Delirio setentista
Según el diario porteño Infobae, el jefe del Ejército Roberto Bendini no sólo discrepa con la voluntad oficial de reanudar los juicios por las violaciones de los derechos humanos por parte de los militares en el transcurso de la llamada guerra sucia, lo cual sería comprensible, sino que también cree que “pequeños grupos israelíes” disfrazados de turistas están preparándose para la conquista de la Patagonia, o sea, que está nuevamente en marcha aquel “Plan Andinia” que agitó a las mentes castrenses más febriles en los años setenta. Se trata de una patraña un poco menos extravagante que las favorecidas por quienes insisten en que UFOs piloteados por extraterrestres sobrevuelan la Patagonia con intenciones similares, pero mientras que los únicos que se sienten preocupados por el “peligro” así supuesto son los irremediablemente crédulos, las esporádicas alusiones a un hipotético “Plan Andinia” sirven para fomentar el antisemitismo, razón por la que sectores de la extrema derecha se esfuerzan por tomarlo en serio.
El general Bendini ha negado de forma tajante haber dicho las palabras que le fueron atribuidas, jurando que condenaba “cualquier tipo de expresiones discriminatorias de carácter religioso o político”, mientras que la investigación que ha emprendido el gobierno se concentrará en descubrir quiénes fueron los autores de lo que supone fue un operativo de prensa destinado a perjudicar a un hombre que es considerado cercano al presidente Néstor Kirchner. Con todo, aunque se confirmen las sospechas oficiales de que el jefe del Ejército ha sido víctima de una maniobra urdida por los deseosos de obligar al presidente a iniciar otra purga castrense, el mero hecho de que a fin de lograr su objetivo hayan optado por resucitar una fábula que en el pasado disfrutó de cierta popularidad entre los uniformados y grupúsculos ultraderechistas, algunos vinculados con el peronismo, es de por sí un síntoma inquietante. Cuando el gobierno abrió la caja de Pandora de los años setenta, dejó salir no meramente lo que quisiera reivindicar, sino también las fantasías que en aquel entonces obsesionaron a quienes, se supone, consideraría sus archienemigos.
Aunque el atractivo que para algunos tiene el “plan Andinia” se nutre principalmente del antisemitismo, que es uno de los rasgos distintivos del “nacionalismo” vernáculo -lo mismo que sus homólogos de Europa, sus cultores locales se han convencido de que los judíos son a un tiempo muy débiles e increíblemente poderosos-, también debe algo a la necesidad de que las Fuerzas Armadas cuenten con “hipótesis de conflicto” lo bastante alarmantes como para justificar su existencia. Puesto que nunca han estado en condiciones de enfrentarse con una gran potencia sin la ayuda decidida de otra, es sin duda natural que los estrategas militares y sus amigos civiles se hayan sentido constreñidos ya a pensar en alianzas tan poco probables como la imaginada por el general Leopoldo Fortunato Galtieri en la que Estados Unidos se solidarizaría con él contra el Reino Unido, ya a exagerar las amenazas a su entender planteadas por Chile o Brasil. En vista de que en la actualidad la idea de que un día la Argentina se encuentre en guerra con dichos vecinos parece absurda, no debería sorprendernos demasiado que ciertos militares retirados y, tal vez, algunos que aún están activos, hubieran elegido apuntar sus cañones virtuales hacia los israelíes o, según el informe de Infobae, hacia ONGs determinadas de inclinaciones belicosas que, parecería, se interesan por las reservas de agua potable patagónicas y lo que queda de la selva amazónica brasileña.
Para impedir que tales hipótesis rebuscadas cobren vida, le corresponde al gobierno asegurar que las Fuerzas Armadas tengan una función claramente definida. El presidente Carlos Menem solucionó el problema que les supuso a los militares la incertidumbre ocasionada por la pérdida del papel autoimpuesto de “reserva moral” de la Nación y por lo tanto gobierno de emergencia, alentando su participación en “fuerzas de paz” de la ONU en el exterior y haciendo del país una suerte de miembro honorario de la OTAN.
Por motivos políticos, el presidente Kirchner podría ser reacio a obrar del mismo modo, pero a menos que brinde a los militares un rol que sea importante y valioso, fantasías como las imputadas al general Bendini seguirán proliferando.