Desde el arcón de la historia

Tres anécdotas políticas grafícan el peso que ha tenido la dirigencia de Roca en la política, en diferentes épocas de su historia reciente.

31 ago 2018 - 00:00

• Recuerdo uno:

1985. Cuatro periodistas argentinos viajan a Brasil. Van invitados por el hombre que lideraba la transición de ese país a la democracia, José Sarney. Durante un almuerzo con el mandatario, Ricardo Kirschbaum -hoy editor de “Clarín”- le preguntó cuál era el pensamiento de Brasil en relación a un tema. Sarney sonrió. Antes de responderle, una reflexión: “Mire, cuando uno piensa en términos de Brasil debe recordar que está San Pablo... Porque en algunos temas está Brasil pero también está San Pablo, que no siempre piensa como el resto... Usted me entiende, ¿no?

El Estado de San Pablo. Hoy, más de 30 millones de habitantes. Con su ABC industrial. Por años, su PBI fue superior al de Argentina. Poder con personalidad propia, avenidas y recodos complejos, muy particulares. Entre los periodistas que hablaban con Sarney había un rionegrino. Reflexionó en silencio las palabras del mandatario y concluyó: “Salvando las distancias, como en Río Negro. Está Río Negro, pero está Roca...”.

• Recuerdo dos:

Sucedió un otoño de hace muchos otoños. Un Chevrolet ‘46 atraviesa el Alto Valle. Chapa oficial. Al volante, el viedmense Elmo Otero. Junto a él, Edgardo Castello, gobernador de Río Negro. Atrás, un joven escribano, funcionario de la Dirección de Minería. Costanzo de apellido. Remo, su nombre. Desarrollista. A su lado, un roquense, importante empresario frutícola. Castello rompe el silencio:

-¡Qué belleza estos álamos que se van quedando dorados, pelados! -dice mientras mira a un lado y otro de la ruta- ¡Miren cómo se filtra el sol entre los alamos! Hay algo de acuarela, de vitró... álamos como cúpulas de catedrales europeas...

Entonces, habló el empresario, desde el bolsillo. Calculó cuántos álamos había por hectárea. Los transformó en cajones. Siguió con el kilaje que albergarían. Y remató poniéndole precio: “Y esto es lo que importa para los rionegrinos, gobernador”, sentenció.

El escribano, un espíritu inquieto germinado en Viedma, sintió que era su turno.

-Bueno -dijo-, el gobernador sólo hizo un juicio de naturaleza estética... Los desarrollistas tenemos algo de florentinos... No todo es guita...

-¡Por supuesto Costanzo! -devolvió el empresario- Pero no me va a negar que Roca es la más linda del Alto Valle y que genera mucha riqueza para la provincia, mucha...

Elmo Otero carraspeó ronco, a modo de advertencia sobre la inconveniencia de que en su amado Chevrolet ‘46 se instalaran insufribles temas geopolíticos provinciales de vieja data.

• Recuerdo tres:

Atardecer del 20 de abril del 76, en Viedma. Desde hace un mes, Argentina está bajo bota militar. En la residencia de los gobernadores que ocupara por algo más de dos años el infante de Marina Aldo Luis Bachmann, atiende el teléfono. Es un hombre de estilo sereno, reflexivo. A horas de asumir como mandatario rionegrino de facto, atiende un llamado de un enojado Emilio Massera:

-¡Aldo, qué cagada te mandaste! ¡El ejército está recaliente con nosotros! Me habló el general Viola, Azpitarte, Vilas... todo el V Cuerpo está que arde con vos...

-¿De qué me estás hablando?...

-De que nombraste ministro a un tal Genoud y...

-Sí, Eduardo Genoud... para Agricultura y Ganadería. Es un empresario muy importante: fruta, industria, dirigente de cámaras del sector...

-¡Me importa un rábano todo eso! La cuestión es que estuvo metido en una milonga dura en época de Lanusse... y no sé qué pasó en un desfile que le dieron la espalda a la bandera cuando desfilaron tropas de Neuquén y metieron presa a mucha gente...

-¡Sí, sí, el Rocazo!

-¡Eso, eso! El Ejército que quedó con la sangre en el ojo, Aldo. ¡Pará esa designación! -chilló Massera.

-Pero es un hombre de la empresa privada, emprendedor...

-¡Rajalo Aldo! Para el Ejército este tipo en un trosko.

-Pero además Genoud es de Roca y...

-¿Y qué?

-Bueno, en Río Negro, Roca es Roca... poder económico, profesional, cultural...

Pero Eduardo Genoud no fue ministro.

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