De una torta de Lady Di a los dientes de John Lennon: subastas para fanáticos

El pastel de bodas de Lady Di 40 años después o una cronología de las subastas “fetiche”: desde la venta de un diente del músico John Lennon a los mensajes románticos que la cantante Madonna le dejó grabados en la contestadora de un exnovio. ¿Qué elegirías?




Con la reciente venta por más de tres mil dólares de un trozo del pastel de bodas de la princesa Diana y Carlos de Inglaterra, una porción de torta de 40 años de antigüedad adornada con un escudo de armas real azucarado, sale a la luz el fanatismo extremo de ciertas personas por sus ídolos, una fetichista costumbre que va desde la subasta de un diente del músico John Lennon a los mensajes románticos que la cantante Madonna dejó en la contestadora de un exnovio.


Desde la leyenda del cuerpo de Walt Disney congelado que una noticia ligada a una heladera no generaba tanto escepticismo a su alrededor, especialmente porque en el caso de la reciente subasta del trozo de pastel, fueron 2.200 libras las que un comprador de Londres, fanático de la realeza, decidió desembolsar para hacerse con una porción de repostería monárquica, conservada en un freezer y envuelta en film transparente, según las imágenes difundidas.


“Quedamos sorprendidos por la cantidad de personas que querían pujar por este pedazo gde la tarta real. Eso sí, ¡no recomendamos comerlo!”, señalaron con atino desde la casa subastadora, quienes recibieron consultas por el lote no solo desde el Reino Unido sino también de Estados Unidos y varios países de Medio Oriente.

Repostería monárquica, con el escudo azucarado, y claramente pasado de tiempo de la torta de Lady Di.


El trozo en cuestión, de 800 gramos, había sido congelado por una empleada de la reina Isabel, Moyra Smith, y era parte de una de las 23 tortas elaboradas para esta boda real, el 29 de julio de 1981, una década signada por los jopos altos, los jeans nevados y los delineados profundos, tan atrás en el tiempo que abundaron los comentarios en redes respecto a la duración de la torta, muy superior a la de la pareja de Gales, que se divorció en 1996.
Con mazapán cubierto por un glaseado blanco, el pedazo de pastel -cuyo precio de subasta arrancó en 300 dólares- se vendió al comprador Gerry Laytonn, un coleccionista de Inglaterra, junto con papelería que incluyó el programa de la ceremonia de boda, un menú del desayuno conmemorativo y un plano de los asientos asignados para la recepción en el Palacio de Buckingham.


Basta con ver la inmensidad de adeptos que posee la serie “The Crown”(un drama histórico sobre el reinado de la Isabel II, que se emite por Netflix) para entender que Diana, la “princesa del pueblo”, sigue siendo objeto de culto y sus fanáticos están dispuestos a lo imposible por conseguir un “pedacito” de su ícono, aunque más no sea desde una óptica “nutricional”. En julio se había rematado por 20 mil euros un triciclo de la infancia de Lady Di.
Pero la princesa Diana (1961-1997) no es la única que ha demostrado despertar fanatismos extremos, si se piensa que un admirador de John Lennon decidió gastar hace 10 años poco más de 30 mil dólares por un diente con caries (sí, un molar cariado y amarillento) que el ex Beatle se había extraído con un dentista debido al dolor que le causaba. Y claro, el comprador era a su vez un odontólogo oriundo de Canadá.

Grabados eróticos


Mucho antes de que se pudieran enviar mensajes por WhatsApp o escribir en el muro de Facebook, las personas llamaban a un teléfono fijo y dejaban mensajes grabados en las contestadoras, y eso incluye también a la reina del pop, Madonna, que dejó varios audios “íntimos” a un ex novio, una serie de cassettes que se remataron en el año 2009 por 40.000 dólares.
La cantante le había enviado esos mensajes a su exguardaespaldas y amante James Albright, en los años 1992 y 1993, una serie de cintas de audio “con contenido erótico” que sumaban en total 17 minutos románticos, subastados por la casa Gotta Have it!.


Guitarras, vestidos, chaquetas, cartas de personajes famosos han sido subastados a lo largo de la historia pero son objetos demasiado “corrientes” para algunos fanáticos, como el que pagó un millón de dólares por la ropa interior (dos calzones, bah) de Michael Jackson: calzoncillos de la marca Calvin Klein que habían pertenecido al cantante pop pero que, además, fueron una prueba incautada tras uno de los escándalos de abuso sexual.


Son cinco las veces que cambió de manos un espeluznante objeto: el disco Double Fantasy que Lennon le firmó a su asesino Mark David Chapman, unas horas antes de que lo ejecute en la puerta de su edificio, el Dakota, frente al Central Park.
Chapman había esperado al músico en el frente de la vivienda, cuando le pidió que le firme el ejemplar del último álbum que Lennon acaba de editar. Era un 8 de diciembre de 1980 y unas horas después volvió a acercarse pero esta vez para descargar cinco tiros en uno de los músicos más admirados de todos los tiempos.

El disco, con su dedicatoria, firmado el trágico día. ,


El disco firmado lo había escondido en una de las macetas gigantes de la entrada de Dakota, donde fue encontrado esa noche por el vendedor original del álbum, quien lo guardó bajo su cama durante 18 años antes de venderlo en 1998.


La primera vez que se subastó el disco se pagaron 150.000 dólares, pero su valor aumentó con el paso del tiempo y en la última subasta, cambió de manos por 1,8 millones de dólares.
Otra icónica pieza es el vestido de Marilyn Monroe, con que le cantó “Happy Birthday” a John Kennedy, por el que un fan llegó a pagar 2,7 millones de dólares, probablemente no el mismo admirador que adquirió una radiografía de su tórax -cuando la rubia acudió a un chequeo médico- en 45.000 dólares.

La bella Marilyn y su hermoso vestido.


Más acá en el tiempo, Justin Bieber decidió subastar por eBay un mechón de pelo (con fines benéficos) que superó los 40 mil dólares mientras que Lady Gaga dio un concierto con uñas postizas que un trabajador del lugar luego encontró y subastó por 12.000 dólares.


En un marco histórico habría que ubicar la venta de dos cartas de menú del restaurante del Titanic, el transatlántico hundido en 1912, y por las que un comprador gastó 138 mil dólares. Bastante más que lo que costaba el propio menú, que ofrecía: champagne, foie gras, lenguado, cordero y carne asada, así como una selección de langostas frescas, camarones, arenques, y sardinas en escabeche


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