El llamado nacional
Impávido, el PJ recurre a la Nación para resolver sus conflictos. Weretilneck persiste en acciones que desdicen sus afirmaciones.
DE DOMINGO A DOMINGO
El justicialismo conserva esa cualidad imperturbable de sorprender. Armado para exhibir fortaleza y unidad, su Congreso se suspendió y transmutó en una muestra de debilidad, priorizando las pulseadas del senador Miguel Pichetto y el intendente Martín Soria.
El gobernador Alberto Weretilneck ejerce el poder para alterar y condicionar las reglas prefijadas frente a sus planes electorales. Dice preparar las PASO pero, otra vez, sus acciones desdicen sus afirmaciones.
Una movilización del gremialista frutícola y legislador Rubén López desbarató la organización del Congreso del PJ. El gobierno rionegrino estuvo detrás de esa marcha partidaria. Tanto fue el apuro de la Secretaría General en estructurar esa presencia peronista en Viedma que condicionó luego la estrategia del sector, conformado por una minoría de los consejeros. «¿Qué vamos a debatir si vamos o no vamos, si ya contratamos micros para llevar gente?», advirtió un dirigente cuando viajaba a Choele Choel para ver qué se hacía. Aun así, el vicegobernador Pedro Pesatti lideró la postura reacia a concurrir. Un consejero sureño insinuó que le faltaba coraje. «Yo llamo a Pichetto y salgo aplaudido», respondió Pesatti y volvió con su aviso de que sus fronteras no son tales.
Las rencillas en ese peronismo pasaron desapercibidas, ya que el fallido Congreso reabrió el desgarro en la relación de Pichetto y Soria. Todo ocurrió después de la postergación. Habían acordado la nueva conducción, la conformación de las comisiones y los representantes al Congreso nacional. Este reparto de ambos no preveía espacio para el PJ albertista pero sí contenía otras divisiones, como el camporista Martín Doñate.
¿Cómo aquella coincidencia terminó en quebranto? El desgaste de la postergación reabrió recelos y sospechas. El senador se enfureció porque supo que Soria lo excoriaba con críticas por la suspensión, que habían compartido. Era una erosión más. El senador revalidó sucesos o dichos que ya había minimizado. Supo que la marcha oficial al Congreso incluía a mercantiles de Roca, bien ligados a Luis Campos, cercano al intendente.
Esas deducciones derivaron en evaluaciones incorrectas, como que el vínculo del roquense y el ministro Ricardo Arroyo proyectaba un entendimiento electoral. Error de percepción. Algo está en claro. Soria marcha por el mundo con el empeño puesto en evitar que Weretilneck siga mandando en Río Negro.
Con sus razones, Pichetto aceleró el proceso en el PJ, lanzándose a imponer su candidatura a gobernador. Ese desenfreno derivó en reproches, sin mirar a quién. Reclamó respaldo a sus intendentes, históricamente alineados, y al justicialismo nacional. Ese desarrollo fue curioso porque el senador se ubicó en un lugar de endeblez y de minoría cuando es innegable su mayoría, en todo sentido.
«Martín (Soria) lo va a respetar cuando advierta conducción», interpretó, con razón, un dirigente del PJ. Ciertamente, el roquense no convalidó esa primacía. Esa demanda también se anida entre los suyos, más allá de la autoridad y respeto que le profesan.
Otra manifiesta fragilidad la conformó su pedido de una intervención al partido para el ordenamiento justicialista. Pichetto -acompañado por el diputado Jorge Cejas y el legislador Ariel Rivero- habló de la situación del PJ con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, evaluándose que ese control federal simplificaría todo trámite y candidaturas para conformar una alternativa contra Weretilneck, candidato del Frente Renovador.
El jueves, en el Alto Valle, el senador introdujo otra variante: internas para «febrero o marzo», descontando que no habrá PASO. Pavor municipal. «Weretilneck -con sus peronistas- alentará listas en cada pueblo», alertó un afectado. Vuelve la opción de la intervención. Si, en definitiva, no hay Congreso, entonces no hay órgano elector para resolver postulaciones de consenso.
