“Vaca Muerta era el Far West”: Claudia Faena y la aventura de diseñar un hotel pionero en Añelo, el corazón petrolero de Neuquén

Arquitecta y hermana del famoso desarrollador Alan Faena, trabajaron juntos en el hotel en Puerto Madero pero construyó su propio e inspirador camino en el diseño y el interiorismo. Cómo fue el desafío de transformar containers en un refugio de vanguardia en medio del viento y la aridez de la Patagonia, donde luego se instaló la réplica del toro de Wall Street.

Por Javier Avena

La arquitecta Claudia Faena en Vaca Muerta. Detrás, el hotel en Añelo.

“Esto parece el Far West”. Eso recuerda que pensó Claudia Faena al llegar a Añelo y dar sus primeros pasos en el corazón de Vaca Muerta, esa inmensa formación geológica que cambió en lo profundo el mapa productivo de la Patagonia y que proyecta desde Neuquén su influencia en la economía argentina. Pero detrás de esa visión macro hay cientos de historias que tienen como escenario a aquel plácido pueblo agrícola que en un pestañeo se convirtió en la meca de la industria petrolera, con el desembarco de camionetas y camiones que traquetean los caminos, máquinas que miden su peso en toneladas y su valor en millones de dólares, miles de profesionales y operarios que vienen y se van cada día en micros y combis, otros que se afincan y no es fácil encontrar dónde y otros que llegan sin empleo ni vivienda con la familia a cuestas con la esperanza de que esa prosperidad a la vista les derrame algo parecido a un futuro.


De Buenos Aires a Añelo

Una de esas historias ocurrió antes de que el desembarco fuera masivo y es la de una arquitecta de la que no podría decirse que le faltara mundo cuando fue contratada para que le diera su impronta a un eco hotel pionero en Añelo.

Graduada en la UBA, había trabajado codo a codo con su hermano Alan (toda una celebridad de los desarrollos inmobiliarios) como jefa de Diseño del Faena Group, había compartido proyectos con estrellas de los estudios liderados por Starck, Foster y Zaha Hadid, había sido premiada en el país y en el exterior, había desarrollado campañas de identidad de marcas en Nueva York y presentado sus mobiliarios en Milán y había abogado por la visibilización de los trabajos de las arquitectas antes de aquella primera vez neuquina de la que recuerda cada detalle.

-Estaba el hotel y nada más alrededor, excepto las grúas. Y el viento, que soplaba y soplaba -dice en una charla telefónica desde Expo Construir, un encuentro del sector en Buenos Aires.

El hotel en Añelo fue construido con containers y estructura de tubing.

Aquella sensación, la del far west, no se la generó el pueblo alrededor de la Ruta Provincial 7 hoy transformada en avenida urbana, ni sus casas antiguas, ni su origen agrícola que aún encuentra formas de perdurar.

Era lo que veía arriba, en la meseta, ese horizonte árido que se extendía con equipos de perforación asomados, ese viento como nunca había sentido otro, esa polvareda, esos cardos que rodaban en las calles de tierra como en un western, aquello que pensó como la pequeñez humana ante tanta naturaleza indómita y el despliegue gigantesco de una industria que para hacer mover el mundo necesita extraer lo que guarda en sus entrañas. Y en el medio de todo eso, solitario, un hotel y una misión.

Corría el 2019 y por entonces Claudia Faena se aprestaba a darle su sello: el interiorismo y el concepto, incluido el gráfico, del Eco Hotel, pensado en aquella meseta en base a containers de acero inoxidable y estructura de tubing, aislación térmica y paneles sustentables.

Había llegado hasta allí contratada por Daniel Carrizo, un mendocino que supo ver lo que venía y se animó con este emprendimiento.

-Me entusiasmó el desafío, era algo distinto a todo -recuerda Claudia.


Manos a la obra

Luego del asombro inicial, influida por ese impacto, la arquitecta se dispuso a darle forma a cada detalle del hotel que se implanta en el paisaje en expansión. Hacia el exterior, los paños espejados captan el cielo y el horizonte, un efecto que desdibuja y hace que el edificio se funda con el entorno cambiante: la arquitectura aparece y desaparece según la luz.

