El equilibrio después del triunfo del MPN




La reconciliación entre Sapag y Pereyra es una muestra de la elasticidad del MPN. También puede ser un signo de los desafíos de los próximos tiempos.


Omar Gutiérrez cierra un año electoral perfecto para sus planes. Fue un tramo largo que comenzó con la iracunda interna partidaria de noviembre y culminó, oficialmente, el domingo pasado. La hegemonía conseguida por el MPN será estudiada una vez más por los analistas y dejará mal parados a los que cotizan en las teorías del fin de los partidos. Sin embargo, una de las batallas, y tal vez la más ardua, estará al interior de la estructura partidaria y comenzará el 10 de diciembre.

El gobernador salió de la sombra de su mentor político, Jorge Sapag, a fuerza de votos: fue reelecto con 8.500 sufragios más que los conseguidos en 2015, recuperó la intendencia de Zapala y le devolvió al partido provincial, tras 20 años, la capital neuquina. Aún restan las generales de octubre donde el senador Guillermo Pereyra podría perder su banca. Sin embargo, sobre esto hay visiones encontradas dentro del MPN y algunos de sus líderes cultivan la idea, más allá del emotivo mensaje del petrolero al referirse al cargo como la “banca histórica de Elías Sapag”, que el gobierno provincial puede sobrevivir a la ausencia de un senador nacional propio.

El mensaje tras el triunfo del domingo pasado fue de manual: la unidad del partido consiguió el resultado. Más allá de la retórica de cassette, en la práctica el MPN estuvo, sino unido, por lo menos atado con alambre y mostró el deseo de ganar. Lo consiguió con militancia y una extensa campaña, pero también con un chiquero de colectoras y un descomunal despliegue del aparato electoral.


El gobernador Omar Gutiérrez cerró un año electoral perfecto, pero ahora deberá seguir alerta en la construcción de su próximo gabinete.


Esa maquinaria aceitada se enfrentó a un Horacio Quiroga que nunca tuvo la intención de prestar su legado. Como bien reseñó un agudo analista político en la semana, Pechi prefirió el diluvio antes que poner en juego su herencia.

También puede leerse que su pasividad fue una devolución de las gentilezas que el PRO le propinó mandando a votar al MPN en las provinciales y que las diferencias con su secretario de Coordinación, Marcelo Bermúdez, quien leyó desde un principio la actitud del intendente y buscó remar en la tormenta, nunca se pudieron, por lo menos, pausar.

Fue Sapag quien salió a criticar esta versión y antepuso que la unidad partidaria fue la clave. Para explicarse recuperó nombres que son caros para el equilibrio interno emepenista como el del vicegobernador, Rolando Figueroa, que con la mención del exgobernador vuelve a la línea de flotación después de haber pasado casi a la vereda de enfrente. Pero en el MPN, como en la AFA, todo pasa.

El desafío real del gobernador comienza el 10 de diciembre porque tiene la oportunidad de activar el “gutierrismo”, una idea que entre los hermanos del mandatario provincial está muy presente. El primer desafío será la relación con su vice, una tarea que le trajo muchos dolores de cabeza en la actual gestión. Marcos Koopmann, un hombre de la lista Azul, viene tomándose la tarea de funcionario electo con paciencia porque solo apareció junto a Gutiérrez lo justo y necesario.

Otra de las pruebas será su nuevo gabinete. En su última versión el gobernador consiguió tener nombres que le son propios, pero la amplitud del Estado provincial lo obliga a jugar con una perspectiva amplia. De todos modos, nada hace pensar que el perfil de su equipo cambie: un organigrama disciplinado y con voz tenue que se apoya en un monólogo del titular del Ejecutivo.

El MPN ya demostró tener una capacidad elástica casi a prueba de todo. La reconciliación entre Sapag y Pereyra son una muestra de ello. Pero también puede leerse como realineamiento para impedir o debilitar futuras facciones. Sobre todo, en la previa a un periodo político nacional en el que el espacio que ya se anota como ganador, el Frente de Todos, planea fortalecer sus estructuras propias en las provincias por encima de la relación con los gobernadores extrapartidarios.

Claro que en esta parte del país la carta ganadora para la negociación está en el mazo del partido provincial y se llama Vaca Muerta.


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