Demasiado peso en los hombros de Guzmán


La crisis va más allá de las competencias de un ministro. Demanda una respuesta política y un cuota de audacia que Alberto Fernández no parece en condiciones de ofrecer.


El ministro Martín Guzmán enfrenta el endemoniado desafío de generar un vuelco en las expectativas económicas y reconstruir algún grado de confianza en el rumbo del gobierno. Pero la crisis por la que transita la Argentina va más allá de las competencias de un ministro de Economía. Demanda una respuesta de naturaleza política y una cuota de audacia que hasta donde se ha visto el gobierno de Alberto Fernández no parece en condiciones de ofrecer.

Guzmán fue puesto al rescate de un naufragio en los días posteriores a la conmemoración del 17 de Octubre. Ese acto de la semana pasada en la CGT había sido pensado como una plataforma para fortalecer la figura de presidente y contribuir a un relanzamiento de su gestión. En la semana en la que el peronismo más reclamó su protagonismo, el presidente encomendó a Guzmán la responsabilidad de frenar la escalada del dólar paralelo.

El ministro anunció el lunes medidas para facilitar las operaciones con los dólares financieros, descomprimir la presión sobre el informal y bajar la brecha. Ese día el blue alcanzó otro récord y cerró a $181. Cuatro días más tarde, el viernes, había avanzado otros 14 pesos, hasta los $195. La brecha se amplió hasta el 150%.

El mercado le dio la espalda a Guzmán como lo había hecho a comienzos de octubre con las medidas para aumentar la oferta de dólares, por la vía de la baja de retenciones y otros estímulos a las exportaciones. La aceleración de la crisis cambiaria se había iniciado dos semanas antes, cuando el presidente accedió a los reclamos del titular del Central, Miguel Pesce, y autorizó, contra la opinión de Guzmán, una retención del 35% en las compras de dólar ahorro, un nuevo apretón al cepo para detener el drenaje de reservas. Hoy son cada vez más los economistas que estiman que las reservas líquidas del Banco Central habrían llegado a cero.

Es curioso que la elevación de Guzmán haya coincidido además con una crítica del FMI, hasta el momento su aliado, a la política económica. El director del Fondo para la región, Alejandro Werner, atribuyó el jueves a la “incertidumbre sobre las políticas domésticas” la fuerte caída de los bonos reestructurados de la deuda. Dos grupos de acreedores advirtieron ese día que las medidas implementadas después del canje “empeoraron en forma dramática la crisis del país”. Los cuestionamientos alcanzaron a la política cambiaria del debilitado presidente del Banco Central.

La presión sobre el ministro aumentó después de que trascendiera que el presidente lo emplazó a frenar la escalada del dólar y le reclamó que saliera a poner la cara en los medios. En dos entrevistas periodísticas, el viernes, Guzmán reiteró que el gobierno no va a devaluar y prometió un programa de reducción de la emisión y el déficit de mediano plazo. Pero el avance de los dólares financieros sólo se frenó con un pedido a las agencias de bolsa para que detuvieran las operaciones.


Nada le ha aportado el Frente a su objetivo de “tranquilizar” la economía. Cristina aparece indiferente y distante de un paisaje de acelerada descomposición.


Se ha puesto un enorme peso sobre los hombros de Guzmán. El ministro de Economía deberá cargar con las tensiones y contradicciones de una coalición de rumbo indescifrable, que se ha probado eficaz en las urnas pero impotente en la gestión de la crisis, y cuyo liderazgo no habita el palacio. Nada ha aportado al objetivo declarado por Guzmán de “tranquilizar” la economía argentina. Más bien lo contrario.

La vicepresidenta Cristina Kirchner aparece indiferente y distante de este paisaje de acelerada descomposición. La discusión, el viernes en la comisión de Justicia del Senado, de una iniciativa para desplazar al procurador la ubica casi en un universo paralelo.

Esta semana fue beneficiada con la decisión de la Oficina Anticorrupción de abandonar las querellas en las causas en su contra. Cualquiera sea la decisión que adopte la Corte Suprema de Justicia en torno al desplazamiento de los jueces que la procesaron o debían juzgarla devolverá por una horas a la expresidenta al centro del escenario. Acaso también el aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, este martes. Pero como muestra la historia, ante a una catástrofe, ella se hará invisible.


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