Economía popular, llave para crecer

OPINIÓN. Anclada entre jóvenes y mujeres, representa el 3,5% del empleo total a nivel país. Mejorar las oportunidades de acceso al crédito y generar los mecanismos para la formalidad del trabajo, son los desafíos por delante para afianzar la reactivación.





Por Graciela Landriscini (*)

Oportunidad. La que persiguen jóvenes y mujeres que encuentran en la economía popular la posibilidad de trabajar.

Hace al menos cuatro décadas que la promesa del pleno empleo se ha derrumbado en el mundo y la región, junto a las cenizas de la sociedad salarial industrial y el Estado de Bienestar tal como lo conocíamos. La heterogeneidad y diversidad de las situaciones en el mercado laboral ha proliferado y los y las jóvenes no tienen como horizonte alcanzable conseguir un empleo formal y estable para toda la vida, con obra social y acceso a cobertura de salud para ellos y sus familias, y una futura jubilación como tenían nuestros abuelos. Ni siquiera la mayoría de nuestros padres y madres la tuvieron, temiendo perder sus empleos antes de alcanzar los aportes suficientes para jubilarse.


Por el contrario, el paisaje de las últimas décadas está conformado por una amplia diversidad de trayectorias y situaciones laborales entre las cuales, los jóvenes, las mujeres y las personas LGTBIQ son los más desfavorecidos. Actualmente, existe una combinación de trabajadores-as en relación de dependencia, contratados, o monotributistas ligados a empresas o estados en todos sus niveles, con desocupados-as, y no registrados-as por el crecimiento de los-as trabajadores-as de la economía popular.


Ello se traduce en un tejido de hombres, mujeres y diversidades que conforman un mercado de trabajo primario y uno secundario, con distintas condiciones de vinculación, calificación, desempeño y remuneración.
Una demostración de la sociedad fragmentada que se ha configurado en Argentina desde hace décadas, con etapas de mejoría cuali y cuantitativa, y otras de agravamiento por las crisis económicas y las políticas de apertura indiscriminada, privatización de las empresas públicas y desregulación financiera y laboral.

La economía popular genera reciprocidad, protege el medio ambiente, y organiza a jóvenes y mujeres, y fija condiciones para la distribución del ingreso.


En el colectivo de trabajadores significa realidades distintas en materia de derechos, ingresos, condiciones de vida, acceso a la vivienda y a la salud, y en materia de esperanza de vida. La vida es bella para algunos, y no para otros-as, en particular para jóvenes, niños y niñas.


Según el Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular,los y las trabajadores de la economía popular son jóvenes (edad promedio de 33 años), y más de la mitad (54,3%) tienen entre 25 y 45 años; muchos nacieron en los años 90 o en la década perdida de los 80. Otro dato relevante es que el 57% de los trabajadores del sector son mujeres. Muchas de ellas realizan trabajos esenciales como cuidados de niños-as, ancianos-as, enfermos-as, personas con discapacidad (89,2%), servicios de limpieza (88%) y trabajadoras de comedores y merenderos comunitarios (62,8%) y/o ocupaciones que sufrieron el embate de la pandemia como las peluqueras, masajistas, manicuras (85,6%), las trabajadoras de la industria textil (81,1%), las cocineras (72,7%) y las vendedoras ambulantes (56,7%).


El sur del país es la región geográfica que cuenta con la menor proporción de trabajadores de la Economía Popular: representan el 3,5% del total del país. Río Negro exhibe el porcentaje más alto de todas las de la región con el 1%, lo que implica alrededor de 26.200 personas trabajando en la economía popular. En nuestra provincia, las principales ramas de actividad en las que se insertan son los servicios personales, los socio-comunitarios, el comercio popular y los trabajos en espacios públicos y en la construcción e infraestructura social y mejoramiento ambiental. Nuevas generaciones son actores de la economía popular, a medida que desaparecen empleos permanentes en el ámbito rural, y viejos galpones de empaque, bodegas, y aserraderos.

Dato

26.200
Las personas que se desempeñan en la economía popular en la provincia de Río Negro.


El mercado laboral pos COVID ya no es el mismo: a la reestructuración previa producto del cambio tecnológico evidenciado en los procesos industriales y en la prestación de los servicios generales y personales, se agrega que algunos sectores han sido perjudicados con mayor virulencia que otros por los embates de la crisis, especialmente aquellos que ya se encontraban atravesando situaciones de vulnerabilidad. Otros han sido beneficiados elevando la facturación, más aún en el caso de aquellos que exhiben una elevada concentración económica, y en los vinculados a las nuevas tecnologías de información y comunicación. Pero ha quedado claro que hay trabajos esenciales, que han sido clave para la sostenibilidad del entramado social, como los de la economía popular en los que jóvenes y mujeres son mayoría. Muchas veces ello parece invisible a los ojos.


Además de poner en marcha el registro nacional, clave para el reconocimiento del sector y el diseño de políticas públicas, el gobierno nacional ha implementado políticas como el Plan de Urbanización de Barrios Populares y el Plan Potenciar Trabajo, a los cuáles solo el 25% de los-as trabajadores-as del sector han accedido. Ello tiene una fuerte impronta territorial, y se aspira a que se encamine a la formalización de los empleos al tiempo que se garantice la seguridad social.


El Estado debe continuar el camino iniciado, que implica reconocer la importancia de la Economía Popular como una fuente de trabajo y, en consecuencia, garantizar derechos y mejores condiciones laborales. Una de las claves para la reactivación económica pos-pandemia es mejorar las oportunidades y condiciones laborales de las mujeres y los jóvenes de nuestro país.


Educación, organización y trabajo están interrelacionadas. Ello exige un ordenamiento de la actividad económica, la disponibilidad de crédito accesible a emprendedores y emprendedoras, la regulación de los mercados de bienes, servicios y crédito, y la fijación de prioridades claras en las políticas públicas.
La economía popular trae consigo la reciprocidad, protege el medio ambiente, y organiza a jóvenes y mujeres, fijando condiciones para el trabajo y la distribución del ingreso. Superar la pandemia y recuperar la economía y los empleos exige creatividad, planificación, consenso y ayuda mutua. Y nos impulsa a pensar que la Patria son los y las otras y no hay tiempo que perder.

(*) Diputada Nacional FdT por Río Negro


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