Buscó, explica, transformar esa aridez en un espacio acogedor: techos que reinterpretan las ondas del viento, colores que suavizan el paisaje desértico y módulos que se expanden como pequeñas comunidades. 

El interior del hotel.

-Todo ese revestimiento en el cielorraso hablaba de ese primer impacto que tuve, esa cosa desolada, árida y de viento. Entonces dije, ‘vamos a transformarlo en algo lindo y estético’. Y eso hice con el techo- relata la arquitecta Faena. 

Con el tiempo, el hotel se expandió con nuevos módulos y espacios de encuentro, como una cancha de fútbol y un área de coworking.

Zona de coworking.

El toro de Wall Street en Vaca Muerta

Al terminar el trabajo, la arquitecta dejó previsto el lugar en una plazoleta frente al hotel donde el emprendedor mendocino instalaría una réplica de tres toneladas del famoso toro de Wall Street, ese que según la leyenda promete buena suerte en los negocios si se lo toca en el lugar adecuado.

La réplica del toro de Wall Street y detrás el hotel. Foto: Javier Avena

Fue instalada en junio del 2025 y el intendente de Añelo Fernando Banderet lo dejó claro con todas las letras el lugar en la plaqueta colocada a tres metros el 22 de agosto de ese año: «Tocarle los huevos al toro representa atreverse a desafiar al poder y la riqueza, ser audaz y atraer buena suerte. Es un símbolo de confianza frente a los grandes desafíos financieros».

Ahora la arquitecta sonríe desde Expo Construir al escuchar la frase: en Añelo es todo tan literal que no hay espacio para metáforas. Con ese mismo grupo empresarial tiene previsto un nuevo proyecto: hotel y villas en una zona de viñedos en Valle de Uco, el corazón bodeguero de Mendoza. Pasará de la adrenalina de Vaca Muerta a la paz de las montañas.


Sudeste asiático: la alegría como religión

Pero después de Neuquén y antes que Mendoza, un viaje al sudeste asiático le aportó a Claudia Faena un costado espiritual a su búsqueda arquitectónica

Allí descubrió que la alegría es considerada una forma de educación y respeto, y que la organización comunitaria convierte lo doméstico en sagrado. La asombró ver cómo las casas se expanden con cada nuevo miembro de la familia y cómo los arrozales, cuidados por generaciones, se convierten en patrimonio colectivo.

Claudia Faena entre arrozales en Bali,

Su estudio del Feng Shui y de culturas milenarias le permitió comprender cómo la arquitectura puede ser vehículo de pertenencia y alegría, ética y comunitaria. Y que lo doméstico puede elevarse a lo trascendente.

-Siempre bregué por eso. Verlo fue conmovedor -dice Claudia. De fondo, se escucha el rumor de Expo Construir.


Arquitectura modular

La arquitecta defiende la construcción modular como una forma de democratizar el acceso a la vivienda y al bienestar.  Desde los containers del hotel de Añelo hasta sus proyectos de doble altura en los años noventa, explica, su objetivo ha sido que más personas puedan habitar espacios que transmitan alegría y descanso. 

El sistema exprés que desarrolló su estudio, en este caso en un departamento en Buenos Aires.

En sus proyectos de vivienda modular en Buenos Aires, ofrecía unidades vacías de doble altura para que cada residente pudiera decidir cómo instalar baños y cocinas, incluso añadir entrepisos. 

La idea era abaratar costos iniciales y dar libertad de personalización. El diseño, cree, debe trascender la especulación inmobiliaria y enfocarse en el usuario: “La verdadera rentabilidad está en crear lugares accesibles, diferentes y humanos”.


Recuerdos de Vaca Muerta

«¿Qué recuerdos le dejó Vaca Muerta?¿Qué sintió en aquellos días que no olvidó? «El viento, esas extensiones desérticas, esa fuerza de la tierra. Sentí que es un lugar donde la naturaleza puede con el ser humano. Que se impone y que el ser humano tiene que protegerse o cobijarse«, dice.

