De manzanas y pecados

Por Jorge Castañeda

Redacción

Por Redacción

A lo largo de la historia ninguna otra fruta ha suscitado una admiración tan extraordinaria como la manzana. Llamada la «reina de las frutas», ha sido fiel compañera de la vida del hombre, a pesar de ser considerada como «la fruta de la tentación», aunque La Biblia nada dice de ella, sino que se refiere a un «árbol del conocimiento del bien y del mal». Sí nombra a la higuera, con cuyas hojas la primera pareja cubrió su desnudez.

Junto con el trigo constituyó la manzana su aporte a la dieta de pueblos muy antiguos. Según se supone, desarrollada del malus punilla, es originaria del sudeste de Asia. Ya era conocida entre los pueblos prehistóricos y su cultivo data de la época cuando nació la agricultura.

Los griegos, que la apreciaban sobremanera, le dieron jerarquía divina al elevarla al Olimpo de los dioses. El sabio rey Salomón solía decir «que quien coma una manzana por día evitará la visita del médico».

En el Jardín de las Hespérides solía crecer esta fruta, pero de oro. Y para los escandinavos eran las «manzanas de los dioses».

En Avalón, la isla de las manzanas, curó sus heridas el legendario rey Arturo. La isla de San Brandán también estaba cubierta por estos frutos milagrosos y curativos.

Tácito, a orillas del Mar Muerto, las intuía hermosas y deleitables, pero adentro llenas de cenizas. ¡Oh! manzanas de Sodoma.

Fue también «la fruta de la discordia» al inicio de la Guerra de Troya. La diosa Afrodita y el mismo Hércules supieron de ella.

Hay pueblos que le confieren a la virtud de las manzanas el poder de otorgar belleza, larga vida y a veces hasta la inmortalidad. La «manzana de Samarkanda, al príncipe Ahmed lo curaba de todas sus enfermedades.

Con Guillermo Tell ya sabemos lo que pasó y también a Isaac Newton.

Teofrasto, en el siglo IV aC., registró minuciosamente varias variedades de esta sabrosa fruta.

Hoy conocemos la Balswin, la Delicious, la Gala y entre otras la Granny Smith, relacionada aunque usted no lo crea con una florista y el mismísimo George Bernard Shaw.

«No busques manzanas bajo el álamo», dice un refrán eslovaco y «una manzana podrida pudre todo el cajón» decimos nosotros, en cambio para los armenios «todo lo redondo no es manzana».

El ya mencionado Salomón buscaba a la amada entre los manzanos según el Cantar de los Cantares, Ray Bradbury -el mago de Illinois- titulaba en cambio «Las Doradas Manzanas del Sol» y aquí en las antípodas del continente se dieron las «Manzanas Amargas» al decir del Dr. Julio Rajneri.

Carlos Torres Vila solía cantar su «amor de los manzanares» y Raúl Ferragut imaginó en su hermosa canción un diálogo entre «El Manzano y el Limay». Para escucharlo.

Ya en nuestra patria chica parte de nuestros territorios de Río Negro y Neuquén era conocida como «el país de las manzanas». Y el gran cacique Valentín Sayhueque, hijo de Chocorí, estableció administrativamente su «Gobierno de las Manzanas». Pero los mismos eran manzanos silvestres que algunos historiadores hicieron descender de aquellos traídos desde Chile por el jesuita Nicolás Mascardi, en 1670, cuando intentó fundar una misión a orillas del lago Nahuel Huapi.

Por eso la expedición de Basilio Villarino y Bermúdez, al traerle una rama al expedicionario José Madariaga, éste anotó en su diario: «Reconocí bien la rama y he visto la carga de manzanas que tenía, por los pezones cargados a las ramas».

Más adelante, en pleno «país de las manzanas», cuenta Héctor Pérez Morando que la expedición encuentra más manzanos. Y con los frutos de uno solo dice el piloto Villarino que «se cargaron todos los marineros». Y agrega que al haber dos casos de escorbuto «han venido bien las manzanas… por no haber embarcado dietas, medicinas, ni facultativo proporcionado a una expedición como ésta». Y aún más adelante dice Basilio Villarino que «siguen apareciendo manzanos y manzanas y una de éstas, ya mordida por boca humana».

Pensemos que en estos tiempos modernos dicha imagen es usada por la publicidad para vender productos relacionados con la dulzura y la tentación.

Hablar de las manzanas luego de la construcción del dique Ballester y las obras de riego es otra historia que enorgullece a los colonos y pioneros de nuestra provincia.

César Cipolletti aseveraba en un informe que «Las peras, manzanas, duraznos, higos, ciruelas y aceitunas que se producen son una maravilla por el tamaño, la abundancia y el color de la fruta cosechada».

Tal vez buscando nuevas variedades más adecuadas a las exigencias de tiempos nuevos y distintos haya un renacimiento de los manzanos en el Alto Valle del Río Negro y Neuquén generando un movimiento productivo que supo de liderazgos en otras épocas.

Como un hecho curioso para cerrar esta breve nota sobre la manzana y pormenores de la historia puede ser interesante divulgar que para algunos ocultistas la manzana sí es el «fruto prohibido de la tentación». Y dan pruebas a su modo. Aseveran que si se la corta por la mitad se apreciará en cada una de las partes el dibujo del aparato reproductivo femenino -símbolo del pecado y la caída-, y si en cambio se lo hace en forma transversal también por la mitad se apreciará con toda claridad una estrella: señal del paraíso perdido. Rarezas y más rarezas de la manzana, «la reina de las frutas».


A lo largo de la historia ninguna otra fruta ha suscitado una admiración tan extraordinaria como la manzana. Llamada la "reina de las frutas", ha sido fiel compañera de la vida del hombre, a pesar de ser considerada como "la fruta de la tentación", aunque La Biblia nada dice de ella, sino que se refiere a un "árbol del conocimiento del bien y del mal". Sí nombra a la higuera, con cuyas hojas la primera pareja cubrió su desnudez.

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