El mejor regalo para papá

SEBASTIÁN FONSECA*


Quizá este día sea una excelente oportunidad para preguntarnos qué significa la paternidad y cuánto podemos aprender involucrándonos desde otra perspectiva.


Como cada año, el tercer domingo de junio se promueve en términos comerciales el Día del Padre y es, al mismo tiempo, una excelente oportunidad para reflexionar acerca de los cambios sociales y culturales por los que transita la idea de paternidad.

Estos cambios ocurren en un momento en el cual los imaginarios colectivos tienen, en términos muy generales, dos modelos para reproducir los roles de la masculinidad: el tradicional, fundamentado con estereotipos en los que el autoritarismo representa la esencia de la paternidad; y otro que refleja la transformación cultural y, por tanto, las tendencias hacia una nueva identidad masculina.

Desde hace unos años se ha vuelto más frecuente ver padres jugando con sus peques en una plaza o recorriendo las góndolas de un supermercado, pero aunque esto sea algo que vemos con frecuencia no significa que la mayoría se comporte así. De hecho, según la última Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo (Indec, 2013) los datos indican que a la hora de las tareas relacionadas con la reproducción de la vida social los varones seguimos enfrascados en el modelo tradicional.

En efecto, en Argentina las mujeres dedican tres veces más tiempo que los varones a esas tareas no remuneradas (quehaceres domésticos, apoyo escolar, cuidado de personas) que hacen que la sociedad funcione. Pero hay más, otros estudios, como la prestigiosa encuesta Images, indican que los padres que se involucran en estas tareas lo hacen en términos selectivos, es decir, están presentes para jugar y no para cocinar, cambian pañales de pis pero no de caca, leen un cuento pero no limpian el baño, y una larga lista que muchos de los encuestados mencionan como “ayudar” o “colaborar”.

Según Rafael Montesinos, doctor en Antropología, la nueva paternidad se relaciona con el surgimiento de una masculinidad que reconoce a la contraparte, la feminidad, como un igual y asume que los compromisos de la pareja, fuera de la reproducción biológica, se comparten de manera igualitaria. Así, la nueva paternidad, como expresión de una masculinidad emergente, representaría la capacidad crítica a los modelos tradicionales de los géneros, cuya esencia permite concentrar el poder en la figura masculina.

Así las cosas, pensar en nuevas paternidades implica, necesariamente, pensar en plural, hacer el intento de desarmar la manera en que entendemos tanto el ejercicio del poder como la representación de la autoridad. Implica también dejar de educar de manera diferenciada según el sexo de los hijos, ya que socialmente será más relevante el trato que dispensará a otras personas que la manera en que utilizará su genitalidad.

Francisco Aguayo, consultor e investigador en masculinidades y género, señala que los varones no solamente tienden a sobrestimar su participación en las tareas domésticas, sino que además están convencidos de que lo poco que hacen es más de lo que les correspondería.

También señala este investigador que el ejercicio de la paternidad tiene una estrecha vinculación con el tipo de relación de la pareja, por lo que es necesario crear un ambiente familiar basado en la afectividad y el respeto por los demás. Es lo que se conoce como corresponsabilidad: compartir las tareas de manera igualitaria. La corresponsabilidad es un largo camino y no depende solamente de la buena voluntad de los sujetos, sino que debe estar apuntalada desde políticas públicas que faciliten y estimulen este proceso de cambio.

Aunque todavía no se haga del todo visible en las estadísticas, el modelo de masculinidad tradicional está en entredicho. Por mencionar algunos ejemplos, son muy pocos los varones jóvenes que hoy se reconocerían dentro del modelo tradicional (al menos desde lo discursivo nadie quiere ser señalado como machirulo), cada vez menos personas se ríen de un chiste misógino y son cada vez más frecuentes los varones que se involucran en tareas relacionadas al cuidado, es decir, no remuneradas. Parece que el modelo de masculinidad tradicional tambalea, que encuentra cada vez menos asideros de los que aferrarse. En este desconcierto patriarcal, donde otras sensibilidades van aflorando y abren camino a la pluralidad, no puede permanecer inmóvil la idea de paternidad tradicional, que no es otra cosa que un modo de manifestación de la masculinidad tradicional.

¿Qué tan lejos estamos de dejar atrás el rol de ese adulto que busca el respeto sembrando el miedo, para convertirnos en alguien que acompaña, que expresa sus sentimientos y emociones, que busca resolver conflictos sin aplicar la violencia?

Quizá este día del padre sea una excelente oportunidad para preguntarnos qué significa la paternidad y cuánto podemos aprender involucrándonos desde otra perspectiva. Quizá sea el momento para dejar de pensar en términos de roles (que no son más que mandatos) y darle la oportunidad a la escucha atenta y la no represión para que sean estos los modos de relación que establecemos con nuestros afectos.

*Sociólogo, docente y escritor. Integrante del Centro de Estudios de Masculinidades de la UNCo


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