“El día de la pérdida de la inocencia”

Por Redacción

Argentina es el país de la desconfianza. El país del “que se vayan todos”, inventor del cacerolazo y de los piquetes; patria de Favaloro, Borges, Maradona, cinco premios nobel y Perón. De Néstor y Cristina. Y de Nisman. En esta tierra, la locura, el sinsentido y la genialidad conviven como un unicornio en el Edén. Y sí, éste también era el país de Nisman y cansinamente me remitiré al hecho y al contradictorio inicio que parece negar el título de esta carta. Desde que tengo uso de razón, frases como “te van a c…gar”, “piensa mal y acertarás”, “eso te pasa por ingenuo”, “por algo será” o, mejor, “fue una desgracia con suerte” forman parte del folclore popular y son de uso en el lenguaje corriente. Por eso, cuando los argentinos vamos a países un poco menos versados en actos criminales somos los paranoicos pendientes del equipaje o los que no nos atrevemos a deshacernos de nuestras pertenencias en un lugar público aunque todo el mundo lo haga. Si algo sale mal, sería nuestra culpa, por inocentes. Te roban y las primeras preguntas son: “¿Estás seguro de que cerraste bien? ¿Dónde dejaste las cosas?”, como si uno fuera cómplice del delincuente. Conclusión: nos enseñan a pensar como ellos porque la víctima se convierte automáticamente en autovictimario, como si el ladrón o asesino –en fin, el delincuente– hubiese sido “tentado” por nuestra torpeza. Lo mismo ocurre con el fiscal de la Nación a cargo de la investigación del atentado a la AMIA. ¿Qué habrá hecho para tener ese final? ¿Fue el gobierno? ¿Fue la SIDE? ¿Fue su propia mano? ¿Fue la cobardía? ¿Fue el arma calibre 22? ¿Hasta cuándo “basta” será realmente “basta”? ¿Cuándo será el último muerto? No tengo respuestas ni las estoy buscando. Se está perdiendo la perspectiva. Murió un ser humano de carne y hueso que dejó dos hijas, una madre, una familia, amigos, conocidos, empleados a su cargo, su patrimonio, su historia, su vida. Pero este ser humano no es uno cualquiera y no fue su “culpa” haber muerto. No importa a qué teoría adhiera el lector: suicidio, asesinato o suicidio inducido. Como dije, ya no creemos. La autopsia dice “X”, la opinión pública dice “Y” y el gobierno dice “Z”. ¿Les creemos? Los budistas sabiamente dicen que existen tres verdades: tu verdad, mi verdad y la verdad. Cómo ocurrió el deceso y qué lo originó, eso sin duda sólo lo sabe el fallecido. Sin mucho esfuerzo se me vienen a la memoria los nombres de caudillos contemporáneos como Julian Assange, Edward Snowden y Bradley Manning. Ellos llegaron a descorrer ciertos velos de la opinión pública y les costó la vida. Sí, “viven”. Manning en la cárcel, acusado de alta traición. Snowden, bajo el ala de Putin y sin poder difundir más información. Assange, refugiado en la embajada de Ecuador en Londres. ¿Y cuántos habrán realmente muerto sin que llegásemos a conocerlos? Aviones estrellados, accidentes de auto, “suicidios”, robos con asesinatos sospechosos y lo que la imaginación todavía no llega a vislumbrar. La realidad supera la ficción. Esto es una novela de terror, una pesadilla… ¿cuándo nos despertamos? ¿Cuándo abrimos los ojos? A nivel personal tenía la esperanza de que fuésemos la excepción a la regla. De que pudiésemos demostrar una democracia de algún tipo: alguien que acusa al máximo dirigente de un país llega a hacer una presentación ante el Congreso… y vive para contarlo. ¡Eso es democracia! Mentira. Ya perdí la inocencia. La esperanza se perdió. Laura A. Rodríguez O’Dwyer DNI 29.554.417 Neuquén

Laura A. Rodríguez O’Dwyer DNI 29.554.417 Neuquén