En solo 16 meses, los argentinos metieron al colchón tantos dólares como los que Vaca Muerta produjo desde que existe

Desde la apertura parcial del cepo en abril de 2025, un 3% de la población compró billetes por US$ 48.970 millones. Equivale al 90% de las divisas que Vaca Muerta generó desde 2013 hasta hoy. La evolución reciente de la pirámide social argentina, el "dólar colchón" más grueso que nunca, y un telón de fondo viejo y conocido: la utilización del atraso cambiario como ancla nominal de precios.

En el colchón. Crece el atesoramiento en dólares.

¿Existe una nueva composición de la matriz social en Argentina? ¿Quiénes son los ganadores y los perdedores en esta Argentina? ¿Está el modelo económico de hoy generando un beneficio implícito para algunos en detrimento de otros?

Preguntas pertinentes que vale la pena poner sobre la mesa del debate cuando el programa que conduce Luis Caputo está a punto de cumplir tres años y a poco más de un año de culminar el primer mandato de Javier Milei.


En efecto, toda política económica tiene la capacidad de moldear la matriz social mediante diferentes incentivos. Las preferencias de los individuos, los gastos de las familias, los hábitos de consumo, ahorro o inversión se tallan con el formón del plan económico en cada contexto. Incluso si la política económica en cuestión se ufana de no generar tales incentivos.

La pirámide social argentina y la evolución del mercado de cambios, son buenos puntos de apoyo para comprender los resultados que arroja el programa económico.


Dos datos conocidos esta semana ofrecen buenos puntos de apoyo para comprender como evoluciona la matriz social argenta en el marco del plan económico de La Libertad Avanza.

Los cambios, en la base


Desde hace años, la Consultora W que conduce el economista Guillermo Olivetto, lleva a cabo un análisis de la “pirámide social argentina”. De forma trimestral y en base a los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, el estudio clasifica el total de los hogares argentinos respecto a su ingreso promedio.


El informe referido al segundo trimestre de 2026 fue publicado esta semana.
De allí surge que la clase alta (ABC1) tiene ingresos promedio de $14 millones, y está compuesta por el 5% de los hogares argentinos. Asimismo, la clase media alta (C2) con ingresos promedio de $6,5 millones, equivale al 17% de los hogares.

En tanto el 26% de los hogares pertenece a la clase media baja (C3), con ingresos promedio de $ 3 millones. Por último, la clase baja no pobre (D1) equivale al 30% de los hogares, con ingresos promedio de $2,2 millones, mientras que el 22% de los hogares pertenece a la clase baja pobre (D2), con ingresos promedio de $1 millón.


A los fines de comprender los cambios en la matriz social, la foto que saca Olivetto solo tiene sentido si se la compara con la de otros momentos recientes. En este sentido, resulta que el 22% de hogares que se encuentra en la cima de la pirámide (clase alta y media alta), se ha mantenido inalterada en los últimos cuatro años. Esa porción de la pirámide representa unos 10,1 millones de personas, mientras que el 5% de la clase ABC1 representa unos 2,3 millones.


La clase media baja, se reduce lentamente: alcanzaba al 28% en el primer trimestre de 2023. Son las familias que luchan por sostener un nivel de vida que les resulta cada vez más esquivo. Un 2% de ellos “cayó” en la categoría de clase baja no pobre promediando 2026.

La clase alta y media alta se mantiene estable desde hace 4 años. En la base de la pirámide, hay un 9% de hogares logró escapar de la pobreza desde 2024. No obstante, el conjunto de la clase baja (pobre y no pobre), equivale al 52% de la población desde hace 3 años.


Pero los cambios de magnitud se verifican en la base de la pirámide. La clase baja pobre que hoy representa el 22% de los hogares, llegaba al 26% hace un año y al 31% hace dos, durante lo más álgido del ajuste llevado a cabo al inicio de la gestión Milei. En otras palabras, al ritmo de la baja de la inflación, un 9% de los hogares de clase baja pobre pasaron a la categoría de clase baja no pobre en los últimos dos años.


Dicho eso, la foto de Olivetto muestra que la clase baja en su conjunto (pobre y no pobre), también se mantiene inalterable en los últimos dos años: era el 53% en 2024, y se mantiene en el 52% entre 2025 y 2026. La lucha al interior de esa mitad de la población es escapar a la pobreza, y ese límite lo traza la evolución de la inflación y los ingresos.

Más grueso que nunca


La dinámica del mercado de cambios en el último año, es un segundo elemento clave para comprender como se talla la matriz social en el modelo económico de la gestión Milei.


