El momento tan temido
Decía Warren Buffet que “sólo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo”. Aludía así el célebre inversionista norteamericano a lo que ocurriría cuando llegara a su fin el boom de los commodities y la Reserva Federal de Estados Unidos dejara de inyectar, mediante la compra de bonos del Tesoro, cantidades fenomenales de dólares no sólo en los mercados financieros de su propio país sino también en los del resto del planeta. Pues bien, parecería que en adelante los precios de los commodities, sobre todo del petróleo, serán menores que en los años últimos, mientras que la presidenta de la Fed, Janet Yellen, ha anunciado la suspensión del programa de “facilitación cuantitativa”, o paquetes de estímulo monetario, que se adoptó en el 2008 cuando la economía estadounidense, seguida por muchas otras, corría el riesgo de caer en una depresión que según los pesimistas sería comparable con la de casi ochenta años antes. La reducción draconiana de las tasas de interés en Estados Unidos, además de Europa y el Japón, sirvió para hacer más atractivas las posibilidades brindadas por países emergentes en que, por una cuestión de riesgo, las tasas eran más altas. Los gobiernos de algunos países lograron aprovechar la oportunidad para construir obras de infraestructura necesarias e invertir en proyectos que resultarían sostenibles en el tiempo. Otros, los que “nadaban desnudos”, optaron por concentrarse en repartir beneficios sociales sin preguntarse si sería posible mantenerlos en circunstancias menos favorables; apostaron a que los buenos tiempos seguirían indefinidamente, lo que, como suele ser el caso, resultó un error. Aunque la Argentina pudo sacar provecho del “viento de cola” proporcionado por el aumento del precio de la soja y otros productos agrícolas, no la ayudó directamente el diluvio de liquidez que inundó al resto del mundo emergente porque, a partir del 2001, ha permanecido aislada de los mercados financieros internacionales. Con todo, la decisión reciente de la Fed le causará problemas porque entre los golpeados estará su socio principal, Brasil, que ya se encontraba en dificultades y ahora se enfrenta al peligro de que muchos inversores comiencen a retirarse. Otros países cuyos gobernantes y empresarios tienen motivos para preocuparse son Sudáfrica, Nigeria. Turquía y Rusia, a diferencia de los de Asia oriental, en especial Corea del Sur, los que de acuerdo común usaron el dinero fácil para prepararse para afrontar etapas mucho más exigentes. Es que, como siempre han entendido los surcoreanos y otros de cultura parecida, desarrollarse requiere un sinfín de cambios difíciles, ya que supone depender cada vez menos del precio de materias primas o la fabricación de bienes de consumo poco sofisticados y cada vez más de la inteligencia e inventiva de la población, de ahí la importancia fundamental de la educación. Si bien en el corto plazo la crisis financiera y económica de la locomotora mundial, Estados Unidos, resultó ser beneficiosa para muchos países, demasiados gobiernos cayeron en la tentación de tomarla por evidencia de que el “modelo” norteamericano ya no servía y que por lo tanto había llegado la hora de reemplazarlo por el chino, cuando no, según los políticos locales, por el argentino, brasileño, venezolano, ruso o turco. Se trataba de fantasías para el consumo interno, claro está. Si bien el “modelo” norteamericano tiene muchas deficiencias, en términos generales sigue siendo mejor, y decididamente más productivo, que las presuntas alternativas. En la actualidad, está creciendo a una velocidad mayor que la alcanzada por las economías de emergentes como Brasil, Rusia, Sudáfrica y, es innecesario decirlo, la Argentina, además de los países de la Eurozona, razón por la cual la Fed decidió declarar terminada la era de dinero baratísimo. Antes de la debacle financiera del 2008, se suponía que una recesión en Estados Unidos repercutiría de forma muy negativa en el resto del mundo, pero tanto ha cambiado últimamente que se teme que la presunta recuperación de la economía de la superpotencia tenga consecuencias adversas para todos, salvo para aquellos países, como Corea del Sur, el Japón, los europeos y, tal vez, China, que podrían ver aumentar sus exportaciones de bienes de consumo de calidad.
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