Vista aérea del hotel.

Arquitecta Claudia Faena.

Y más: «Es un lugar que te hace tomar escala de que el ser humano es simplemente una parte de toda la historia y no la historia misma, como a veces la contamos. Y me parece que eso tiene que ver mucho con esta forma de ver la arquitectura y de construir en relación a la naturaleza, con sus reglas y con respeto. Me parece que es una latitud salvaje, y eso la hace muy interesante: quedan pocos lugares salvajes en la Tierra.


Alan Faena y la hermandad creativa y de la vida

¿Cómo evolucionó con los años el vínculo con su hermano Alan, en qué punto está hoy? «Estamos en el mejor momento de nuestra relación, porque creo que cada uno evolucionó y llegamos a lugares parecidos con un recorrido distinto pero también similar, de búsqueda, de superación, de no dejarse derribar, de creer que siempre lo mejor está por llegar», responde Claudia.

Claudia, con sus hermanos Alan y Gustavo.

El punto de partida fue el Hotel Faena en Puerto Madero, cuando ella, que venía del mundo de la construcción, sumó su mirada a la de él, que venía del mundo textil y empezaba a perfilarse como una celebridad internacional de los desarrollos inmobiliarios.

¿Se ayudan, se consultan? «Sí, siempre es lindo tener a alguien inteligente y a quien respetas y más si es tu hermano cerca para cambiar ideas. Tenemos esa hermandad de actuar, de llamarnos aunque vivamos lejos y decirnos ‘mirá, me pasó esto, qué opinas’, en todos los aspectos de la vida, no solo en lo profesional».


Mini bío

  • Claudia Faena se graduó en la UBA. Su estudio se dedica hace más de 25 años a proyectos de urbanismo, arquitectura, interiorismo, diseño de mobiliario y objetos.
  • La arquitecta participó en desarrollos junto a los estudios de Philippe Starck, Norman Foster y Zaha Hadid.
  • Como directora creativa diseñó identidades de marcas en Nueva York y realizó interiores de hoteles, oficinas y departamentos en Buenos Aires
  • En el campo artístico, realizó investigaciones sobre frecuencias energéticas y sus expresiones visuales aplicándolas a los espacios diseñados por el estudio. 
    Premios y participaciones nacionales e internacionales:
  • Premio Anual de Arquitectura por su edificio en la calle Santos Dumont.
  • Edificio Ortega y Gasset 1710; seleccionado entre los 10 mejores de los 90 por el Premio Década 2006
  • Bienal Internacional de Arquitectura (2017): premio por su aporte al interiorismo. 
  • Salón del Mueble de Milán 2018: presentación de línea de mobiliario junto a Fontenla representando a la Argentina.
  • Primer Premio Excelencia Clarín en Interiorismo 2025
  • Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires. Integra la comisión directiva.
  • Soy Arquitecta y MRE Mujeres en Real Estate: Co creadora.
  • Un día, Una Arquitecta: Editora.

Contacto: https://www.claudiafaena.studio/


La arquitecta Claudia Faena en Vaca Muerta. Detrás, el hotel en Añelo.

“Esto parece el Far West”. Eso recuerda que pensó Claudia Faena al llegar a Añelo y dar sus primeros pasos en el corazón de Vaca Muerta, esa inmensa formación geológica que cambió en lo profundo el mapa productivo de la Patagonia y que proyecta desde Neuquén su influencia en la economía argentina. Pero detrás de esa visión macro hay cientos de historias que tienen como escenario a aquel plácido pueblo agrícola que en un pestañeo se convirtió en la meca de la industria petrolera, con el desembarco de camionetas y camiones que traquetean los caminos, máquinas que miden su peso en toneladas y su valor en millones de dólares, miles de profesionales y operarios que vienen y se van cada día en micros y combis, otros que se afincan y no es fácil encontrar dónde y otros que llegan sin empleo ni vivienda con la familia a cuestas con la esperanza de que esa prosperidad a la vista les derrame algo parecido a un futuro.

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