Deudas viejas, anuncios nuevos

“La solución no depende de Río Negro”, declaró Weretilneck. Alerta que el gobierno poco puede hacer. Mala señal. La limitación es real y ciertas carencias responden a condiciones nacionales –como el presente debate por Ganancias– pero, también, a la deficiencia provincial.

“Mejorar la calidad del gasto salarial es una deuda”, admite el gobernador. Es una mea culpa. Los tibios intentos de correcciones siempre se paralizaron por sus órdenes.

La última expedición al desorbitado terreno de las inasistencias docentes de la secretaria de la Función Pública, Isabel Tipping, se frustró cuando la ministra Mónica Silva cuestionó el método. Vuelven otras revistas desertadas, como en guardias médicas y becas. Ernesto Pallailef quedó jaqueado en Desarrollo Social cuando se supo de un registro de 1.500 asignaciones. Se anunció su erradicación. Aquella nómina supera hoy las 2.000 becas y emergió otra meta: su reducción a un millar (con 350 que pasarán a contratos).

Todas son miradas obligadas para verificar y controlar fugas en la partida de salarios. Absoluta reina de las erogaciones públicas.

El gobernador apuntaló a Fabián Galli con los recambios en su cartera. Apartó a la secretaria Viviana Pereyra (iría a la Agencia de Adicciones, de Gobierno) y habrá más partidas (posiblemente, el secretario de Administración, Mario Sánchez). Afianzado, el ministro tiene su oportunidad (¿la última?) para ordenar e intentar alguna política social. Fue el pedido del gobernador. Su real ponderación está en la exhibición de planes, más allá de sus resultados. Por eso, la promocionada reforma secundaria es un dilema para Weretilneck: mostraría transformación, pero su avance está en peligro. La Unter no quiere su aplicación en el 2017.

Consciente, el gobernador propuso una aplicación parcial. Mantiene la acción, propone consenso a la Unter y reduce el impacto salarial. Pero tendrá que convencer a la ministra Silva, que descree de su implementación en etapas, y debería ser antes del martes o miércoles cuando ambos reciban a la flamante conducción del gremio, liderada por Patricia Cetera.

Tampoco la estrechez financiera puede inmovilizarlo. Entonces, se redacta la emisión de los bonos para obras, que llegaría a los 500 millones de dólares. Su aprobación legislativa se prevé para antes de fin de año. Allí, otra vez, el FpV votaría dividido, producto de su conversión y vacío de dominio. El senador Miguel Pichetto se retiró de Río Negro y Martín Soria sólo se ajusta a su camino, confiando en su crecimiento.

El resto de la oposición está igual de turbada. La arista Magdalena Odarda –que persiste con un alta imagen– quedó desarticulada después de la frustrante alianza con radicales disidentes en la creación del Frente Progresista.

Cambiemos tiene urgencias parecidas, pero terribles dispersiones. Hay pretendidos polos de poder. No hay indicios de la prometida edificación de vínculos de la UCR, que lidera Darío Berardi, y el Pro, representado por el diputado Sergio Wisky y movilizado por Juan Martín, enfocado en su armado.

Además, cinco intendentes radicales –Mariano Levin de Fernández Oro, Víctor Mansilla de Darwin, Miguel Martínez de Huergo, Yamil Direne de Valcheta y Nelson Iribarren de Sierra Grande– se juntaron en la búsqueda de una metodología y representatividad. Ponen en aviso a la orgánica radical y algunos también a Weretilneck. Ese grupo declara además la participación de Hugo Funes (Chimpay), Ángel Zingoni (Guardia Mitre) y Aníbal Tortoriello (Cipolletti). Pero el cipoleño prefirió un asado con históricos radicales (Bautista Mendioroz, Fernando Chironi, José L. Rodríguez y Mario De Rege, entre otros) y justicialistas (como Remo y Gustavo Costanzo), quienes piensan su alineamiento al macrismo.

Una muestra de un instante, pero la política tiene su proceso, a pesar que algunos futuros ya no son materia de tiempo.

Weretilneck reedita frustradas revisiones del gasto salarial frente a la nueva crisis. Hace mea culpa pero los tibios cambios se paralizaron siempre por órdenes suyas.

La oposición atraviesa su propia crisis. Peronistas, radicales, Cambiemos y ARI se juntan, se alejan, en un proceso político en marcha que desembocará en 2017.

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Weretilneck reedita frustradas revisiones del gasto salarial frente a la nueva crisis. Hace mea culpa pero los tibios cambios se paralizaron siempre por órdenes suyas.
La oposición atraviesa su propia crisis. Peronistas, radicales, Cambiemos y ARI se juntan, se alejan, en un proceso político en marcha que desembocará en 2017.

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