Demasiado pronto para buenas noticias



Breves, pero hubo aplausos que pisaron el anuncio del presidente Mauricio Macri el jueves en el Salón Blanco. No se advirtió en la transmisión de dónde surgieron, pero obligó a todos los gobernadores invitados al acto a sumarse a la aprobación. Es cierto que la rebaja en los aportes patronales que anunció el presidente, prevista en el acuerdo fiscal, favorece a las economías regionales y ofrece un poco de alivio para los productores en un contexto de agobio fiscal. Pero hay que estar atentos al regreso de las expresiones de autoelogio en la Casa Rosada. Nunca son un buen indicador.


El presidente prometió en ese mismo acto el lanzamiento de una agenda productiva en la que, dijo, el gobierno trabajará durante todo el año. El proyecto de un amplio blanqueo laboral negociado con la oposición será probablemente uno de los anuncios de su mensaje de apertura de las sesiones del Congreso (la Argentina es el país de la región donde más creció la informalidad en el 2018, según la Cepal). Sin embargo, el esfuerzo del gobierno por instalar una agenda positiva en el arranque del año electoral parece precipitado: presenta un escenario de recuperación que los analistas no esperan sino hasta el último trimestre del año. La economía real aún está bajo los efectos del ajuste –la industria se desplomó un 14,7% en diciembre y trabaja a la mitad de su capacidad; la construcción cayó ese mismo mes un 20,5%– y no está claro dónde está el piso de la recesión. Demasiado temprano para intentar dar buenas noticias.

El esfuerzo por instalar una agenda positiva parece precipitado: presenta un escenario de recuperación que los analistas no esperan sino hasta el último trimestre del año.


El mismo mecanismo habría llevado al presidente a sostener que la inflación está bajando, como aseguró en una entrevista con una radio de San Luis. El Indec lo desmintió al día siguiente, cuando marcó una suba de 2,9% en el índice de precios de enero (0,3 punto más que en diciembre) y una inflación interanual del 49,3%, la más alta de casi tres décadas. El calendario de publicaciones del Indec se conoce los primeros días de cada año. Macri debería haber sido informado sobre la inminencia del nuevo dato. Es más grave si su equipo lo persuadió de que la inflación ahora mismo está cediendo.


A las pocas horas economistas de todo signo proyectaron un índice de precios de 3% para febrero y coincidieron en que se mantendrá en estos registros hasta por lo menos junio, empujado por los aumentos en las tarifas reguladas del transporte, gas, electricidad y otros. En el índice de enero ya se vio reflejado lo que cualquier consumidor registra en las góndolas: la incontrolable suba en el precio de alimentos, que alcanzó el 3,4%, 0,5 puntos por encima del nivel general, un dato clave en la formación de la canasta que mide la pobreza. La ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, advirtió que el índice del segundo semestre del 2018 que se conocerá en marzo “puede ser un poco peor que el anterior”. Peor que el 27,3% de pobres de los primeros seis meses, 11 millones de personas.
En los tres años de Cambiemos la inflación alcanza a un 160%. Si se proyecta el 30% estimado para este año, el mandato de Macri cerraría con un alza del costo de vida de un 230%. El poder del salario cayó más de 11 puntos en el 2018 y más de 16 puntos en lo que va de la gestión, según el Ministerio de Trabajo. Aún es difícil pronosticar qué suerte correrán los ingresos este año.

El mismo mecanismo habría llevado al presidente a sostener que la inflación está bajando, como aseguró en una entrevista con una radio de San Luis. El Indec lo desmintió.


Un trabajo de Ricardo Rouvier de la segunda semana de febrero indica que la principal preocupación de los argentinos es la inflación. Le siguen los salarios y la pobreza y recién después la inseguridad, donde ha puesto el acento el gobierno. La encuesta dice que las cuestiones asociadas a la marcha de la economía –inflación, salarios, recesión, desocupación, deuda– dominan las inquietudes de los argentinos. Y más del 70% cree que el gobierno no logrará resolver esos dilemas. La mayor fortaleza del presidente reside en el terreno institucional: un 30% de los encuestados confía en que el gobierno está dando soluciones al problema de la corrupción.


La imagen del presidente (40,1 positiva) y la evaluación del gobierno nacional (37,4) por otra parte se mantienen estables. ¿Podrá Macri evitar en octubre que se lo juzgue por la economía?


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