Día de la Alimentación Saludable: Neuquén, una ciudad apurada que come mal

Sin tiempo para cocinar, los neuquinos abusan del uso de los alimentos ultraprocesados. Desde el Ministerio de Salud de la Provincia reconocen que los hábitos cambiaron lo que impacta en la calidad de vida.



Hoy se festeja el Día Mundial de la Alimentación Saludable, una práctica que pareciera estar un tanto olvidada en Neuquén capital. El referente de Nutrición del Ministerio de Salud de la Provincia, Samuel García, señaló que los neuquinos han adquirido los hábitos alimenticios propios de quienes viven en las grandes ciudades: sin tiempo para cocinar, invadidos por los alimentos ultraprocesados y cautivados por el microondas.

La Encuesta Nacional de Nutrición y Salud realizada este año reveló que el 68% de los adultos argentinos tiene exceso de peso, mientras que el mismo problema se registra en el 41,1% de los niños, niñas y adolescentes, de entre cinco y 17 años. En los menores de cinco años, la cifra alcanza el 13,6%.

García indicó que aunque no hay datos exactos en la provincia, estas tendencias suelen repetirse en el país y en aquellas culturas que han sido colonizadas por la comida rápida y el consumo desmedido de los ultraprocesados (los que han perdido su forma original a través de un proceso industrial). “La alimentación es una construcción cultural”, subrayó.

El nutricionista sostuvo que los neuquinos no logran escapar a las tentaciones del exacerbado marketing de la industria alimenticia, que implanta en la población “la necesidad de consumir tales alimentos para ser felices”. Resaltó que el consumo de gaseosas y bebidas azucaradas es uno de los hábitos más arraigados dentro de la sociedad. Comentó que es muy habitual que los padres compren estos productos a sus hijos para las excursiones escolares: “Piensan que no comprar una gaseosa es un signo de debilidad”.

En un contexto de crisis económica, aseguró que lo más barato es hacer las compras y cocinar en casa. Explicó que la mala alimentación, aunque sin dudas se vincula con la pobreza, se debe más a una cuestión cultural y de prioridades. Enfatizó que la comida casera, las caminatas al aire libre y el consumo de agua sigue siendo accesible. “La gente aún no entiende que la alimentación saludable es una necesidad básica”, recalcó e indicó que como no es una prioridad ya nadie se toma el tiempo de organizarse para cocinar, debido al ritmo acelerado de la vida cotidiana en la ciudad.

Hizo hincapié en que hay que “volver a la vieja usanza de lo hecho en casa”. “Estamos acostumbrados a comprar la comida en paquetes, freezarla y después calentarla en el microondas”, señaló. De todas formas, ve un panorama optimista: “La sociedad se está dando cuenta de que su estilo de vida actual le quita calidad de vida”.

Déficit de consumo de frutas y verduras

Una problemática en la que se está haciendo énfasis este año es en el bajo consumo de frutas y verduras de la población argentina. Según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo sólo el 4.8% de la población consume cinco porciones diarias entre frutas y hortalizas, que es lo recomendado para una alimentación saludable.

Un buen hábito a adquirir es que la mitad del plato del almuerzo y de la cena tengan verduras.

Además, es importante reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas y alimentos con elevados contenidos de sodio y grasas.

Para completar, se sugiere incorporar actividad física y un apropiado consumo de agua: ocho vasos diarios al menos.

Trabajan en crear una red saludable en los barrios de Roca

La

El área Ambiental del municipio de Roca junto a la licenciada en Nutrición Gabriela De Leando y el INTA trabajan para mejorar la nutrición en los barrios de la ciudad y en una política para establecer una red saludable y soberana.

La directora de Ambiente del municipio, Laura Juárez, explicó que varias instituciones se unieron para trabajar en un proyecto con el fin de definir qué es la alimentación saludable y de unir productores con consumidores. Actualmente se está trabajado junto a nutricionistas para establecer una canasta básica que tenga una lógica de sustentabilidad, incluyendo productos de la zona. Se trata de un proyecto que incluye talleres que se dictan en los barrios de la ciudad y que son gratuitos y abiertos. Están divididos en tres niveles.

Clases de cocina en uno de los talleres

El nivel uno apunta a los cambios de hábitos, brinda pautas para comenzar, incluye clases de cocina, y enseña a amigarse con los ingredientes y a leer las etiquetas de los productos para formar consumidores conscientes. Según explicó Di Leandro, lo ideal es ir incorporando cambios de a poco como por ejemplo ir reduciendo el consumo de harinas refinadas, azúcares y aumentando el de vegetales.

El nivel dos, con el apoyo del INTA y Pro Huerta, apunta a los hábitos sustentables. Se enseña a ser prudentes con la producción y el cultivo ya que los alimentos pueden ser muy nutritivos pero si fueron cultivados con demasiados fertilizantes o plaguicidas dejan de ser saludables.

En el nivel tres se informa sobre la relación entre alimentación y enfermedades.

Según explicaron las profesionales la idea del proyecto es que al finalizar los talleres cada barrio tenga su huerta.

Cantidad aproximada que asiste a los talleres

de 15 a 31
Varía según los barrios
83
Personas finalizaron los talleres

Algunos testimonios de personas que asisten a los distintos talleres:

Julia: Si bien siempre buscó alimentarse mejor y ser más consciente, cuando comenzó con el taller se dio cuenta que tenía muchas inquietudes. Se convenció de hacer un cambio y de a poco lo va logrando.  “Ahora en el nivel. 3 no quiero que termine esta enseñanza que es por demás interesante” Con el cambio día a día ve mejoras en cómo está su nivel de glucosa “Agradezco la disposición de Gabriela, Laura y todo el equipo que conforma esta increíble experiencia.” Agregó

Anabella: asistió al CEPLA nivel 1 y 2, ahora está realizando el taller nivel 3 en el barrio San Cayetano y cuenta cómo esta experiencia le cambió la vida. Antes consumían jugos y caldos, ahora en cambio utiliza hierbas aromáticas que plantó en su jardín, para darle sabor a las comidas, también disminuyó el consumo de sal y se transformó en una consumidora consciente. 

Silvia de Paso Cordova: “En mi caso particular con el primer módulo logre cambios en mi salud y en la de mi hija solo con cambiar la harina y el azúcar”. Con el tiempo fueron notando los cambios e incorporaron otros hábitos saludables que tienen que ver con el cuidado del medio ambiente y tienen su propia huerta.

Irma: su cambio empezó luego de sufrir una enfermedad, comenzó a comer más frutas y verduras y a dejar de apoco las harinas refinadas y cambió de a poco la forma en que se alimentaba. Hace comidas caseras, tiene su propia huerta. Cuenta que empezó a tomar más conciencia sobre la alimentación al asistir a los talleres.


Comentarios


Día de la Alimentación Saludable: Neuquén, una ciudad apurada que come mal