El espíritu del rugby vuela detrás de los muros

El Programa de Rugby Social por la Inclusión en Contexto de Encierro se metió en las cárceles rionegrinas hace siete años y la reinserción de los internos ha sido su bandera.

Por Redacción

Ahí están ellos. Los que pagan, los que se equivocaron. Los que conviven con su sombra y esperan en soledad. Los que cuentan uno a uno los días que le quedan para saldar la deuda del error.


En la cárcel no hay colores ni formas, y el tono monocorde del ambiente se rompe con el sonido de algún televisor que cuenta cómo sigue la vida allá afuera. Pero la espera tiene un quiebre. Semana a semana un grupo de quince internos aguarda por el grito que los ayude a transportarse, al menos por un rato, a estar lejos de las rejas y el encierro.
¡Rugby! El vozarrón de Carlos Heredia retumba en el pasillo de la Unidad de Ejecución Penal N° 2 de Roca. El llamado rompe el letargo carcelario. El patio, el sol y las pelotas de rugby se funden en los cuerpos de los internos del pabellón N° 6, que por una hora a la semana sienten que la libertad vuelve a ser parte de ellos.

¡Rugby!, le grita Carlos Heredia a los internos. Mientras, Villalba espera con las guindas.

El Programa de Rugby Social por la Inclusión en Contexto de Encierro nació en octubre del 2012, inmediatamente después de un motín que se registró en el Penal N° 2. “La idea fue incluir a los internos en un deporte no tradicional con sólo una pelota de rugby y la palabra como herramienta de resocialización”, cuenta Gabriel Villalba, el responsable de un programa que con el tiempo se ha extendido a las unidades carcelarias de Viedma (Establecimiento de Ejecución Penal N°1) y Cipolletti (Penal N° 5).
“Mirá quién volvió…”, dice uno de los internos y abraza a Villalba, el actual entrenador de la Primera del Roca RC. Es que luego de tres años ininterrumpidos, el Programa comenzó a desarrollarse en Viedma desde el 2015, y a partir del 2017 en Cipolletti. Hubo que desdoblar esfuerzos…
“En Viedma salen menos personas a jugar al rugby, son alrededor de 25 internos. En Roca son 55 sobre una población de 360, y están a cargo de Carlos Heredia y Federico Gómez. A mí me toca trabajar en Cipolletti con 35 sobre una total de 187 internos”, agrega Villalba.

Los responsables de la actividad en el Penal N° 2. Federico Gómez, Carlos Heredia y Gaby Villalba.

Números Ovalados

25%
de la población carcelaria de Río Negro desarrolla la actividad del Rugby Social por la Inclusión en Contexto de Encierro
900
internos aproximadamente han pasado por el Programa en siete años: 400 en el Penal de Roca, 200 por Viedma y 300 en Cipolletti.

A la cancha
Los pasadores de las rejas retumban en el corredor. El ruido seco de metal contra metal es música para los oídos de los internos. Saben que ha llegado el día y en sólo un puñado de minutos más, estarán corriendo de cara al sol y sin muros por delante.
“Estamos contando los días esperando este momento: el de salir a correr al patio y jugar…”, cuenta al pasar uno de los internos, quien apura el paso en el corredor cuando ve al guardia abrir la puerta de ingreso al espacio más parecido a la libertad que existe en el Penal.

“Nos sentimos agradecidos de que nos brinden esta posibilidad, y que por una hora podamos sentir que no estamos en una cárcel”.

Una de las voces de los internos que forma parte del Programa social.


“Damos algunas vueltas a la cancha muchachos…”, pide Carlitos Heredia. Antes de que el profe termine la frase, los internos ya están girando entre las H descargando la espera contenida, liberando los músculos entumecidos y “sintiéndonos que estamos en otro lado”, como dice un interno al que Heredia tuvo de alumno en una escuela secundaria y que la vida lo llevó a reencontrarlo aquí.
“En una hora ellos se olvidan de que están privados de la libertad. Están jugando intramuros pero podría ser la esquina de su casa. Canalizan la agresividad de una manera positiva, que es a través del deporte. Saber jugar también le hace ver cuáles son las prohibiciones dentro de la disciplina, justamente a ellos que están acá por transgredir las normas”, apunta Villalba.

Camiseta del Millo y la ovalada bajo el brazo. Por una hora, para los internos no existen los muros.

Try, tackle y ovalada en mano
Los internos corren en el patio mientras otros miran detrás de un alambrado. Ropa colgada y algunas bolsas con verduras lo decoran. Dos que hablan de cuánto les falta para salir, con el mate como vínculo, y de fondo en la cancha se escucha a otros internos cantar en la capilla: ¡Gloria a Dios!. Es la cárcel, “donde la convivencia se da dentro de una intimidad forzada”.
No hay pase hacia adelante, nadie toma o toca al ocasional rival por encima de la cintura y la ovalada va de mano en mano. “Con el tiempo fueron adquiriendo las leyes del rugby y te puedo asegurar que hay un par que podrían jugar en algún club de la zona sin problemas. Tienen los movimientos y ya manejan a la perfección conceptos del juego”, asegura Heredia, quien luego de la entrada en calor toma los neumáticos que están detrás de una de las H, para complementar el trabajo físico antes del juego.

