“De los caídos en el cumplimiento del deber”



Días atrás nuevamente un policía sumó su nombre al listado de los caídos en el cumplimiento del deber. Y, como una señal del camino del que nunca debimos apartarnos como sociedad, nos dejó un claro mensaje: aun en la muerte, cumplió su vocación de servir al prójimo donando sus órganos para que otros vivieran. En el caso de los policías, ofrendan su vida tratando de cumplir la carga social que les ha impuesto la sociedad y que ellos asumieron por vocación y decisión propia, proteger vidas y bienes. En un concepto más amplio, los caídos en el cumplimiento del deber pertenecen a todo el espectro del cuerpo social y no importa de dónde sean, qué profesión tengan ni cuál sea su condición. Siempre es lo mismo: cayeron cumpliendo su deber de ser ciudadanos comunes y en el marco de las actividades, profesiones u oficios que eligieron o tratando simplemente de crecer como personas. En ese orden de ideas, y respecto del concepto del “cumplimiento del deber”, me parece que es hora de que la sociedad vaya tomando conciencia de que no solamente los policías caen en esas circunstancias. En la Nación en general y en la provincia en particular tenemos muchos hombres y mujeres caídos en el cumplimiento de ese deber ciudadano tan simple como es vivir dignamente. Ejemplos sobran: Otoño Uriarte cayó cumpliendo su deber de adolescente con todo el derecho a crecer como una muchacha como tantas, María Emilia, Paula y Verónica cayeron cumpliendo su deber de jóvenes tratando de ejercer un derecho tan simple y llano como el de tener esparcimiento y caminar un domingo; Mónica, Carmen y Alejandra cayeron cumpliendo su deber de ejercer la profesión que habían elegido como manera de ayudar al prójimo; nuestro joven Atahualpa Martínez cayó en el cumplimiento del deber de todo joven que quiere ejercer su libre derecho a crecer, mirar la vida a los ojos y divertirse; Carlos Castillo cayó en Dina Huapi cumpliendo su deber ciudadano ante un hecho delictivo y con ello podemos agregar que el Poder Judicial también tiene con él la triste experiencia de contar con “un caído en cumplimiento del deber”. Un hombre tan sencillo y bueno como Maciel cayó impiadosamente a manos de cobardes por cumplir solamente su deber ciudadano de procurarse el pan de cada día sin pedir ni mendigar prebendas y tantos otros cayeron cumpliendo su deber simplemente por tratar de llevar el pan para sus hijos. Creo que sería muy justo a partir de ahora que todos quienes nos honraron con su existencia y con su ejemplo tengan, además de justicia, un homenaje justo y necesario, que sean permanentemente recordados y que su ejemplo de vida se transmita a las generaciones que vienen, para que eternamente sean estandartes de nuestra memoria y para que la justicia, esa señora tan ausente o cuando menos distante en estos días, no olvide que también ella “debe cumplir su deber”. Ramón Leonardo Albornoz DNI 10.241.872 Viedma

Ramón Leonardo Albornoz DNI 10.241.872 Viedma


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