Diego Lurbe: la batuta lo espera en Roca
La Orquesta Sinfónica de la Provincia de Río Negro se presentará bajo su dirección en el Auditorio Ciudad de las Artes. Antes del concierto en el Alto Valle, dialogó con “Río Negro” sobre los detalles del programa que incluye a Beethoven, Spohr y Poulenc.
El sábado a las 21 toca la Orquesta Sinfónica de la Provincia de Río Negro (OSPRN) en el Auditorio “Ciudad de las Artes”, Rivadavia 2263, Roca. Como invitados estarán Diego Lurbe en la dirección, protagonista de esta entrevista, y el clarinetista Benjamín Vilte (ver aparte), ganador del 2º Premio del Concurso 2016 de Intérpretes de Música Clásica “Dr. Tilo Rajneri”. El programa que interpretarán incluye obras de Ludwig van Beethoven, Louis Spohr; y Francis Poulenc. (Ver detalles aparte)
“Comencé los ensayos el martes pasado”, comienza diciendo Diego Lurbe. “La orquesta hace poco tiempo tocó la Sinfonietta de Francis Poulenc, según me informó el director titular (Fabrizio Danei, por estos días en Holanda). Coriolano es de repertorio y sí es poco tocado el concierto de Spohr. La Obertura es una obra emblemática dentro de las escritas por Beethoven. Al ser tan tenida en cuenta en el catálogo sinfónico de todas las orquestas, siempre –como me gusta decir– da segundas oportunidades”, explica, y amplía: “Cada director tiene la posibilidad de recrearla muchas veces y hace que uno le vaya encontrando algo novedoso para decir. Yo espero que suceda eso en los ensayos y entre todos ubiquemos nuevas sonoridades, el tempo, puestas de instrumentos para que al espectador que la ha oído, le suene diferente”.
P- La escuché en cuatro, cinco versiones que no duran la misma cantidad de minutos. Es más o menos rápida, según la batuta.
R- Varios factores inciden en eso… Hasta fines de 1800, aproximadamente, no había una indicación de velocidad sino relacionada con el carácter de la obra, allegro, vivace, andante… El tempo no estaba definido y por lo tanto es variable, incluso con la regulación más precisa de la velocidad. No hay director en la tierra, por suerte, que defina el tempo exacto y lo cumpla a raja tabla. Eso hace que la música sea humana. Intervienen el gusto de quien dirige; lo que le llegó de la interpretación de la obra escrita por el genio de Beethoven; las posibilidades técnicas de la orquesta; la acústica de la sala donde se va a tocar… Todosn factores a considerar al decidir el tempo. Por eso, las versiones pueden ser más rápidas o lentas, algunas más fuertes o todo lo contrario.
P- En las orquestaciones de la Filarmónica de Viena y la Estatal de Baviera en Munich, vi de seis a ocho contrabajos. ¿Cómo se modula la orquesta para lograr la sonoridad de esta obra?
R- Todo el repertorio del concierto de la OSPRN, está pensado para una orquesta clásica, donde los valores oscilan –para las cuerdas– entre seis y ocho primeros violines, lo mismo para los segundos, unas seis violas, cuatro chelos y cuatro contrabajos; flautas, clarinetes, oboes, fagotes por dos; cuatro cornos, dos trompetas, dos o tres trombones si la partitura lo pide, y percusión. Ese número permite hacer frente a esta clase de textos musicales. Da con el perfil exacto de la orquesta de la Fundación (Cultural Patagonia), así que el material fue bien elegido en función de ello.
Después hay versiones de directores (Christian Thielemann, Leonard Bernstein, Carlos Kleiber, por ejemplo) con formaciones mucho mayores. Ahí entra a jugar cuestiones estilísticas, de gusto, de sonoridad, y hasta hay orquestaciones para cien integrantes. A mi modesto modo de ver, exageradas para esta clase de obras, pero se pueden hacer. En los últimos años, orquestas de Venezuela que dirige (Gustavo) Dudamel, tienen esta última particularidad, inclusive hasta duplican las partes reales, en vez de una primera flauta puede usar dos y hasta tres, y así… Por supuesto se consigue un sonido súper potente, muchísimo más amplio. No sé si se relaciona con el espíritu de Coriolano. Son gustos respetables y seguramente quienes buscan hacer lo más exacto posible, no están con esta corriente. Yo tengo una posición abierta, si el resultado es óptimo, me gusta pensar por qué no?
P- En el Concierto para Clarinete Nº 1 de Louis Spohr hay solista, Benjamín Vilte, y si bien tu batuta decide, hay tempos, matices que él maneja. ¿Cómo te manejás en ese caso?
