El árbol del ayer
Soy una rama seca de lo que ayer fue un gran árbol, si aún guardo en mi interior voces de niños jugando, el sonar de la campana y cien guardapolvos blancos. Fui el personaje mayor cuando una ronda formaron saltando a mi alrededor chivateando… chivateando, también supe del dolor de algunos niños llorando. Fui testigo de los juegos de la mancha y la librada, de quien hacía las trampas y también del que ganaba, en mis ramas los gorriones ensayaron trinos nuevos y conocieron el pasar de la tiza y el cuaderno. Fui fragancia en primavera, fui reparo en las mañanas, fui silencio en confesiones de maestra enamorada. Y lo enfrenté al progreso allí, frente a frente y cara a cara, no conozco la traición pues Dios no me ha dado espaldas, pero me dio un corazón, el silencio y la mirada. Sentí entrar el acero en lo profundo de mi entraña, me partieron en pedazos, vi mi savia derramada, cada astilla era un alumno, cada gota era una lágrima. Pero guardo los recuerdos que arrastro de tantos años, que si encontraran mis ojos me los verían llorando. Lalo Martínez Dedicado al árbol que fuera talado en la escuela Nº 23
Soy una rama seca de lo que ayer fue un gran árbol, si aún guardo en mi interior voces de niños jugando, el sonar de la campana y cien guardapolvos blancos. Fui el personaje mayor cuando una ronda formaron saltando a mi alrededor chivateando… chivateando, también supe del dolor de algunos niños llorando. Fui testigo de los juegos de la mancha y la librada, de quien hacía las trampas y también del que ganaba, en mis ramas los gorriones ensayaron trinos nuevos y conocieron el pasar de la tiza y el cuaderno. Fui fragancia en primavera, fui reparo en las mañanas, fui silencio en confesiones de maestra enamorada. Y lo enfrenté al progreso allí, frente a frente y cara a cara, no conozco la traición pues Dios no me ha dado espaldas, pero me dio un corazón, el silencio y la mirada. Sentí entrar el acero en lo profundo de mi entraña, me partieron en pedazos, vi mi savia derramada, cada astilla era un alumno, cada gota era una lágrima. Pero guardo los recuerdos que arrastro de tantos años, que si encontraran mis ojos me los verían llorando. Lalo Martínez Dedicado al árbol que fuera talado en la escuela Nº 23
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