El Banco Central (BCRA) publicó esta semana su informe sobre Evolución del Mercado de Cambios y Balance Cambiario correspondiente al mes de julio. Los datos oficiales revelan que en el séptimo mes de 2026 las personas humanas compraron billetes (dólares) y realizaron transferencias sin fines específicos por un total de US$ 3.143 millones. Implica un incremento del 52,2% respecto al mes de junio y del 66,6% respecto al mes de mayo.

La cantidad de dólares que fue a parar al colchón, creció en julio un 52.2% respecto al mes de junio y un 66,6% respecto al mes de mayo.


El dato de julio es toda una luz amarilla: la suma que los argentinos metieron “al colchón” en julio es la más alta en lo que va de 2026, y la mayor desde las elecciones de medio término en 2025.


Pero el contraste es todavía más drástico cuando se advierte que en lo que va de 2026, los argentinos metieron al colchón US$ 16.900 millones, y que desde la salida parcial del cepo cambiario en abril de 2025, la suma que fue a parar al colchón asciende a US$ 48.970 millones.


Un informe publicado por RÍO NEGRO la semana pasada, estima que desde 2013 hasta hoy, los hidrocarburos no convencionales generaron ingresos por US$ 54.000 millones. Dicho de otro modo, en apenas 16 meses los argentinos metieron al colchón una suma equivalente al 90% de la producción de Vaca Muerta durante sus 13 años de existencia.


Si se tiene en cuenta además, que al día de hoy la deuda argentina con el Fondo Monetario Internacional (FMI) asciende a US$ 58.000 millones, la suma que los argentinos metieron al colchón desde la apertura parcial del cepo, equivale al 84% de lo que el país le debe al organismo.

Subsidio ABC1


El conector entre ambos datos, también surge de los datos oficiales del BCRA. El informe publicado esta semana señala que son solo 1,7 millones de personas humanas las que participan del mercado cambiario. Equivale al 3,7% de la población.


El contraste con los datos de la pirámide social de Olivetto es tan elocuente como inevitable. Difícilmente existan personas intentando atesorar dólares dentro del 52% de la población cuyo único objetivo es lograr que sus ingresos corran palmo a palmo la carrera contra la inflación, para escapar a la pobreza.


Es mucho más lógico imaginar que gran parte de esos 1,7 millones de personas que atesoraron US$ 16.900 millones este año y US$ 48.970 millones en los últimos 16 meses, pertenecen a la clase ABC1, o en el mejor de los casos a la C2.
El foco vuelve a recaer entonces sobre los incentivos que arroja el programa económico.

Con la ley de Inocencia Fiscal, el gobierno postula que los argentinos no sacan los dólares del colchón por temor al fisco. A la luz de los datos, el atraso del tipo de cambio parece una explicación mucho más potente: el dólar luce barato.


Con la Ley de Inocencia Fiscal, tanto en la versión vigente y como con la reforma en marcha, el gobierno intenta instalar una idea fuerza: los argentinos esconden los dólares por miedo al Estado. En vista de los magros resultados que la normativa ha cosechado desde su reglamentación en febrero, la premisa no pareciera estar explicando la dinámica de los datos. A tal fin, la evolución del tipo de cambio real resulta mucho más potente.


El dólar oficial cerró agosto en $1.530. Implica un incremento del 1,3% respecto al cierre de julio. Si se toma como cierta la estimación de los privados que ubica la inflación de agosto en 1,5%, el dólar oficial al cierre del octavo mes del año reviste un atraso del 17,3% en lo que va de 2026 y del 20,8% en los últimos doce meses.


Es decir, el incentivo pareciera ser mucho más terrenal. La negativa de los argentinos a usar los dólares del colchón no se relacionaría con el temor a la mirada del fisco, sino más bien con el precio: el dólar luce barato. Dado el menú de incentivos que ofrece hoy el programa económico, y para quien tiene capacidad de ingresos suficiente, no convendría usar los dólares, más bien convendría comprar más, y atesorarlos. En otras palabras, el punto no es la Inocencia Fiscal, el punto es el atraso cambiario.


Y si el punto es el atraso cambiario, la derivada en el análisis gira a la política antiinflacionaria: de forma tácita o explícita, el gobierno ha hecho ingentes esfuerzos por lograr mantener a raya el dólar. Osea, por usar el tipo de cambio como ancla nominal de precios, una estrategia archi conocida de la cuál puede intuirse con bastante precisión el resultado a largo plazo.


En definitiva, los elementos conocidos esta semana habilitan al menos una pregunta y una conclusión.
La pregunta es ¿qué sucederá con el 9% de los hogares que logró escapar a la pobreza en los últimos dos años, el día en que (por las buenas o por las malas) se resuelva el atraso cambiario?


La conclusión, es que el atraso cambiario utilizado como ancla de precios no es más que un subsidio indirecto a la clase ABC1, que capitaliza el escenario metiendo dólares al colchón a precio de oferta.