De minero a pastor y vendedor ambulante

Desde que cerró Hipasam, este hombre se transformó en líder espiritual de una pequeña comunidad evangélica y ofrece empanadas para solventar los gastos del templo.




Historias únicas: Rubén García

Domingo a la mañana. El silencio inunda los barrios de la tranquila Sierra Grande, en el pueblo tardan en despertar hasta que empieza a romperse ese silencio con el grito de “¡Empanadaaas!”.

Es la inconfundible voz de un vendedor ambulante que se escucha desde hace 15 años. Pero ¿quién está detrás del hombre que ya es característico de este desolado pueblo?.

Se llama Rubén García, es un exminero de la empresa de hierro Hipasam que se convirtió a la religión, se hizo pastor evangélico y, para sostener su iglesia, vende empanadas por las calles.

Hoy todo lo recaudado va a parar a la iglesia, aunque confiesa que cuando las papas quemaron en materia económica, como en tantos hogares en este pueblo, la mitad de la ganancia era para la iglesia y la otra para comer y pagar deudas de la casa.

Ya cuando trabajaba en el socavón se había convertido a la religión evangélica, pero al cerrar la mina en 1992 se hizo pastor, líder espiritual de la iglesia Misión Iglesia del Señor.

“La gente rota de un lado a otro y hay entre 30 y 40 fieles entre grandes y chicos de manera constante”, expresa Rubén, en un descanso obligado para hablar con el cronista de este medio.

Para mantener la iglesia acude a la poca ofrenda voluntaria que se recauda los fines de semana y a la venta de empanadas, pan casero y hasta tortas fritas.

Hace 35 años que vende para la iglesia. Realiza un promedio de diez docenas de empanadas de carne por domingo y con eso paga la luz, el agua y el gas y solventa otros gastos propios de un templo.

“Las empanadas las hace mi esposa. Hay una clientela bendecida y fanática de las empanadas... en tantos años la gente se acostumbró”, expresa Rubén.

Cuando el tiempo acompañaba, recorría casi todos los barrios de Sierra Grande, pero ahora limitó los recorridos sólo al barrio 9 de Julio, incluso la edad ha limitado su recorrida a pie con su canasta o una conservadora para mantener calentita la mercadería.

Ahora quiere doblar la apuesta porque los fieles de su iglesia están levantando un templo en el paraje de Cona Niyeu, distante a 170 km de Sierra Grande, al pie de la meseta de Somuncura.

Ahí ya tienen los cimientos. “Va lento porque se necesita plata y en eso estamos, recaudando para que se pueda construir”, acotó.

El pastor García estuvo 15 años trabajando bajo mina, conoce perfectamente y en detalle el duro oficio de trabajar en las profundidades y cada túnel que lo tuvo como trabajador. Ahí donde siempre es de noche.

En la mina hacía “tojeos”, que consiste en retirar piedras sueltas del techo de la mina con una barreta. Y debe ser con precisión, porque el riesgo es constante y cualquier falla puede hacer que alguna pesada piedra sea más grande de lo previsto y no se cuente el cuento.

También García fue perforista de jumbos y de martillos manuales, ha limpiado caminos en las galerías y en sus últimos años en esa profesión terminó como maquinista de Caterpillar 980 y Toro 250. “Algo conozco”, dice y se ríe el pastor, sabiendo que es un experimentado en la materia.

Ahora está jubilado con el régimen de jubilaciones especiales para los exmineros de Hipasam que otorgó el gobierno nacional hace unos años. Fue como una reparación histórica para todos aquellos que abruptamente perdieron el empleo con el cierre de la mina de hierro.

Esa jubilación especial les ayudó a salir a flote, “si bien no tiramos manteca al techo, se sobrevive” reflexiona. Antes de ella vendía empanadas para la iglesia y también para la casa, para ayudar a su señora que es pensionada.

La de García es una historia como la de tantos mineros que tocaron fondo y que, a los cincuenta y tantos y con pocas chances laborales, muchos vivían en la miseria.

Hoy está avanzado en edad pero no pierde esperanzas de seguir aportando a su iglesia y, mientras el cuerpo le responda, de seguir vendiendo en las solitarias calles serranas.


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