El amor en tiempos efímeros
El miércoles dará una charla sobre los vínculos en la era de las redes sociales.
Es psicólogo, docente universitario, ensayista, músico, productor de contenidos para radio y tevé… Parece no detenerse.
Fabio Lacolla estará el miércoles en Neuquén con su “Amores tóxicos” y lo adelantó a “Río Negro” en esta entrevista.
–Viniste varias veces a la zona, por diferentes actividades. Empecemos por “Amores tóxicos”; ¿en qué consistirá la charla?
–En esta oportunidad, Neuquén se encontrará con el aspecto más filosófico y lascivo de mis múltiples facetas. “Amores tóxicos” surge a partir de los blogs de “Infobae” donde cada semana escribo sobre el amor y la vida cotidiana con un lenguaje adecuado para todo público y sobre todo para aquellos que están transitando por algún problema amoroso. Se trata de desmitificar el amor romántico y ponderar el amor cotidiano, ese que no aparece en ninguna película.
–Pensar estos temas desde el humor, ¿es también desmitificar un poco ciertas estructuras instituidas?
–Contrariamente a lo que se supone, la palabra puede ser una asesina del amor. A mayor reflexión menor claridad y en este caso el humor es la herramienta ideal para poder intervenir cuando queman las papas y a la vez un termómetro de la neurosis del otro. La persona que carece de sentido del humor queda enrejada a la literalidad y un vínculo amoroso, ante todo, tiene que ser una oportunidad para jugar seriamente a ser feliz.
–¿Cuáles son las características de un amor tóxico? ¿Hay alguno que no lo sea?
–Amar es poder estar sin el otro y no sentir que el mundo se derrumba; y a veces, por miedo a ese derrumbe, caemos en la toxicidad. Un amor tóxico no llega a ser patológico pero derrama lágrimas por los rincones. Son esos vínculos donde sentimos internamente que algo no funciona pero aun así lo seguimos sosteniendo e inclusive uno puede inventarse un amor tóxico consigo mismo: son esas personas que por baja auto estima o un elevado narcisismo saltan de persona en persona creyendo que la vida los engaña, cuando en realidad son ellos los que engañan a la posibilidad de encontrar al verdadero amor.
–En tu blog hablás de temas vinculados con el amor, el estado de enamoramiento, la vida cotidiana… ¿es necesariamente un suplicio casarse o hay forma de sostener vínculos que resulten placenteros, constructivos, libres?
–Desde ya que sostener un vínculo en el tiempo es una experiencia recomendable, pero más importante es sostenerlo en el espacio. Uno de los secretos es que para enamorarse, primero uno tiene que llenarse de amor. Si yo no estoy bien conmigo mismo difícilmente pueda estar bien con el otro. El error está en pretender que mi pareja sea el combustible de ese amor y para eso deberíamos invertir la demanda pensando qué es lo que nosotros podemos darle al amor, y no al revés.
–¿Repetimos fórmulas culturales ineludibles? A veces aparece el “hay que hacer las cosas de determinada manera”, como si todavía fuera necesario recorrer el caminito de hace cincuenta años (o más) del “estudiás, te recibís, te casás, tenés hijos o hijas, te morís”, o algo por el estilo ¿Es posible correrse del “supuesto sendero del éxito” y tener, de todas formas, una vida plena?
–La inmediatez de las redes sociales y la multiplicidad de canales para conocer gente nueva viene venciendo al miedo de “no enganchar” nunca más. Veinte años atrás muchos vínculos se sostenían a pura tozudez por miedo al vacío existencial, esa idea de que si se termina mi relación de pareja se termina el mundo. Hoy el éxito de un vínculo ganó en calidad porque supo renunciar a la cantidad. Antes un vínculo se construía desde el tiempo mientras que ahora se construye desde el espacio. Los mandatos sociales cambiaron de referentes, saltaron de las familias tradicionales a las familias ensambladas, por lo tanto naturalizaron la “efimerocidad” de los vínculos amorosos. Ahora el miedo está puesto en el comienzo y no en el final de una relación.
–Esta vez, ¿te vas a encontrar con gente de las escuelas de psicología social de Neuquén y Roca como en otras oportunidades?
–El Alto Valle es mi familia ortopédica y mi aporte es el amor que siento por todos los amigos que tengo por la zona. Tanto en el ambiente profesional como en el artístico me siento querido y acompañado. Los parceiros (compañeros) patagónicos son mis referentes de la libertad de expresión: mucho de lo que soy artística y profesionalmente se lo debo a esta región y cada evento público que convoco es la oportunidad para reencontrarme con la gente que habita mi corazón sin ningún tipo de toxicidad.
El psicólogo estará el miércoles, a las 21, en Arpillera Cultural (Alderete 511).
“La palabra puede ser una asesina del amor”, dice, categórico, Fabio Lacolla.
Paula Gingins
pgingins@rionegro.com.ar
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora