El mercado laboral y las brechas de género

La inserción laboral femenina sigue encontrando escollos infranqueables debido a estereotipos sociales, y diferencias educativas, geográficas y de ingresos.



Una aproximación intuitiva al mercado de trabajo, permite advertir a priori que los estereotipos, las tradiciones, los roles culturales profundamente arraigados, y notables diferencias en relación a los ingresos y el nivel de estudio, son algunos de los escollos que aun en estos días, ponen a la mujer en inferioridad de condiciones respecto a los hombres al momento de su inserción laboral.
Diferentes estudios, demuestran que a lo largo de la historia, la participación de la mujer en el mercado de trabajo ha sido mayor en épocas signadas por el predominio de la economía agrícola, que se redujo durante la primera industrialización en el Siglo XIX, y que despertó hasta alcanzar su esplendor en la posguerra de mediados del Siglo XX. Pese a ello, los últimos datos dados a conocer por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), revelan que la participación laboral femenina en el Siglo XXI sigue siendo ostensiblemente menor a la masculina: a nivel global, solo el 48,5% de las mujeres participa del mercado de trabajo, versus el 75% de los hombres.


Un reciente estudio titulado “El género del trabajo”, elaborado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), con el apoyo de la OIT y la ONU, explica pormenorizadamente el caso argentino y brinda detalles respecto a las barreras aun presentes para la participación laboral femenina. El paper especifica que en nuestro país la década del ‘60 marcó un punto de inflexión en la tasa de actividad femenina, la cual pasó del 35% a mediados de los años ‘70 al 55% en el año 2003, amesetándose en torno al 56% durante los últimos diez años. Al establecer las causas de tal dinámica, el informe explica que existió una primera etapa “fácil” en términos de políticas públicas, en las cuales se verifica el descenso de la fecundidad, una sensible mejora en el nivel educativo de las mujeres, y al mismo tiempo se produjo un cambio en la composición de la estructura familiar, con un incremento en la tasa de separaciones y divorcios, que coincidió con una caída en el ingreso promedio de los ingresos en los hogares, producto de la precarización laboral masculina durante los ‘90. Todo ello configuró un escenario propicio para la inclusión de la mujer en el mercado laboral. El estancamiento presente en los niveles de participación femenina, responde en cambio al emergente de una etapa “difícil” en relación a las políticas públicas, donde los principales obstáculos son el rol de la mujer hacia el seno de la familia, la estratificación socioeconómica en el acceso a diversos derechos, y los vaivenes económicos que generan largos lapsos de recesión, que a su vez habilitan la persistencia de la discriminación en el acceso al mercado laboral.

La brecha de acceso
Para comprender las estadísticas laborales, hay dos indicadores clave. El primero es la tasa de actividad, que contabiliza la proporción de mujeres que participa del mercado laboral, ya sea trabajando efectivamente, o manifestando su voluntad de hacerlo. El segundo es la tasa de empleo, que revela la proporción de mujeres que teniendo voluntad de participar en el mercado laboral, logran insertarse exitosamente accediendo a un empleo.
Respecto a la tasa de actividad, los últimos datos publicados por Indec, muestran que en Argentina el 62% de las mujeres participa del mercado laboral. El dato implica una brecha del 19% con los varones, donde la participación asciende al 81%.
Al analizar la tasa de empleo, resulta en cambio que del total de las mujeres de entre 16 y 59 años que desea insertarse laboralmente, solo el 55% lo logra, mientras que la misma proporción asciende al 75% entre los varones de la misma edad.
El estudio de Cippec, señala cinco factores que generan dicha configuración, y sostienen la brecha de acceso al trabajo.
El primero de ellos es el rol social que tradicionalmente ocupa la mujer en el seno de la familia, en relación al cuidado. Las tareas domésticas no remuneradas y la atención de los hijos, dejan afuera del mercado de trabajo a una importante porción de las mujeres, especialmente a las menores de 24 años. La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que realiza el Indec, incluye un acápite referido al uso del tiempo. De allí surge una categoría de personas de entre 18 y 24 años denominada “ninini”, dado que ni estudian, ni trabajan, ni buscan trabajo. La EPH revela que el 77% de los jóvenes “ninini” son mujeres, y que de ellas, el 89% realiza tareas domésticas no remuneradas. Las tareas de cuidado, siguen siendo hoy en Argentina, una de las principales barreras para el acceso de las mujeres jóvenes al trabajo.
Un segundo factor, refiere a la zona geográfica. La EPH revela que las mujeres tienen una participación mayor en el mercado laboral en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el conurbano, donde la brecha de participación entre mujeres y varones es de solo 9%, mientras que la inserción femenina se reduce notablemente en el interior del país. La brecha de participación laboral se amplía hasta el 20% en el NOA, el 21% en la Patagonia, y el 23% en el NEA.
El tercer elemento es el nivel de estudios. El acceso al mercado laboral se incrementa, a medida que crece el nivel de capacitación. Así, la brecha de acceso asciende al 30% entre mujeres y varones con secundario incompleto, se reduce al 21% entre quienes tienen secundario completo o estudios superiores incompletos, y llega solo al 7% entre quienes cuentan con estudios superiores y/o de posgrado.


