, donde ya hay candidatos.
Sin emergencia
El gobernador Weretilneck basó su campaña electoral en una aceitada estrategia comunicacional. Su gestión no cambió, en esencia. Pero cada día decenas de comunicados hablaban de lo que cada funcionario -especialmente él mismo- hacía. El efecto fue una imagen de ultraactividad, premiada en las urnas.
Esta semana, la comunicación gubernamental quedó esclava de sus palabras: se vanaglorió de que el sistema de emergencias 911 había salvado la vida de un abuelo de Roca. Pero no: si bien se asistió a los familiares sobre el masaje cardíaco, el 911 no logró en una hora que la ambulancia llegara, el abuelo fue llevado al hospital por un vecino y murió.
El triste episodio demostró que la eficiencia dista de ser una virtud de circulación general en la gestión Weretilneck.
Igualmente triste es que, a falta de un hogar de Desarrollo Social en Valle Medio, los niños, niñas y adolescentes retirados de la casa de sus padres por el Estado por situaciones de violencia o riesgo son derivados a cientos de kilómetros, sumando el desarraigo a sus penurias.
Concluida la campaña, termina el «relato».
ALICIA MILLER
amiller@rionegro.com.ar
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