R- Hay muchas posturas en cuanto a dirigir una obra con solista… Me gusta, como cuando no lo hay, lograr una versión entre todos. En Coriolano y la Sinfonietta puede ser que proponga un tempo y la orquesta no esté preparada para él, o el solista no pueda tocar a la velocidad que indico. Entonces, será cuestión de adecuarla y conseguir la mejor ejecución posible. Con el solista, me gusta siempre ponerme al servicio de su visión; es la persona que, obviamente, desde lo técnico tiene mucho mejor resuelta la idea musical, que yo como director, porque él está tocando, produciendo ese sonido, ese concierto. Y lo segundo es que seguro le ha dedicado muchísimo más tiempo de estudio para generar su propuesta.
Yo debo estar atento a que se logre una buena conjunción entre lo que planteen el solista y la orquesta, y lo que estilísticamente corresponda para el período de la obra. En ese armado intervengo como una suerte de moderador para que todos logremos la mejor interpretación realizable. Soy también fagotista y me tocado que un director ha estado contra la postura solista, y se suspendieron los conciertos porque ninguno de los dos quiso ceder. Una situación demasiado extrema. Siempre hay que ser buenos amigos con los solistas (ríe Diego).
El abc de un concierto
Dice Diego Lurbe sobre su presentación en la región: “Conciertos como el de Roca, suelos tomármelos con mucha tranquilidad. Trato de no dejarme invadir por otras versiones para llegar con la obra fresca y que pueda hacerme amigo –lo más rápido posible– de la sonoridad de la orquesta y del solista, y conseguir la mejor versión. Hay muchas cosas dentro del común, la función que debe cumplir cada instrumentista, la del clarinetista y el director. Es el abc para que esto esté armado. Una vez en el lugar, buscaremos los mejores resultados en sonido, tempo… Pero me gusta sorprenderme. Trato de no acelerar las cosas”.
P- La primera obra es de 1807 y la segunda de 1808. La de Francis Poulenc fue escrita ciento cuarenta años más tarde. Un gran salto temporal, de estilo y sonoridad. Tiene muchísimos matices, climas de todo tipo, tensiones y distensiones contrastantes y un final sorprendente tras un sutil pianísimo…
R- La primera parte del concierto es de música que –como oyentes primarios– estamos acostumbrados, y si se quiere, entre comillas lo digo, con una armonía rara. La inicial es más cómoda para escuchar. La del francés nos lleva a otros lugares. La escritura de la sinfonía denota claramente un progreso en cuanto al uso y recursos de los instrumentos.
En la época de las primeras obras, la música se escribía de un modo vertical, o sea, todos tienen piano (matiz suave), crescendo o forte en el mismo lugar. En la tercera, aparece una paleta de composición muy diferente. Puede que los violines primeros tengan pianísimo, los segundos mezzoforte y el clarinete fortísimo, porque Poulenc buscó allí la presencia de este instrumento, y la escritura lo resalta. La Sinfonietta sorprende y genera climas continuamente. El hecho de ser francés, sin llegar a pertenecer a la misma escuela expresiva que (Claude) Debussy, le da frescura musical. Los franceses, a mi gusto, se caracterizan por crear climas y a través de ellos el oyente es transportado a lo largo de cuatro movimientos, todos disímiles entre sí. Una genialidad, una perlita para ser interpretada por cualquier orquesta sinfónica.
Biografía breve:
¿quién es Diego Lurbe?
Diego Lurbe (Olavarría) ingresó en 1989 al Conservatorio Nacional de Música “Carlos López Buchardo” de Buenos Aires, donde estudió con el fagotista Guillermo Roura; egresando en 1993 como Profesor Nacional de Música, especialidad Fagot, con Medalla de Oro.
Desde 1999 se desempeña en la Orquesta Sinfónica de Olavarría, integra el Quinteto de Vientos y dicta Práctica Coral en el Conservatorio Provincial de Música de la última ciudad. Desde 2016, dirige la Sinfónica de Mar del Plata, donde vive.
Las entradas anticipadas tienen un valor de $ 150 la general, $ 100 para jubilados y $ 50 para alumnos del IUPA. El concierto posee el descuento 2×1 para socios de Club Río Negro
Lurbe, ciudadano marplatense.
Datos
- Las entradas anticipadas tienen un valor de $ 150 la general, $ 100 para jubilados y $ 50 para alumnos del IUPA. El concierto posee el descuento 2×1 para socios de Club Río Negro
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