El Cigala, con alma gitana y música latinoamericana

Viene a la región como parte de su gira “Sintiendo América”.

Por Redacción

Es Ramón Jiménez Salazar en el pasaporte pero lo llaman Diego, fruto de un disenso familiar en la misma pila bautismal, y El Cigala le pusieron los hermanos Tito, Diego y Vaky Losada en una de sus primeras giras. Justamente bajo ese nombre el hombre que ha emocionado con su disco “Lágrimas negras”, junto a Bebo Valdés, el que pateó el tablero en el 2010 con un disco de tangos que llevan su acento, viene a Neuquén el 29, al Club Pacífico.

Viene al país en medio de la gira “Sintiendo América”, en la que este innovador sigue profundizando en la fusión del flamenco con otras músicas, en este caso, la de esta parte del mundo.

“Hoy en mi tierra corren tiempos de depresión… No nos queda otra que no bajar la guardia y bendito sea Dios que nosotros, por lo menos, nos podemos defender y salimos a tocar por el mundo, verdad? Pero si no fuese así, si no tuviéramos tal posibilidad, lo pasaríamos fatal. ¡Ahora mismo cómo está España! Yo espero que en algún momento se recupere, pero va a tardar muchísimo, sabes? Porque no ha quedado nada para la música, nada para la cultura, con recortes, recortes y más recortes. Bendito del artista que pueda salir internacionalmente y tocar por ahí, como es el caso nuestro. Cosa que se agradece porque hay grandes artistas con los que hablo y ya caen en la depresión porque su mundo es estar en los escenarios tocando y cantando. Llega un momento en que pasan cuatro, cinco meses sin una gala o se presentan una, dos veces cada equis tiempo… Esa es la situación que hoy mismo hay en España y con un 21% de este IVA que han metido, un 10% de Sociedad General de Autores, suman un treinta y es imposible, nadie puede trabajar. Es lo comido por lo servido, el equivalente, igual a cero, cero. ¿Entiendes qué te digo? Da cero”, dice El Cigala a “Río Negro”, a poco de llegar a Buenos Aires.

“Entonces, bendito sea que nosotros tengamos esta cancha, por lo menos, de Latinoamérica. Es verdad que cuando me dicen los compañeros, ¿cómo hiciste? Hombre, que llevamos sembrando en este continente ya catorce años. Ha pasado ese tiempo desde que llegué por vez primera a México y cierto es que para abrir la puerta del resto de América hispanoparlante y llegar a Buenos Aires hay que entrar por tierra azteca. Y cuando así ocurre, se abre la de Argentina, que tampoco ha sido sencillo. La gente piensa que esta carrera puede ser un camino de rosas, puede serlo pero con muchas espinas. Si pasa eso, sucede el milagro”, agrega.

–La palabra “milagro” pondría la situación en un plano…

–Tampoco, tampoco milagro. Mira… en vez de milagro, yo diría que es el esfuerzo, el tesón y trabajo en la música.

–¡Ahí está! Porque si no estamos en un ámbito no terrenal, ajeno a tu labor bien concreta.

–No, no, compadre, nadie da duros por pesetas.

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De acuerdo. Entonces y sobre todo, tienes que sobresalir de lo normal, de lo habitual, de lo que hay, para que ello pueda hacerse realidad. Y es lo que me ha pasao.

–En la elección de los temas que cantás, en lo que interpretás, en la juntada con Marconi, Agri, Calamaro, que has tenido el buen tino de relacionarte respetuosamente con el tango y con instrumentistas de valía. Esa era la cuestión…

–Lo mismo que me pasó en su día, con “Lágrimas negras”, cuando conocí a Bebo Valdés y pues me introduje ya en el mundo de la música afrocubana y latina, que por aquel entonces desconocía. Bebo me decía que cantara como el gitano que soy, que él iba a tocar el piano como el cubano que es. Y con el tango me ha pasado igual… Me dejé aconsejar por estos grandes que han vivido la última etapa de la vida del señor Goyeneche, El Polaco, como el señor Néstor Marconi, mi querido –en paz descanse– Rubén Juárez que se nos quedó en el tintero en el disco, porque cayó malo en su enfermedad y no pudo estar. Y el señor Juanjo Domínguez, que cuando me lo presentó Andrés y lo vi tocar no daba crédito, no podía creer su sensibilidad, justamente me lo puso Dios en el camino.

