El comercio exterior, la llave de lo que viene

El saldo comercial es buena noticia pero no alcanza para atenuar la incertidumbre. Las exportaciones pueden ser la clave de cara a la recuperación.

Como quiero exportar tengamos un dólar competitivo. No nos preocupemos por el dólar alto, tengamos un dólar competitivo”. Fueron las palabras del Presidente Alberto Fernández en el mes de agosto, cuando la presión devaluatoria arreciaba, y el mandatario fue consultado por el precio del dólar.
La escases de divisas frente a una demanda creciente, es la espada de Damocles que asecha la economía en 2020, aun luego de haber logrado postergar vencimientos de deuda y pese al buen saldo comercial que exhiben los primeros diez meses del año.
En efecto, el ingreso de divisas al país tiene cuatro grandes andariveles: inversión extranjera directa, deuda externa, turismo receptivo y exportaciones. El primero de ellos está vedado en tanto la crisis desatada en abril de 2018 aún no se resuelve y las condiciones institucionales para la llegada de inversiones productivas no se han recompuesto. El segundo está cerrado luego del endeudamiento desenfrenado registrado entre 2016 y 2018, el cual confluyó en un nuevo default que aún no termina de resolverse (resta la negociación con el FMI). El peso relativo del tercero es marginal respecto a los otros tres, pero aun así, la pandemia eliminó cualquier posibilidad de ingreso de divisas por esta vía en 2020. Solo queda el comercio exterior como única vía para el ingreso de divisas al país.

Superávit. El comercio exterior aporta uno de los pocos datos de la macroeconomía.


Los datos del comercio exterior referidos al mes de octubre, se conocieron esta semana. Al contrario de lo que podría suponerse, los números están lejos de ser malos. Llamativamente no alcanza. El estrés cambiario continúa, al igual que la presión devaluatoria. Vale entonces identificar las tendencias que se verifican en los últimos años, y las tensiones que existen hoy, de cara a lo que viene por delante.

Exportaciones bajo la lupa
Si se consideran los severos condicionantes que la pandemia puso por delante en el año 2020 al comercio internacional, y la recesión que hace dos años y medio azota la economía nacional, vale decir que los números referidos a la exportación argentina, son marginalmente buenos. En los primeros diez meses del año, las exportaciones ascienden a u$s 46.556 millones, lo que permite imaginar un fin de año con ventas al exterior cercanas a los u$s 50.000 millones. En ese marco, vale tener en cuenta dos factores determinantes.
El primero es la evolución de la composición de las exportaciones argentinas en las últimas dos décadas. En el primer gráfico adjunto puede observarse la primarización que han experimentado las exportaciones nacionales, en tanto crece el peso de los productos primarios y de las manufacturas de origen agropecuario (MOA), al tiempo que se reduce la incidencia de las manufacturas de origen industrial (MOI) y de la energía. Siete de cada diez dólares que Argentina exporta, provienen de los productos primarios y las MOA, dejando a la vista la histórica incapacidad de la economía nacional para competir mediante el agregado de valor.


El segundo tiene que ver con el destino de las exportaciones. La crisis que hace años vive el Mercosur como alianza comercial estratégica, no es gratuita. El peso relativo de Brasil como destino de las exportaciones argentinas se redujo literalmente a la mitad entre 1998 y 2020 (ver gráfico). En el mismo lapso, China multiplicó por 5 su participación en las ventas nacionales al exterior. Una señal clara del sendero por el que podría transitar una posible expansión de la inserción argentina en el mundo, y de las alianzas estratégicas a las que debería lanzarse el gobierno.

Saldo positivo, pero con claroscuros
Si los números exportadores son buenos, los referidos al saldo comercial son sorprendentes en el marco de las restricciones que atraviesa la economía.
Los datos agregados entre enero y octubre de 2020 arrojan un superávit de u$s 12.171 millones, lo que habilita a pensar en un saldo positivo cercano a los u$s 15.000 millones al cierre del año. Hay que remontarse más de diez años atrás para encontrar un escenario semejante de holgura comercial. El año 2009 registró un superávit comercial de u$s 16.886 millones. Se trata del mayor saldo comercial positivo argentino desde 1910 en adelante.
Si las proyecciones se concretan, el dato de 2020 no desentona para nada.


No obstante, existen una serie de elementos que impiden dibujar una sonrisa.
El primero tiene que ver con la evolución mensual del saldo positivo, el cual se viene achicando en el último trimestre. Agosto arrojó u$s 1.430 millones, septiembre u$s 584 y octubre u$s 612. La explicación es sencilla, en el décimo mes del año las importaciones caen a un ritmo mensual del 2,8% y las exportaciones lo hacen al 21%.
Es en este punto donde comienza a jugar la componente especulativa de cara a una potencial devaluación, los granos están, pero no se liquidan. El informe del Centro de Exportadores Cerealeros, revela que la liquidación de divisas en los primeros diez meses de 2020 es un 13% menor a la de igual periodo de 2019.
Un agente de aduana del puerto de Buenos Aires dio fe esta semana de los problemas de tránsito que existen en las terminales en tanto son más las embarcaciones que llegan, que las que salen.
El precio del dólar vuelve entonces al centro de la escena. Tal como manifiesta el Presidente Alberto Fernández, el tipo de cambio oficial no luce atrasado en términos reales en comparación con otros momentos de la historia reciente, como la salida de la convertibilidad. Tan cierto como el hecho de que un exportador que liquida sus divisas recibe el tipo de cambio oficial ($86) menos retenciones del 30% ($60), y que si desea reconvertir a divisas sus ganancias, debe pagar $150 por cada dólar. Una ecuación insostenible. Todo hace suponer que las exportaciones debieran despertarse si se ordena el frente cambiario.
Lo segundo se relaciona con las perspectivas futuras. Lo que espera el gobierno y el conjunto de la sociedad argentina, es que la recesión finalice y la actividad económica recobre impulso.
El punto es que tal cosa no sucede sin un crecimiento marcado de las importaciones, en tanto la industria necesita partes, insumos, tecnología y bienes de capital que solo se obtienen en el exterior. La pregunta es si el sector exportador argentino está en condiciones de acompañar ese crecimiento con un sensible aumento del volumen de ventas al exterior, a fin de mantener equilibrada la balanza comercial.
En este sentido, un punto a favor vuelven a ser los precios internacionales de las commodities. La soja, el producto estrella de las exportaciones nacionales, registra a fines de 2020 las cotizaciones más altas de los últimos seis años. Nuevamente el viento de cola acompaña la reactivación tras una profunda crisis. Mayores motivos para creer que el incentivo al sector exportador puede venir de la mano de un ordenamiento cambiario.
El alcance del potencial acuerdo con el FMI, el que podría incluir un nuevo desembolso de divisas de parte del organismo, será clave para ello.

Datos

12.171
El superávit comercial alcanzado por Argentina en los primeros diez meses del año 2020 (millones de u$s).
21,6%
La caída interanual que registran las exportaciones argentinas en el mes de octubre de este año. Las importaciones cayeron 2,8%.

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