¿Dónde están los aviones? La pregunta que se reedita cuando los bosques se cocinan

Pobre reacción oficial frente al complejo escenario de incendios que devoran bosques de la precordillera rionegrina y neuquina.





El ministro Juan Cabandié, en sobrevuelo por la zona del incendio de Aluminé.

El ministro nacional de Ambiente, Juan Cabandié, apenas pudo ofrecer un sobrevuelo personal para dimensionar la gravedad de los incendios de Aluminé, algunas “reuniones operativas” en relación con el fuego que devora la boscosa zona de los lagos Martin y Steffen y la promesa de un helicóptero de la Fuerza Aérea para Barilochedos del Ejército (uno con helibalde) para Esquel y Bariloche, más dos camiones cisternas.

Eso es todo.

Hasta ayer operaban apenas -cuando podían- exiguos medios aéreos del Servicio Nacional del Manejo del Fuego, sobre todo en Aluminé, donde trabajaban unas 150 personas, entre brigadistas nacionales y provinciales, personal de Parques Nacionales y de logística, con el refuerzo de tres helicópteros y un avión hidrante.

Para la lucha del Steffen solo contaban con un helicóptero. Y, por si fuera poco, necesitaban devolver el avión híbrido que se había enviado desde Córdoba y estaba a préstamo solo una semana.

Además, avanzaba hoy sin control el fuego en cerro Currumahuida, entre Lago Puelo y El Hoyo.

Todos los años, ya con las llamas destruyendo preciosa vegetación nativa, se llega a esta dramática evidencia de falta de recursos para el combate del fuego.

Lo dijeron en pocas pero precisas palabras las comunidades mapuches Kintupuray, Kinxikew, Paicil Antreao, Wenu Ñirihuau, Roberto Maliqueo, Wiritray y Huenchupan, en un mensaje dirigido a Cabandié y al presidente de Parques: Cada centímetro de cenizas que se siga produciéndose es y será responsabilidad de ustedes”.

Y todos los años se reedita la misma pregunta: ¿dónde están los aviones hidrantes de los que habló ya hace casi 10 años la entonces presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner?

Recordémoslo; lo señaló así, en un acto de entrega de camiones de combate de incendios, en 2012: “Estamos con 26 aviones hidrantes con una inversión de $ 57 millones”.

Dijo “Estamos”. Podría significar algo así como “estamos en eso”. Pero se supone que, en el contexto de un anuncio oficial, sus palabras inequívocamente se interpretan como la certeza de una inversión, que evidentemente nunca se realizó y quedó en promesa, como suele ocurrir en los actos y declamaciones de campaña. En definitiva, no estaban en eso ni compraron.

Ese mismo año, la Auditoría General de la Nación había advertido que no se contaba “con medios aéreos propios” -aviones y helicópteros-. Hacían notar que los aviones “siempre se alquilaron” según la demanda. Se evitaba así el gasto de mantenimiento dentro de un área específica, que hoy solo asumen los contratistas.

El problema es que la demanda es cada vez más sostenida, sea por siniestros que la misma naturaleza genera o aquellos que provienen de la acción intencional del hombre, en un contexto climático cada vez más extremo.

Ya el año pasado, desde este diario advertimos que Argentina estaba ubicada en el segundo lugar en el ranking mundial de focos de incendios. El diagnóstico es conocido: falta trabajo en prevención, presupuesto, brigadistas y vehículos en buen estado para reducir los riesgos de incendios futuros.

El angustiante avance de las llamas vuelve a interpelar a los funcionarios de todos los gobiernos, que siguen incumpliendo inversiones tan vitales. Con su falta de reacción permiten que nuestros bosques se sigan cocinando y se vaya, con ellos, parte de nuestro oxígeno y la biodiversidad.


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