Tercer tiempo en el Penal N° 2. La hora de las sensaciones y las confesiones.

Entre fintas, regates y alguna que otra polémica en el campo, se va yendo la clase. Transpirados y satisfechos, es la hora del tercer tiempo para los internos, con la guinda como testigo fiel. Sensaciones, confesiones y otro trato diferente de la libertad para cuando llegue el momento.
Aceptan a este cronista en la ronda. Ríen, hacen bromas con los profes y juran “que esperan este momento como ningún otro en la semana. No queremos perdernos ni un minuto. Disfrutamos del deporte y los que nos traen ellos”, dice Juan, con camiseta de Messi y la guinda bajo la suela. “Nos ayuda a despejarnos, a no estar toda la semana encerrado”, agrega Rafael, quien está en el Programa desde el primer día y es poseedor de interesantes movimientos propios del rugby.
“A mí no me gustaba al principio, pero después fui aprendiendo cosas de este deporte que lo hacen distinto al fútbol. Acá, en todos estos años, nunca hubo peleas”, asegura Juan, compañero de celda de Oscar, quien deja una última reflexión destinada a los profes, responsables de romper el cascarón ocioso del Penal.
“Ellos nos transmiten una energía diferente. No nos están vigilando a ver si nos escapamos o no. Vienen a darnos deporte y por un momento dejamos de sentirnos de que somos presos. Los esperamos tanto como una visita y sabemos que siempre nos van a traer una enseñanza”.

«Messi», la guinda y un deseo: ser mejores personas al momento de la libertad.

La reincidencia y el ejemplo de Espartanos

Hoy por hoy no se puede asegurar puntualmente con números oficiales, cuántos de los que hoy forman parte del programa de Rugby Social por la Inclusión en Contexto de Encierro, regresan a la cárcel una vez que obtuvieron la libertad.
“Nosotros estamos en la mitad del Programa. Tenemos una base de datos de todos estos años y trabajamos justamente en este tema : cuántos son los que reinciden. Venimos articulando con Betina Minor, la secretaria de Seguridad provincial, este tema y ver qué tan efectivo es el programa. Lo que si te puedo decir que es bajo aunque lamentablemente nos hemos encontrados con chicos que pasaron por el Rugby Social y a los dos o tres años han reincidido”, reconoce Villalba. Y agrega: Hay una fundación que trabaja desde el 2009 con internos de las cárceles bonaerenses. Se llama Espartanos y ellos sí tienen un porcentaje de reincidencia: es sólo del 5%. Ellos trabajan con pabellones específicos de rugby, una vez a la semana”.


La Fundación Espartanos nació en 2004 gracias a una iniciativa de Eduardo “Coco” Oderigo, abogado penalista, ex jugador de rugby y actual entrenador de Los Espartanos, quien insistió en que a través de los valores del rugby, se podría trabajar de manera favorable en la reinserción de los internos.
En los tres penales donde se desarrolla el Programa, todos los internos que están abocados a la actividad son evaluados cada tres meses. “Este seguimiento sirve para corregirlos, se tienen en cuenta distintos aspectos y principalmente se los escucha. No son uno más. Nosotros no tiramos una pelota en el medio y nos paramos al costado de la cancha a ver qué pasa. Este Programa está destinado a bajar la reincidencia y por ello tratamos de dar un trato diferente a los internos”, agrega Villalba. 

“Que del Penal salga una mejor persona a la que entró”

En ninguno de los años que llevamos trabajando, tanto acá en Roca como en Viedma o Cipolletti, hemos tenido algún tipo de inconvenientes en cuanto a nuestra seguridad. Nosotros creemos y estamos convencidos que en el abordaje integral del interno, hace de que salga una mejor persona de la que entró. Tanto educación, cultura y deporte en este caso, hacen que quién esté privado de su libertad, pase más rápido sus horas de ocio”, asegura Villalba.


“En su momento se vio que la experiencia del rugby en las cárceles era positiva para los internos y se habilitó Viedma. Después fue el turno de Cipolletti. Acá lo importante no es que aprendan a pasar una pelota sino que ellos para nosotros tienen un nombre y una vida para contar. Para nosotros son alumnos y su dedicación hace que se pueda sostener este programa. Su adecuada reinserción es nuestro fin”.


Comentarios

Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.


Gracias y disculpas por las molestias.



Comentar
Exit mobile version