El bote más austral de la Regata recorrió 2.000 kilómetros para ser parte de la edición dorada
Desde Río Gallegos, Julio Millalonco e Irma Montiel se sumaron a la Regata de los 50 años y cuentan cómo es la experiencia de entrenar con mucho frío a competir con temperaturas de más de 35°.
Hace poco más de diez años, Julio Millalonco e Irma Montiel se enteraron de una Regata que tenía cientos de kilómetros de competencia, que empezaba en una provincia y cruzaba toda la geografía de otra, y que duraba toda una semana.
Se compraron un bote que ellos creían que les serviría para correr este tipo de pruebas, subieron todo lo que pudieron en una camioneta y se embarcaron a la aventura, que arrancaba en el mismo momento que pisaban la ruta.
Así comenzó aquella vez, el viaje de Julio e Irma desde Río Gallegos a la Regata. Una pareja a la que está claro, no le preocupan los kilómetros. Fueron 2.000 (de ida) hasta llegar a destino y cerca de 300 por el río, de Neuquén a Viedma, para disputar la prueba de maratón más larga del mundo.
“Volvimos al río después de dos años, no podíamos faltar a la edición de oro”, nos cuenta Julio luego de llegar a Paso Córdoba junto a su esposa y compañera.
El viaje desde el sur fue largo, marcado en el contraste entre el frío de Río Gallegos y el calor que domina por estos días el escenario de la carrera. “Lo máximo de temperatura que tenemos allá en verano son 20 grados… Acá debemos correr con 35°, o más. Cuesta un poco aclimatarse, pero a nosotros nos encanta venir”, afirma Irma.

La Regata es un punto de encuentro de amistades y buena energía. Sus hijos, que los acompañan, ya habían asistido de pequeños. Recuerdan su primera travesía en 2015, con un bote pesado y remos de aluminio. “Terminamos con las manos todas rotas, fue larguísima la carrera, se nos hizo eterna… Pero aprendimos de eso y cada vez que podemos, volvemos. Con esta ya van 8 regatas…”, dice Julio con orgullo.
Son la embarcación más austral que alguna vez ha corrido la travesía, a la que promocionan cada vez que pueden en su provincia, Santa Cruz. “Todos nos preguntan cómo es, si vale la pena. Nosotros les decimos que esto es hermoso, pero los asusta las distancias además de tener que prepararse en el frío para correr”.
“Nosotros entrenamos en la ría de Gallegos, que es un gran estuario donde el río se une al Atlántico. El tema es que casi siempre corre mucho viento y no se puede salir a navegar. Además hay que tener en cuenta las mareas porque te pueden arrastrar a mar abierto…”, cuenta Julio sobre las dificultades de entrenar en Gallegos, donde deben tener una vestimenta especial para protegerse del frío.
“Cuando venimos para acá aprovechamos el sol, el agua, poder remar sin problemas… Esperamos venir el año que viene también porque uno de nuestros dos chicos, que ya tiene 18, la quiere correr. Así vamos a seguir siendo parte de la Regata”.
Hace poco más de diez años, Julio Millalonco e Irma Montiel se enteraron de una Regata que tenía cientos de kilómetros de competencia, que empezaba en una provincia y cruzaba toda la geografía de otra, y que duraba toda una semana.
Se compraron un bote que ellos creían que les serviría para correr este tipo de pruebas, subieron todo lo que pudieron en una camioneta y se embarcaron a la aventura, que arrancaba en el mismo momento que pisaban la ruta.
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