El albañil de Roca al que la solidaridad le devolvió la sonrisa

Unos ladrones entraron al patio de Don Santiago Morales y le llevaron su bicicleta y herramientas de trabajo. El caso llegó a las redes sociales y movilizó a los jóvenes que lo ayudaron.



Don Morales en su bicicleta nueva cuenta que ahora la guarda adentro de la casa, así no se la llevan. Foto: Gonzalo Maldonado

“Me llevaron mi cuchara, mi tenaza, mis fratachos”. Hace unos días Santiago Morales se levantó como siempre dispuesto a salir a hacer las changas de albañilería con las que paga las cuentas. Se tomó unos mates bien dulces y cuando miró por la ventana unos ladrones le amargaron el día. Le habían robado la bicicleta donde tenía amarradas sus herramientas de trabajo.

Don Morales, como lo conocen todos, tiene 76 años, está jubilado, pero como lo que cobra no alcanza, hace trabajos particulares y no puede entender a los pobres que le roban a otros pobres.

“Deben haber entrado como a las 4 de la mañana. La perra, Osa, es malísima y ni ladró. No se si será conocido, o le tiró algo para que coma, pero ¿para qué quieren las herramientas si no van a trabajar? Y a mi me cortaron la mano”, dice rascándose los callos de los dedos morenos.

Ese día salió a caminar hasta la Feria Maipú. Hizo muchas cuadras con la esperanza de encontrar al ladrón vendiendo lo que le había sacado. Dice que iba tranquilo pero que solo encontró una promesa. “Por ahí me habla una señora, le digo ‘busco mi bicicleta’ y ella me contesta ‘tenga paciencia, viene una gran bendición para usted’. Y parece que sí”.

Guadalupe, su hija, recuerda que su mamá Rosana la llamó preocupada porque lo veía muy angustiado. “El tuvo un ACV, entonces teníamos miedo. Anda para todos lados en bici y ese día su nieto jugaba en Stefenelli. Siempre pedalea hasta la cancha que juegue y es el primero en llegar, pero ese día no pudo ir”.

A las pocas horas del robo, su caso se hizo viral en las redes sociales y una pareja de jóvenes que ayudan a la gente, mediante un grupo llamado Robando Sonrisas, se movilizó y le consiguieron todo lo perdido.

“ Una vecina y mi hija pusieron una foto en la que yo estoy arreglando la pared y se ve la bicicleta. Después se comunicaron estos chicos de Huergo y aparecieron con la bicicleta. Esa era la bendición”, dice Don Morales.

Santiago sostiene que necesita hacer changas porque, por más que sea jubilado la plata no alcanza. Eso pese a que pasó la vida trabajando. En la casa de paredes coloridas, decoradas con fotos de sus cinco hijos y ocho nietos, cuenta que nació “en la cordillera de la nieve, cerca de Chos Malal” y allá, con su padre criancero, supo de que se trata el ponerle el lomo al campo en las invernadas.

Cuando sus hijos eran chicos se fue a Mayor Buratovich y allá trabajó en un extenso campo de cebolla. “Iba con los chicos, tenía la columna rota y no quedaba otra que trabajar. Un día voy a levantar una parva de cebollas y siento el ruido, sola se me acomodó la columna”, dice.

Cuando volvió a Roca lo empleó una empresa de construcción y allí aprendió el oficio. Revocó edificios de diez o más pisos. “En el de la calle Maipú, nos colgábamos de los balancines. La gente tenía miedo de las alturas. Yo no. Me subía con uno o dos compañeros. Cuando estaba arriba, uno tenía miedo y yo le movía el andamio para que tome confianza”, dice y se ríe.

Esa es la experiencia hoy lo lleva a que le encarguen que le cambie un piso o le levante una pared. Muchos en la ciudad lo conocen, pero él se ríe con picardía y dice que a veces no se acuerda de todos.

“Por ahí cuando voy pedaleando en mi bicicleta, me dicen, ‘hola don Morales’, yo los saludo, vaya a saber de dónde me conocen. La empresa en la que trabajé tenía como 600 empleados”, dice.

Está contento porque la exposición en las redes sociales hizo que lleguen más changas. Se ponen en contacto con su hija para que le hagan cosas. Es que cuando dice que los ladrones le cortaron la mano, se refiere a que no concibe la vida sin hacer cosas.

“En la casa no puedo estar. Si no tengo trabajo, salgo a caminar para el monte, pero no puedo estar quieto”, dice y se para de golpe: “¿quiere tomar un mate?.

“Se comunicaron estos chicos de Huergo y aparecieron con la bicicleta. Esa era la bendición”

Don Santiago Morales, Albañil.

Un grupo que trabaja para ayudar al que lo necesita

En el Facebook de Robando Sonrisas, Diego Paulete y su novia Jennifer Romero publican: “La solidaridad es un acto de ayuda mutua, entre fuerzas que luchan por el mismo objetivo, que es aliviar la carga que muchos llevan en sus espaldas”, y muestran el espíritu de lo que hacen.

Hace cuatro años se dedican al trabajo solidario y los ayudan familiares y vecinos. Juntan ropa para los inviernos, arreglan bicicletas para gente de los barrios periféricos y ayudan en lo que pueden.

El caso de Don Morales les llegó ni bien se publicó en las redes. “La bici la donó un hombre en Roca. La trajimos a Huergo, la reparamos y después se la llevamos”, dice Diego y también escribe en las redes: “entre lágrimas y un abrazo increíble, supe que tanto esfuerzo vale la pena”.

Los que quieran colaborar , pueden ponerse en contacto al Facebook de Robando sonrisas o de ellos.

Lo que necesitan, son bicicletas en desuso, que arreglan, porque para mucha gente de barrios alejados es fundamental tenerlas e imposible comprarlas.


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