Dulcería Suiza, con sabor de Bariloche 

La fábrica familiar cumple 40 años y hoy sus productos llegan a distintos puntos del país

SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- A mediados del siglo pasado las comunicaciones con Bariloche no eran tan fluidas como hoy y el respeto y temor a los largos inviernos obligaba a tomar previsiones. Los lugareños tenían por costumbre acopiar leña y salar y secar carne para hacer frente a los meses de frío. A esos cuidados, los inmigrantes centroeuropeos sumaron la tradición de cosechar hongos y acumular calorías en frascos con las frutas cosechadas durante el estío. Los dulces caseros se producían por una necesidad de economía y supervivencia, hasta que llegó el turismo masivo y el pasatiempo familiar se convirtió en un buen negocio. Así, casi por casualidad y el excelente gusto de María Nauman, nació en 1960 la Dulcería Suiza, que hoy distribuye los sabores de Bariloche en cientos de supermercados.

Los fundadores del negocio, María y Máximo, hace años que dejaron el emprendimiento en manos de sus hijos Carlos y Teodoro, y ahora disfrutan de su ancianidad en Alemania.

Según explicó Teodoro Nauman, la Dulcería Suiza continúa siendo «una empresa familiar, que elabora productos naturales con pocos y antiguos empleados. Algunos llevan más de 20 años con nosotros, pero nadie piensa en el retiro o el despido. Siempre digo que nos vamos a jubilar todos juntos», agregó.

Procesan 20 variedades de frutas cosechadas en la zona y envasan dulces, jaleas, jugos y frutos en conserva en recipientes de distinto tamaño: desde frascos de 40 gramos hasta bidones de 25 kilos. Pero el mayor volumen de producción es de pulpa de rosa mosqueta, de aproximadamente 100 toneladas por año, lo que los convierte en los mayores compradores para elaboración de pulpas.

Envasan frutas y hacen dulces de calafate, maqui y murta, frutos silvestres autóctonos que únicamente se los encuentra en el sur de Argentina y Chile, que son recogidos por los pobladores y acopiados por la familia Nauman.

«También envasamos dulces de sauco y guinda silvestre, que no se cultivan, simplemente se los cosecha», aclaró Teodoro, consciente de que muchos lugareños encuentran una fuente de ingresos al recoger la materia prima de los dulces y conservas que procesan y comercializan.

Los Nauman tienen una chacra en la zona de El Hoyo de Epuyén, localidad conocida como «la capital de la fruta fina», donde cosechan cerezas y guindas que «con buen abono y cultivo rinden más y dan mejores frutos».

El resto de sus insumos, como frutilla, frambuesa, grosella, parrilla, casís y boisemberry, son frutas cultivadas que adquieren a pobladores y pequeños establecimientos de los alrededores de El Bolsón y Bariloche. «Hacer dulces es más fácil que comercializarlos -reconoció Teodoro- pero las mujeres de la familia aportaron ideas nuevas y conservamos un buen mercado».

La empresa no tuvo una buena experiencia al exportar sus productos, y pasó por dificultades en tiempos de la hiperinflación. Pero hoy su marca está en las góndolas de los supermercados de Buenos Aires y la región.

«Tenemos muy buenos clientes y proveedores históricos desde hace más de 30 años», apuntó Nauman, quien agradece que el turista, además de chocolate, siempre compre el característico dulce de rosa mosqueta, o simplemente lleve como un símbolo los dulces de Bariloche.


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