El eje de la locura
El presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad jura creer que el Mahdi salvador está por salir de las cuevas en que está ocultándose desde hace más de 1.100 años y que, luego de una guerra apocalíptica purificadora, gracias a su presencia lo que todavía quede del mundo encontrará la paz de los tiempos finales. Por lo demás, cuando informaba a la Asamblea General de la ONU acerca de lo que ocurriría, lo envolvió una aura de luz. Puede que al homólogo norcoreano del persa, Kim Jong-un, no le haya impresionado demasiado el relato de los chiitas musulmanes, pero él también fantasea con un futuro emocionante repleto de montañas que bailen de alegría y cielos coloridos, lo que tiene su lógica porque, nos aseguró la golondrina que fue responsable de anunciar al mundo el magno acontecimiento que acabó de producirse, su papá había nacido en los brazos de un arco iris doble que apareció sobre el lago Chon. Corea del Norte no es el único país en que los pájaros hablan o, cuando menos, se comunican con los líderes políticos en su lenguaje particular, como hacían en todas partes cuando el mundo era más joven. En Venezuela, un pajarito con plumaje tropical pero, por desgracia, hecho de plástico y con toda probabilidad importado de China, ya que la industria local no está para tales proezas, se ha erigido en protagonista de la campaña electoral que está aproximándose a su fin. El juguete simpático encarna al comandante Hugo Chávez que, si bien murió hace más de un mes conforme a las pautas de otras latitudes, ha regresado así a la vida terrenal para ayudar al compañero Nicolás Maduro a derrotar a Henrique Capriles que, pobre, no cuenta con aliados supernaturales. Parece que a los militantes chavistas les encanta saber que el comandante, transformado en un ave artificial, sigue entre ellos; saltan de júbilo toda vez que Maduro se pone a silbar por suponer que es la forma elegida por Chávez para hablarles. Irán es una teocracia gobernada por personas que son irracionales por principio. Por su parte, los norcoreanos han inventado un credo propio al combinar una variante del marxismo con fuertes dosis de racismo y con viejas leyendas no muy distintas de las usadas por sus vecinos japoneses hasta que el entonces emperador Hirohito, descendiente directo de la diosa solar Amaterasu, tuviera la delicadeza de informarles que en verdad era un mortal común. ¿Y Venezuela? Los chavistas aún no se han alejado tanto del pedestre racionalismo occidental como sus amigos iraníes y norcoreanos, pero no cabe duda de que Maduro está resuelto a acompañarlos en el viaje así supuesto, acaso por entender que para que los demás miembros del eje del mal lo acepten no bastará con ser malísimo sino que también tendría que rebelarse contra el aburrido consenso internacional en que no hay lugar para pajaritos parlanchines, arco iris milagrosos o montañas danzantes. Corea del Norte ya posee armas nucleares rudimentarias y está amenazando con usarlas para aplastar a los surcoreanos y, desde luego, a los yanquis; Irán espera tenerlas pronto para que el imán Mahdi reaparecido cuente con las herramientas que necesitará para librar al mundo de los judíos, cristianos, hindúes, musulmanes sunnitas, budistas, ateos, homosexuales y otros infieles cuya mera existencia lo hará estallar de indignación piadosa en cuanto vea lo que ha sucedido a partir del año 868 cuando optó por esconderse bajo tierra. Aunque por ahora Venezuela no está preparándose para fabricar su propia bomba, no extrañaría que los chavistas decidieran que les convendría disponer de algunas. Mientras tanto, se conformarán con las riquezas proporcionadas por reservas petroleras que, se dice, son las mayores del planeta. Irán, Corea del Norte y Venezuela tienen algo más en común que la afición de sus líderes a relatos un tanto extravagantes y el odio que sienten hacia el informal imperio norteamericano cuyo poder se debe a su supremacía tecnológica y científica. Los tres son países que, tal y como están las cosas, corren peligro de desplomarse. La economía iraní se encuentra en graves apuros a causa no sólo de las sanciones impuestas por quienes no quieren que prospere su programa nuclear, sino también de la inoperancia del régimen de los ayatolás. Asimismo, enfrenta un bajón demográfico tan severo que los teócratas temen que, dentro de una década o dos, se vean a cargo de un país de muchos jubilados y muy pocos trabajadores o jóvenes de edad militar. Para los que, como Ahmadinejad, sueñan con un Irán que sea una gran potencia regional, pues, hay que actuar con rapidez porque el paso del tiempo no les favorece en absoluto. Lo mismo podría decirse de Corea del Norte, un Estado fallido que está armado hasta los dientes y que se ha acostumbrado a chantajear a sus vecinos y a sus aliados norteamericanos, amenazándolos con una guerra “sacra” nuclear a menos que le den la plata que tan desesperadamente necesita. Además de aludir a la destrucción que estarían en condiciones de ocasionar, los norcoreanos mantienen intimidados a los demás recordándoles que el eventual colapso del régimen posibilitaría la huida de millones de refugiados famélicos que buscarían asilo en Corea del Sur y China. Se trataría de una “crisis humanitaria” en escala masiva, para no hablar del riesgo de que el país se desgarre en una guerra civil de ferocidad aterradora. La condición de Venezuela después de largos años de demagogia manirrota chavista es menos angustiante que la de Corea del Norte, pero a pesar de los abultados ingresos petroleros la economía parece estar a punto de hundirse en un mar de caos, lo que tendría un impacto penoso en la vida de millones de personas que dependen de subsidios para mantenerse a flote. Desafortunadamente para los chavistas, el pajarito de Maduro no podrá decirles lo que necesitarían hacer para demorar por mucho tiempo el desastre que el comandante les ha regalado. Por haber previsto que él personalmente no tendría que manejar las consecuencias de su propia gestión esperpéntica, Chávez habrá hecho suya la frase atribuida al rey francés Luis XV, el Bien Amado, “Después de mí, el diluvio” (según algunos, la pronunció su “amiga necesaria”, Madame de Pompadour, cuando en 1757 fueron derrotados los franceses por los prusianos en la batalla de Rossbach), pero mientras que en del caso del monarca galo la catástrofe sobrevendría décadas más tarde, en el del comandante venezolano podría estallar luego de un par de meses.
SEGÚN LO VEO
JAMES NEILSON