Temor y alerta

En septiembre del 2002 El Cigala se metió a trabajar con Valdés y antes de acabar el año, exponen “Lágrimas negras” ante el público del Gusman Theatre de Miami. En el 2003, “Lágrimas…” pasó de ser un proyecto íntimo y espontáneo a superar las fronteras del flamenco y lo latino, a instalarse al tope de las listas de ventas durante los siguientes dos años y ganar El Ondas, cinco premios Amigo, tres de la Música, dos Grammy más cinco nominaciones. En medio del tour, Diego grabó una colaboración para “Cositas Buenas” de Paco de Lucía, y “Suspiros de España”, tema central de la película “Soldados de Salamina” de David Trueba.

En el 2005 volvió al flamenco homenajeando a Pablo Picasso, junto a de Lucía, Tomatito, Raimundo Amador, Josemi Carmona y el citado González. “Picasso en mis ojos” fue oro en España y Venezuela y Grammy Latino Mejor Disco de Flamenco. En el 2006 vio la luz “Cigala”, cinco CD recopilación de su obra. Entre viajes, conciertos, colaboraciones y las pocas horas que esto le dejaba para jugar con su Rafael y su Diego, El Cigala sacó tiempo para darle forma a “Dos lágrimas” (2008), donde grandes músicos cubanos y españoles redecoraron boleros, coplas y tangos como “Dos Gardenias”, “María de la O”, “Historia de un amor” o “Compromiso”.

En abril del 2010 viajó a Buenos Aires para grabar en vivo “Cigala & tango” en el Teatro Gran Rex, acompañado por su banda, el bandoneonista Néstor Marconi, Juanjo Domínguez en guitarra, el violinista Pablo Agri, Diego Sánchez en violonchelo y Andrés Calamaro.

El pasado jueves 6 de septiembre, en Caracas, Diego inició “Sintiendo América”, gira en la que recorrerá además Colombia, Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador, Estados Unidos, Costa Rica y República Dominicana, interpretando repertorio de su último disco, ganador también el Grammy Latino Mejor Álbum de Tango 2011, de “Lágrimas negras” y “Dos lágrimas”.

“Lo único que he intentado con el tango es dejarme aconsejar, que lo hicieran ellos que son los genios y yo ser llevado por ellos. En el 2010 me encantaba el tango pero no era consciente como ahora. Ahora puedo cantar una zamba, una chacarera, un homenaje a Mercedes Sosa… Ya vamos por ese encuentro, vamos en tal recorrido, pero antes pues estábamos con un temor que nos mantuvo alertas. El día que se hizo el Rex, esos miedos nos mantuvieron atentos, cosa que fue muy importante porque si se pierden ya no es lo mismo. Siempre digo que los temores alertan. Date cuenta que hicimos un disco muy arriesgao frente a tres mil quinientas almas argentinas, en la ciudad del tango. Pero todo tiene su buena recompensa… Hemos tenido mucho respeto, lo hemos hecho con mucho cariño hacia el tango. Si lo hubiera llevado yo con un flamenco ortodoxo, de jondo, no hubiera cuadrao. No hubiera dado resultao. Más que de flamenco, se trataba de tomar el tango y hacer una interpretación, de llevarlo a cómo yo lo siento. ¿Vale? Y respetando toda la melodía que le dan su esencia, que lo hacen tal. Nada más. Insisto, con mucho respeto”, dice

–Citaste a Roberto Goyeneche, y él interpretaba, particularmente en sus últimos años, de un modo que lo hizo más único de lo que era.

–Ese señor tenía una manera de cantar como los flamencos. Sí, sí… era muy rubateao, era como un poeta, cantaba los temas tuviera o no voz. Era pura adrenalina y pura poesía lo que soltaba este hombre. La forma de cantar que llevaba él, me llamo muchísimo la atención, con todos mis respetos a Carlos Gardel, a Julio Sosa y los demás… Sí es verdad que era con él mi atracción.”

Imágenes

“Es la primera vez que voy a Patagonia e imagino a Neuquén como una ciudad de mucho valle y rocas. Y sobre todo como algo intacto, no muy masificado, algo que permanece en el tiempo. Muy bonita, dulce, con esos melismas. Yo me la imagino así y espero que cuando llegue la vea de ese modo. Y a su público también, estoy loco con muchas ganas de conocerlo”, cierra El Cigala antes de conocer de primera mano estas tierras.

Eduardo Rouillet

eduardorouillet@gmail.com

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