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Descubrió el yoga en Bariloche y hoy tiene uno de los mejores retiros espirituales del mundo

Síntesis, delicadeza y sofisticación japonesa resumen el carácter estético de este "studio yoga" en Uruguay.

Producción: Horacio Lara, hlara@rionegro.com.ar

A cinco minutos de José Ignacio, en Punta del Este, se ubica Las Musas, un destino que propone experiencias para nutrir el alma y despertar el espíritu creativo. Cinco hectáreas de monte nativo, dos villas de exquisita arquitectura, uno de los primeros viñedos oceánicos del Uruguay en el que se cultivan las uvas Tannat y Merlot, base esencial de un vino de alta personalidad. Y, un estudio de yoga de madera que flota sobre el agua de una laguna, seleccionado por la editorial Taschen en su libro Great Escapes Yoga, The Retreat Book entre los retiros más exquisitos y reparadores del mundo.


Una escena cotidiana en el studio yoga de Las Musas, en Punta del Este.

Detrás de este paraíso terrenal está Sandra Perelmuter, mujer visionaria, de fuertes convicciones. Guiada por su pasión por el diseño, el yoga y los placeres epicúreos, creó Las Musas para abrir nuevos caminos donde lo humano abraza aquello que ilumina el espíritu. Aquí despliega su deseo de compartir experiencias en donde el cuidado amoroso está presente en los más mínimos detalles. Retiros, clases de yoga, prácticas de meditación a la luz de la luna, conciertos de música entre otras actividades que propician el reencuentro interior. Eso, en esencia, es Las Musas.

Sandra Perelmuter podría haber sido una mujer de números. El legado familiar de ingeniería y construcción transmitido por su padre, Luis, un exitoso desarrollador urbano, fue hilvanando una historia que parecía estar marcada. “Uno no sólo tiene que ser bueno en lo que hace, sino que además tiene que ser feliz con ello”, desliza como si fuera un mantra en voz baja y así se comprende cabalmente esa búsqueda que comenzó en la profundidad de la Patagonia, donde viviría un tiempo.

“Yo era una chica de ciudad, muy porteña y en 1989 me fui con unas amigas a Bariloche a hacer algunos refugios y me enamoré del lugar inmediatamente. Entonces, volvió a Buenos Aires a buscar mis cosas para instalarme ahí en el sur. Estuve un año y me volvió a Buenos Aires a estudiar psicología. En todo ese tiempo me di cuenta que quería hacer un cambio importancia en mi vida. Con otros tiempos e intereses y con una especial conexión con la naturaleza hizo virar por completo mi búsqueda”, comenta Sandra a Río Negro.

“Y el yoga comenzó ahí. Queriendo encontrar desde el cuerpo una profundidad distinta a las que podían proporcionar otros tipos de técnicas de movimiento. Practico siempre, nunca quise ser profesora”, agrega.


Síntesis, delicadeza y sofisticación japonesa resumen el carácter estético del proyecto.

En el 2000 Sandra vuelve a Bariloche casada con quien “tenía un link muy especial con esta ciudad rionegrina. Nos hicimos una casita que era para veraneo y época de ski. Fue nuestro lugar en el mundo durante 15 años. Hicimos muchísimas amistades que conservo y cultivo hasta el día de hoy”, apunta a “Río Negro”.

En ese año comienza su proyecto en Punta del Este, donde vive al día de hoy. “De todos modos, si bien he perdido la cotidianeidad con Bariloche la sigo llevando siempre en mi corazón”, confiesa.

En esa época encuentra en el yoga el inicio de otro viaje, esta vez hacia su interior que abrió puertas, encausó una búsqueda. Tailandia, Cerdeña, La India y la Toscana, Big Sur y el desierto de Atacama... Sandra recorrió el mundo degustando hoteles y yoga retreats, descubriendo en ellos detalles de hospitalidad y profundizando en el camino del nuevo lujo, que tiene que ver menos con brillos y estridencias y más con una capacidad para agasajar a sus huéspedes, pero sobre todo, con ser guía e inspiración hacia el encuentro del bienestar. “Crear un destino que convoque a esa inagotable fuente de vitalidad, de inspiración y creatividad que nos hacen únicos y libres”, admite Sandra, quien reconoce de su madre Sarita ese saboir faire tan especial que se puede palpar en Las Musas.

Puntos a destacar desde lo arquitectónico:

Los paneles fotovoltaicos que fomentan las energías renovables; el diseño y la arquitectura de las villas amigables con el entorno; el cultivo de frutos, hortalizas y aromáticas en una huerta 100% orgánica. Las prácticas sustentables y de preservación natural es la filosofía del lugar.

Como flotando sobre el agua del tajamar (“acá en el Este se le dice tajamar a las lagunas”, ayuda Sandra) fue diseñado en madera con ventanales que se abren hacia el paisaje (fusuma en japonés). Con una superficie de 100 m2 tiene capacidad para albergar treinta personas.

Nacido en Chile y con gran prestigio internacional, Mathias Klotz es uno de los protagonistas del proyecto arquitectónico de Las Musas. Junto a la arquitecta Carolina Pedroni le dieron forma y poesía. “Las Musas es un lugar proyectado y construido con amor por un conjunto de profesionales y trabajadores dedicados. Juntos logramos una atmósfera de paz y armonía que alimenta el crecimiento de quienes lo viven. Un privilegio para mí ser parte del proceso”, comentó Klotz.

“Klotz es el rock start de la arquitectura de esta época. Lo suyo es impactante siempre. Fue concebido desde el vamos como un estudio para hacer yoga: por ahí pasa también el diferencial de esta obra, creo. La sala de yoga es el corazón de este proyecto que invita a la espiritualidad y lo sensible”, apunta Sandra a este diario. Al mismo tiempo se considera, sin falsa modestia, que al crear este lugar fue algo visionaria en lo que luego vendría con el Covid 19. “Hace años que venía registrando que las ciudades se estaban volviendo tóxicos y que había que crear pulmones para respirar nuevos aires. Algo así como un detox. La conexión con la tierra, el cielo y el agua, en esta obra, está lograda. La pandemia me confirmó mucho de esto que te digo”, expresa.

Síntesis, delicadeza y sofisticación japonesa resumen el carácter estético del proyecto.

Los materiales: hormigón, piedra y madera forjan volúmenes abstractos revestidos en un sistema de palillaje de madera de lapacho.

Paisajismo: la idea en todo momento fue preservar el bosque nativo, respetar el legado de paisaje rural, recuperar especies autóctonas. Con ese objetivo de cuidadosa intervención en un paisaje de cinco hectáreas fue convocado Roberto Mulieri, prestigioso paisajista. Un gran hallazgo de su tarea para recuperar la belleza del entorno, diseñar las pasarelas que se sumergen y recuperar el deleite sensorial del monte autóctono.

“El yoga me ha hecho tan feliz que quiso compatirlo”. Sandra recurre a esta frase de Iyengar, uno de los maestros de yoga más importantes del mundo, para cerrar la charla y el concepto de su obra en Uruguay.

Las fotos de esta producción: Roland Halbe


Panorámica que da una perspectiva del lugar donde se enclava Las Musas.


Sandra, en un extremo del deck del studio yoga, mañanas atrás.

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