El cuarto factor, es el nivel de ingresos. Los datos muestran que existe una probada correlación directa entre nivel de ingresos y tasa de empleo entre las mujeres. El primer gráfico que acompaña la nota, divide el universo de mujeres y varones en deciles de ingresos, siendo “D1” el 10% de menores ingresos y “D10” el de mayores ingresos. Con claridad se advierte que entre los varones, la inserción laboral promedio oscila en torno al 75%. Entre las mujeres en cambio, a medida que crecen los ingresos, mejora notablemente el grado de acceso al mercado laboral. La línea negra muestra asimismo, cómo a medida que mejora el nivel de ingresos, se reduce notablemente la brecha de acceso entre mujeres y varones.
Un último aspecto determinante, es la segmentación. Los estudios indican que existe lo que se denomina “paredes de cristal” en las trayectorias laborales femeninas. Significa que mientras ciertos rubros productivos están altamente “feminizados”, existen otros sectores económicos que están culturalmente vedados a la participación de la mujer. Sucede por ejemplo que en el trabajo doméstico la proporción de mujeres llega al 97%, en educación al 75% y en salud al 69%. En cambio, en sectores como la construcción, la inserción de las mujeres llega solo al 3%, en transporte al 13%, y en industria al 30%.

Brecha de ingresos
La brecha de ingresos se define como la diferencia entre el salario de mujeres y varones, en proporción al salario de los varones. La distancia sobresale cuando existen distintas remuneraciones para una misma tarea, y tal diferencia se sustenta solo en una cuestión de género, lo que constituye una barrera lisa y llanamente discriminatoria. Según la forma en que se calcule y el sector puntual del que se trate, esta brecha oscila hoy en Argentina entre el 24% y el 35%.


No obstante, el estudio de Cippec señala la importancia de abordar la brecha de ingresos, no como un problema en sí mismo, sino como el síntoma que deja a la vista otros determinantes de la exclusión de la mujer.
Siguiendo ese razonamiento, resulta que en los sectores con mayor participación femenina (trabajo doméstico, salud o educación) los ingresos promedio son sensiblemente menores a los sectores de alta participación masculina (Construcción, transporte, industria). Se configura entonces una correlación negativa entre proporción de mujeres y salario promedio del sector productivo. Esa relación queda a la vista en el segundo gráfico que acompaña la nota.
Un segundo emergente en este aspecto, surge de la EPH, y refiere que las mujeres dedican en promedio 6,4 horas diarias al trabajo doméstico no remunerado, mientras los varones solo dedican 3,4 horas. Asimismo, las mujeres dedican 7,4 horas diarias al mercado de trabajo, mientras que los varones dedican 9,3 horas. Si se agregan las horas totales de trabajo diario promedio, las mujeres trabajan 13,8 horas al día, y los varones 12,7. Sin embargo, las mujeres reciben remuneración por una proporción mucho menor de horas.
El avance alcanzado por las mujeres en relación a derechos y realización personal, es más que visible. En relación al mercado de trabajo no obstante, es evidente que resta aun mucho camino por recorrer en materia cultural, social y de políticas públicas, si lo que se persigue es la igualdad de oportunidades.

En números

35%
La brecha máxima de ingresos entre mujeres y varones en la Argentina. El mínimo llega al 24%.
77%
De los jóvenes que ni trabajan, ni estudian, ni buscan trabajo, son mujeres. De ese total, el 89% realiza tareas domésticas no remuneradas.

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