El natalicio de Ceferino





Roca

En Chimpay todos los años se renueva el milagro de la fe. Un 26 de agosto nació un hermano de la tierra que nos unió más al cielo con su espíritu sensible y virtuoso. El hoy beato trascendió culturas para convertirse en una cuestión de fe, porque nos enseñó que la creencia es algo tangible y real. Miles de profesantes y peregrinos se inclinan reverentes ante las virtudes del profeta araucano, que trastocó la fuerza y el coraje de su raza en una permanente entrega a los demás.

Su veneración no distingue clases sociales, ni edades, ni formación, ni cultura, como queriendo asumir el rol de cacique espiritual del hombre hacia Dios. Es un puente entre la desesperanza y la alegría.

La vocación y la fortaleza espiritual con la que entregó su corta vida hace que se instale en el corazón de más seguidores. De los suyos nació y ahora descansa junto a ellos como signo de una hermandad que debe ser definitiva y auténtica. Por él, su obra y su mensaje celebramos hoy en su natalicio convocados a transitar el camino que nos lleva a Cristo.

Carlos Oscar Hernalz

DNI 7.399.269


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