El niño de los dinos que se convirtió en guardián del museo de Roca

Creció en un hogar humilde, con su habitación llena de láminas de dinosaurios. Desde los 12 años es voluntario en el museo, estudia Paleontología y quiere ser científico.



Franco en el laboratorio: prepara el material que luego interpretarán los paleontólogos

“Disculpen si hablo mucho. Es que cuando me entusiasmo no paro”, explica el joven estudiante de Palentología. Eso es lo suelta mientras realiza el guiado por los pasillos y va describiendo el contenido de todas las vitrinas que se exhiben en el Museo Patagónico de Ciencias Naturales de General Roca.

Minutos antes, y en el laboratorio, se lo vio con pincel en una mano y un pequeño torno en la otra. Hizo una demostración sobre cómo se limpia una bocha de material con yeso y tierra que trajeron los técnicos del campo. Fue en un minucioso paso a paso, hasta que quedó a la vista el pequeño hueso de un lagarto prehistórico.

Franco Migliaro se desempeña como voluntario en el museo, tiene 23 años y es un apasionado en el estudio de los animales prehistóricos. Su infancia la vivió rodeado de todo tipo de dinosaurios que parecían querer saltar desde los posters, láminas y juguetes que colgaba en su habitación.

Fanático de Jurassic Park, vio casi todas las películas de dinos, documentales de la National Geographic, Discovery e History Chanell. En la biblioteca popular lo recuerdan como el chico que no paraba de sacar videos sobre el tema.

En el 2008, ya en séptimo grado, Franco se subió a las redes sociales y comenzó a emitir toda la información que le gustaba por sus cuentas de Facebook y Twitter. Creó un blog, pero tuvo un pequeño problema que se transformó en “la oportunidad”.

Como reposteaba toda la info del museo de Roca y añadía comentarios originales y bien dateados, su página parecía ser la oficial de la institución. Entonces, desde el museo lo citaron con un mensaje en el contacto mismo de la página. Grande fue la sorpresa cuando se encontraron con un niño de 12 años, de aspecto tímido, muy instruido y locuaz. Por un lado, y de buen modo, le pidieron que “redefiniera” el concepto del blog porque se superponía. Luego le enseñaron todas las actividades que allí se realizan y le ofrecieron sumarse como voluntario. Franco no lo podía creer, era parte de su sueño.

“Que me reciban en el museo y a esa edad significó muchísimo, me sacudió. Pasé de la fantasía a lo real. Tener todo el material disponible ahí, tocarlo…”, describe con emoción a Río Negro.

“El paleontólogo es un poco un biólogo frustrado. Querés estudiar como seres vivos animales que no están. Lo único que hay es un fósil”.

Franco Migliaro, voluntario del Museo de Ciencias Naturales

Su familia -padre mozo y madre empleada doméstica-, los maestros de la escuela y los amigos coincidieron en algo: el destino de Franco no podía ser otro que el de un paleontólogo. Y lo estimularon a seguir por ese camino , pese a que su situación económica no era propicia.

En 2010 se termina de completar el sueño del niño de los dinos. Cuando su papá lo fue a buscar al colegio, lo notó muy contento. Le contó que se había creado la carrera de Paleontología en Roca, en la Universidad Nacional de Río Negro. Ya no habría que juntar fondos para poder ir a estudiar a Buenos Aires.

Franco tiene hoy más de la mitad de las materias aprobadas. Cree que en dos años termina Paleontología y se dedicará a la investigación científica.

Sueña con acceder a una beca, pero ahora es tiempo de agradecer. Lo primero es su familia y todos lo que lo ayudaron. “Por momentos sentí que aspiraba a algo a lo que no iba a poder. Ahora veo que puedo tener la vida que soñaba”, cierra con su voz pausada y aguda.


El perfil de los “Paleosoñadores”

El guía. Una de las múltiples actividades de Franco en el museo.

“Los que estudiamos paleontología o los que ya son profesionales en esto, somos todos grandes soñadores, como unos niños grandes” explica Franco, que convive con ellos en las aulas o en las salida de campo, en busca de todo tipo de fósiles.

Tiene su gorra de cuero negro en la mano porque ahora está dentro del museo, haciendo un trabajo de guía. Pero le gusta lucirla cuando camina rumbo a sus clases en la universidad.

Dice que los estudiantes de paleontología no visten a la moda, sino que usan más bien ropa tradicional. Pero si destaca una característica bien definida: los hombres siempre llevan barba.

También -y aquí suma a sus compañeras mujeres- gustan mucho de la cerveza. “Somos gente concentrada pero con mucho humor”, concluye.


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