Parte del futuro se develará entre martes o miércoles cuando Capitanich y Juan Carlos «Chueco» Mazzón reúnan a Pichetto y Soria en Buenos Aires. El operador K tiene su guía política: es el tiempo del senador y el roquense puede esperar, previo un acuerdo donde confluyan y se priorice derrotar a Weretilneck. ¿Será tan sencillo lo de Casa Rosada? Difícil. Se descifra sí que el intendente tiene un parámetro para su eventual integración. «En el 2007, Pichetto cedió la mitad de los legisladores a (Julio) Arriaga (su candidato a vice). Lo mío no puede ser menos que eso», esbozó en su círculo. En realidad, ese año la lista Pichetto-Arriaga derivó en el bloque arriaguista Encuentro, con ocho parlamentarios, entre ellos el hoy operador albertista Facundo López, el jefe policial Fabián Gatti, el diputado Luis Bardeggia y la legisladora Beatriz Contreras. Una ojeada a la historia reciente.
La intendenta María Eugenia Martini sumará presión interna. «No participaré si no hay acuerdo», les adelantó. Ya lo sabe Soria y ayer se lo habría dicho a Pichetto. Además, la barilochense cree que el proceso del PJ no puede pendular entre esas mudables personalidades. Propone una comisión otorgando efectivo protagonismo a otros referentes, como el sanantoniense Javier Iud, el reginense Luis Albrieu, ella misma, entre otros.
Weretilneck disfruta el dislate ajeno, a pesar de los yerros propios. Sigue buscando el vericueto que le permita explicar por qué no ir a las PASO. El último recurso será recurrir a su suspensión por un proyecto de ley. Requiere, para eso, un estado de irresolución para su aplicación. Empezó a liberarse de su gestación y así facilitar su erradicación.
Esta semana habrá un primer plano del calendario escolar. Los municipios deberán correr sus comicios programados inicialmente para el 26 de abril. Ocurre que el decreto plantearía dos turnos locales con servicio electoral de la provincia: el 3 de mayo y el 27 de septiembre.
Los intendentes radicales ya saben de esa nueva fecha. Se sumarán gobiernos justicialistas para contrarrestar el impacto electoral de los comicios radicales. Por ejemplo lo hará Choele Choel y, seguramente, Villa Regina.
«Septiembre es una buena fecha» para votar en Río Negro, declaró el jueves. No tiene la fecha pero, igual, a ese relato lo contradicen otros dichos suyos. Sus funcionarios no creen en «septiembre» y se basan en dichos de Weretilneck. Obviamente, no se difundió en la gacetilla oficial pero, cuando los reunió el miércoles para arengar cómo usar los fondos petroleros, el gobernador los intimó con un plazo máximo para que los equipamientos y vehículos a comprar estuvieran para mostrarse y las obras se expusieran con sus contratos. ¿Qué fecha impuso? Junio. Sus operadores ubican la elección para el 28 de junio. Nada de casualidad.
Ese despliegue de entregas y actos de firmas de mayo y junio serán su campaña. Hay un alto riesgo si no hay avalancha de concreciones. ¿Cómo explicar que no hay realizaciones cuando ya se sabe de un fuerte atesoramiento de recursos? La actual bonanza de millones podría mutar en alto costo político.
Weretilneck necesita de la propulsión estatal para apuntalar su candidatura. Sus encuestas de Fernando Miodosky le otorgan una mínima ventaja pero evidencian que su sola presencia poco más puede hacer. Hay que complementarla con el gobierno u otras candidaturas.
Vale detenerse en otro sondeo. Válido porque no procede de usinas rionegrinas. En el búnker del Pro existe un relevamiento de Río Negro realizado por el equipo de Jaime Durán Barba durante la primera quincena de diciembre. Se consultó a 1.150 electores potenciales (se estima un error del 2,5%) entre Bariloche, Roca, Cipolletti, Viedma, Regina, El Bolsón y Allen.
Cualquier escenario ubica primero al candidato del PJ. Pichetto logra un 37,8% frente a 23,2% del primer mandatario y 22,3% de Magdalena Odarda. Otro plano: Soria suma 38,9% ante 23,2% del gobernador y 23,1 % de Odarda.
No hay radicales en la disputa. Eso lo repite Weretilneck. Detecta peligro si Odarda se afianza porque disputarán el mismo electorado. Por eso, el cipoleño busca desalentar a la senadora de esa travesía. Ella insinúa su lanzamiento pero todavía tiene que demostrar su efectiva convicción de participar. Por ahora, se expone más cómoda en su rol en el Senado. Radica allí otra vacilación de los tantos interrogantes que aún tiene este año electoral.
Adrián pecollo
adrianpecollo@rionegro.com.ar
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