Deporte y cultura para la transformación
COLUMNISTAS
La ciudad de Neuquén registra un pasivo social visible en pocas cifras. Más de la mitad de los ciudadanos menores de 18 años abandonan su relación con el sistema de educación formal antes de terminar el Nivel Medio. El mercado laboral sufre desbalances, producto de la distancia evidente entre la capacitación de quienes buscan empleo y los requerimientos de un mercado cada vez más exigente. La ausencia de políticas deportivas y culturales colabora por omisión con la segregación social, la crispación, la discriminación y la marginalidad de aquellos sectores que no acceden al precio de equilibrio del ámbito privado. Al tiempo que las alternativas disminuyen, la oferta, la publicidad y el modelo de éxito ligado a la obtención de bienes materiales propio de la sociedad de consumo resienten aún más la relación entre los incluidos y los excluidos y aumenta las posibilidades de violencia y tensión social. Como agravante, el flujo migratorio hacia la zona aumenta en directa relación con las expectativas que la economía regional genera en torno al potencial de la industria hidrocarburífera.
Las políticas subsidiarias y el clientelismo son dos flagelos que desmerecen la cultura del trabajo, fomentan una relación económica permanente y viciosa entre el Estado y los ciudadanos y alimentan el crecimiento de sectores marginales cuyos núcleos familiares se fracturan producto de la intervención de factores como el desempleo, las adicciones, la delincuencia y la violencia. A este marco socioeconómico debemos agregar la incapacidad del mercado para satisfacer las demandas de quienes no alcanzan ingresos suficientes para incorporarse a la oferta de servicios deportivos y culturales. Al mismo tiempo, la infraestructura existente a tales fines se encuentra geográficamente concentrada y es de difícil acceso para quienes viven en las zonas más alejadas del casco céntrico.
Al cuadro mencionado debemos agregar el acuciante problema de inseguridad que vive nuestra ciudad. Interpretar como una relación directamente proporcional exclusión con inseguridad es por lo menos una simplificación sesgada del problema. Aunque debemos admitir que la necesidad y la exclusión generan las condiciones de posibilidad para que grupos delictivos pretendan cooptar a nuestros jóvenes que no encuentran alternativas.
La situación admite, con todo, una posibilidad histórica en materia de recursos disponibles. Los ingresos extraordinarios por regalías provenientes de la explotación hidrocarburífera permiten pensar como posibles inversiones estructurales en diversos sentidos. Entre ellos, la infraestructura concebida como inversión es menester a todo desarrollo ulterior que pretenda hacer del progreso humano una realidad ostensible. Al capital económico y financiero debemos agregar el social, expresado en la actividad cotidiana de líderes deportivos, docentes, organizaciones no gubernamentales y agrupaciones solidarias que día a día trabajan en la contención y formación de nuestros jóvenes en toda la extensión territorial de la ciudad.
Un buen punto de partida será sin dudas concebir el deporte y la cultura como actividades que trascienden el mero esparcimiento y permiten recuperar el proceso socializador, la construcción de valores compartidos y el sentido de pertenencia que exige, de suyo, cualquier sociedad que pretenda convivir pacíficamente. El buen uso del tiempo libre, aunque no se circunscribe sólo al deporte y la cultura y no es en modo alguno suficiente, genera, sin embargo, el ámbito propicio para que la relación entre los ciudadanos se sustente en la correspondencia de lazos solidarios, afecto mutuo y espíritu comunitario. El acceso al deporte y la cultura mejora las condiciones de integración y realización personal de los ciudadanos y sienta las bases para hacer de la prevención una norma y de la remediación una excepción.
Bajo este cuadro de situación, que incluye debilidades y fortalezas, el Estado municipal debe trascender su rol asistencial y asumir como necesidad, al mismo tiempo urgente e importante, la creación de nuevos ámbitos deportivos y culturales de acceso público y gratuito. La igualación de oportunidades le concierne en tanto obligación legal, política y moral reclamada por las circunstancias. Sobre esa base y en términos presupuestarios, las erogaciones en materia de políticas deportivas y culturales debe asumirse no como gasto sino como inversión. El acceso al deporte y la cultura de los jóvenes de hoy significa una disminución proporcional de los, ahora sí, gastos en salud, reinserción y subsidios futuros.
Si éstas son las premisas de partida, la conclusión no puede ser sino una fuerte apuesta a la construcción de infraestructura, geográficamente localizada en aquellos sectores cuya situación socioeconómica requiere de un Estado promotor y articulador de políticas públicas activas que apunten a integrar a los neuquinos bajo una misma categoría ciudadana.
GASTÓN CONTARDI
Presidente del bloque de concejales de la UCR. Neuquén
GASTÓN CONTARDI