El dolor de la austeridad





EN FOCO

El futuro aparecía incierto para el griego Dimitris Christoulas, un farmacéutico de 77 años que prefirió suicidarse, de un balazo en la cabeza, antes que buscar comida en los tachos de basura. Christoulas, que era casado y tenía una hija, era uno más de los jubilados griegos cuyas pensiones les fueron recortadas en un 15% desde que se puso en marcha un plan de austeridad en 2010, mientras los precios subían a un promedio del 10% en los dos últimos años y se incrementaban los impuestos y las tasas municipales, según informes de prensa. Igual que Dimitris, otros dos italianos se suicidaron en los últimos días, uno por la quiebra de su empresa en Roma y otro por hallarse sin empleo desde hace más de un año en Milán. “Tenemos un récord de suicidio. El país tiene que salir rápidamente de esta situación”, dijo el líder del partido conservador Nea Dimokratia (ND), una de las dos agrupaciones mayoritarias griegas junto al socialista Pasok, que apoyan el plan de ajuste, quien calificó la crisis como una “depresión nacional”. De acuerdo al ministerio de Seguridad griego, en los primeros cinco meses de 2011 se suicidaron un 40% más de griegos que en el mismo periodo de 2010, mientras que fuentes policiales señalan que desde principios de 2009 hasta diciembre de 2011 se han registrado 1730 casos de suicidio (intentos incluidos). El Premio Nobel de Economía, el estadounidense Paul Krugman, dijo recientemente que “lo que la experiencia de Grecia realmente demuestra es que tener déficits en tiempos de bonanza puede crearle problemas a uno –lo que efectivamente sucedió en el caso de Grecia, aunque no en el de España–”. En un artículo en The New York Times, Krugman dijo que “tratar de eliminar los déficits –una vez que uno ya tiene problemas– es buscarse una depresión”, y resaltó que “España está en apuros por culpa de los excesos del sector privado, no del sector público”. Antes de suicidarse en las primeras horas de la mañana del miércoles pasado, Dimitris pagó el alquiler del departamento donde vivía, tomó el tren subterráneo, buscó un árbol (que lo cubriera de las miradas indiscretas de la gente a esa hora pico), sacó una pistola de su campera y se pegó un tiro en la sien. (Télam)


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