Dos más dos, cuatro

Redacción

Por Redacción

ANÁLISIS

DANIEL MARZAL dmarzal@rionegro.com.ar

Con una contundencia que ahorra rodeos y cavilaciones, el resultado de la elección de ayer obliga a volver sobre el acuerdo que parió a la criatura. Corrían los primeros días de marzo, cuando el ahora intendente electo Gustavo Gennuso y el concejal Carlos Valeri -que eran rivales hasta ese momento- decidieron trabajar en un proyecto político común. Casi dos meses después Valeri desistió de su candidatura y allanó el camino de Gennuso. El 4 de mayo el gobernador Alberto Weretilneck llegó a Bariloche para consagrar a su candidato local. Dos años antes, en septiembre de 2013 Gennuso y Valeri ya habían competido por el sillón mayor del Centro Cívico y perdieron con la actual intendente María Martini, a quien le alcanzó con el 31,1% de los votos para llevarse el triunfo. Aquella vez Gennuso logró con una fuerza vecinal el 25,14% y Valeri (con las banderas del Frente Grande) se llevó el tercer puesto, con el 21,54%. El cálculo que hicieron al unir fuerzas se cumplió casi sin desvíos: ayer el candidato de Juntos Somos Bariloche se alzó con el 47,2% de los votos. Martini perdió terreno respecto de la elección anterior (casi ocho puntos), abrumada por las desventuras de un Partido Justicialista en declive y dividido, sumado a un estilo de conducción que se observa demasiado vertical. Pero el factor clave para el triunfo de Gennuso de ayer, fue sin duda su alineamiento con el gobierno provincial y la creciente influencia del fenómeno Weretilneck, tan sensible con las necesidades más simples de cada vecino como descafeinado en lo ideológico, según parecen demandar estos tiempos que corren. Superada la efervescencia de ayer y la de los primeros días después de la elección y los festejos, al nuevo intendente le llega el turno de cumplir con las expectativas. Desafíos le sobran.


ANÁLISIS

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora