El fútbol “sucio”
opinión
EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES
Julio Grondona defendió la “limpieza” del fútbol argentino. La fecha de este fin de semana, con cinco partidos que se jugarán de modo simultáneo para definir descensos y promociones, según Grondona, es una muestra también de que el sistema del campeonato argentino tiene validez, pues todos deben jugar por algo hasta la última fecha. Este mismo sistema, sin embargo, sirvió en años anteriores para que tanto River y Boca, hoy de capa caída, ganaran títulos en últimos partidos polémicos, por citar sólo los dos que más se recuerdan. En rigor, no debería sorprender que se descubra que en el fútbol argentino, como denunció el ex árbitro Javier Ruiz, se arreglen partidos. Ayer en Italia el ex monje negro del calcio, Luciano Moggi, amenazó con abrir más ventiladores después de que la Federación de ese país lo expulsó de por vida, acusado de arreglar arbitrajes a favor de la Juventus, la célebre “Vieja Señora”. Moggi llegó hasta a comprar celulares con chips suizos a los árbitros, para así evitar eventuales escuchas de la justicia italiana. “¿Quieren la guerra? Hagamos la guerra. Me iré del fútbol cuando yo lo decida, no cuando lo decidan otros”, dijo ayer Moggi, el hombre acusado también hasta de encerrar a un árbitro en el vestuario después de un partido, furioso porque había osado perjudicar a Juventus, a la que él condujo como dirigente en sus tiempos de máxima gloria, cuando ganó quince títulos de 1994 a 2006, con Zinedine Zidane como líder en el campo. La sentencia contra Moggi, por una vieja causa iniciada en 2006, se produjo al mismo tiempo que el fútbol italiano está shockeado por nuevas denuncias de partidos arreglados en combinación con apostadores y jugadores en retiro o en actividad. Algunas de las escuchas judiciales desnudan vínculos y diálogos escalofriantes. “Sabía un mes antes cómo saldrían algunos partidos de Serie A”, se jactó ayer ante el juez Guido Salvini, de Cremona, Marco Pirani, uno de los principales implicados en la trama. Las casas de apuestas, que hoy ponen su publicidad en las páginas de la prensa deportiva y hasta en la camiseta de Real Madrid, se defienden: “los arreglos se hacen sobre los partidos, no sobre las apuestas”, dicen, como si una cosa no estuviera vinculada con la otra. ¿Cómo imaginarse, sino, que un partido de mala muerte en Italia tendría apuestas por 28 millones de euros en el mercado asiático? Alguien avisaba desde Italia y en Asia movían las líneas de apuestas. Ese rol, dicen los implicados, era ejercido por Giuseppe “Beppe” Signori, uno de los goleadores históricos del fútbol italiano. “Los únicos que pueden salvar al fútbol son los futbolistas”, dijo ayer Michel Platini, ex crack francés y actual presidente de la UEFA. No es el caso de Italia. Eso sí, al menos allá la justicia en algún momento actúa y saltan los escándalos. Recuerdo cuando un periodista argentino, en pleno Mundial de Alemania 2006, preguntó al arquero italiano Gianluigi Buffon, su opinión sobre un escándalo que afectaba también en ese momento al calcio y que envió a Juventus a la Serie B. “¿De qué país sos vos? ¿De Argentina? Aaaahhh…”, respondió Buffon.
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