El Maestro tomó la posta de «Willy»

Redacción

Por Redacción

La Davis fue siempre uno de los grandes objetivos del tenis argentino, pero lo más lejos que llegó fue una final, en 1981, cuando perdió como visitante ante Estados Unidos. Tres veces los sudamericanos llegaron hasta las semis, en 1977, 1990 y 2004 y recién, 25 años después de aquella derrota en Cincinatti, una nueva generación vuelve a colocar al país en el lugar soñado.

En el equipo ya no está Guillermo Vilas, la figura rutilante que apareció en la década de 1970 y hasta hoy es considerado el mejor tenista de la historia en Argentina, por su campaña memorable en la que tuvo como compañeros, en otros, a José Luis Clerc. Ahora son otros los nombres y David Nalbandian surge como el gran protagonista.

Esta posibilidad de ganar la Davis, paradójicamente, llega en momentos que la mayoría de los tenistas argentinos, salvo el Maestro, atraviesa una etapa de declive o de rendimientos irregulares y discontinuos, cuando no francas caídas como la de Guillermo Coria, que hace apenas un año era top ten y ahora ocupa el puesto 83 del ranking.

Otros top ten de no hace mucho tiempo fueron Gastón Gaudio, que quedó fuera del equipo por su rendimiento inconstante, mientras que a Guillermo Cañas y Mariano Puerta, los «derribó» el doping.

El capitán de Argentina, el capitán Alberto Mancini, apostó entonces por José Acasuso, Agustín Calleri y Juan Ignacio Chela.

Les tocó a los dos primeros sellar la serie entre viernes y sábado y cumplieron con la confianza y la expectativa que se había depositado en ellos.

«Este es un trabajo de equipo y la victoria es consecuencia del gran trabajo que venimos haciendo desde el año pasado», resumió hoy Nalbandian, en medio de los festejos. Ahora ya piensan en la final. «Queremos ganar, como siempre» sentenció Nalbandian.


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