El cambio, contado desde la escuela

La exvicedirectora Lorenza Rodríguez cuenta la evolución.

san pablo

La histórica Escuela 33 comenzó a funcionar cuando Cipolletti tenía pocos años de vida. Es la más antigua de la ciudad y, a mediados del siglo pasado, se mudó al corazón del barrio San Pablo y desde ese sitio acompañó el crecimiento de varias generaciones. María Teresa Reyes y Lorenza Rodríguez, la actual directora y la anterior vice que ya se jubiló, se reunieron para hacer un poco de historia. Hay mucho para contar sobre la escuela y también sobre el tradicional barrio San Pablo. La escuela empezó a funcionar el 1 de marzo de 1907 y por esa época tenía asignado el número 21. Utilizaban el céntrico edificio de la calle Sarmiento, donde hoy está la 53. Con el paso de los años, Cipolletti fue creciendo a un ritmo acelerado y entonces el gobierno autorizó la creación de nuevos establecimientos. El inmueble de calle Sarmiento tuvo que ser compartido con otros colegios y un día, repentinamente, cambiaron la cerradura y el entonces director de la 33 ya no pudo ingresar. La escuela repartió sus secciones en las casas particulares de distintas familias y, dividida, funcionó en cuatro barrios. El director, que en ese entonces era Carlos Guasti, recorría esas viviendas en bicicleta. Tiempo después, Eduardo Scianca donó el terreno de la calle Roca, donde hoy está la Escuela 33 S. S. Juan XXIII. Los docentes recuerdan que hicieron una gran fiesta cuando recuperaron el piano y otros muebles que habían quedado en el anterior edificio. En la actualidad todavía conservan esos viejos escritorios. Se estima que, a lo largo de toda su historia, la escuela tuvo más de 7.000 egresados. Cuando festejaron los 100 años, tanto Lorenza como María Teresa tuvieron una ardua tarea de recopilación de datos. “Buscamos en los libros históricos, en los registros y también nos contactamos con los descendientes de los primeros alumnos”, recuerdan. Lorenza también hace memoria y evoca los tiempos en que Mirta Tosi estuvo al frente de la conducción. Ella organizaba los talleres, con distintas actividades, que integraban a toda la comunidad. Y también la tradicional bicicleteada, que se hacia en octubre y movilizaba a más de 600 alumnos. Hubo 14 ediciones y hasta interrumpían la circulación en las dos rutas porque el recorrido terminaba en la Isla Jordán. Lorenza ejerció la docencia durante 40 años y terminó su carrera en la Escuela 33. Vive en el barrio San Pablo y lo ha visto crecer. “Cuando yo llegué, el asfalto estaba hasta la Brentana y después hicieron el pavimento en todo este sector. Hoy está superpoblado, hubo una demanda explosiva de construcción de edificios que también afectó la capacidad de los servicios. En verano, a las 10 de la mañana, empieza a faltar el agua; las líneas de media tensión se sobrecargan y pasa lo mismo con las cloacas”, relata la exvicedirectora. La población del barrio ya no tiene tanto chicos como antes. “Es más bien un lugar de gente grande”, aseguran. Y eso también se traduce en la escuela. Sólo el 20% de toda la matricula (en la actualidad son 550 alumnos) pertenece al barrio. El resto son de distintos sectores de Cipolletti, de Fernández Oro y hasta de Neuquén. “Esta escuela es muy codiciada y tiene un buen nivel”, asegura Lorenza. Y María Teresa agrega: “Es parte de la comunidad, está abierta todo el día porque también hay clases de tango, funciona la escuela de iniciación deportiva y la fundación Alco”.


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